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jueves, 14 de agosto de 2025

La cultura cristiana en la Alta Edad Media (S. IV-VII)

A partir del Siglo IV y durante la Edad Media, va a desarrollarse la creación de un corpus cultural cristiano. Impulsado por los miembros intelectuales de la Iglesia, que estaban repartidos entre los diferentes monasterios de Europa, lugares donde se refugió el saber durante estos siglos.

Se genera entre estos monasterios una disputa sobre la idoneidad de aceptar o rechazar la filosofía grecorromana, ya que si bien desconocía la revelación de Dios, si había sido la base del pensamiento de los Padres de la Iglesia. Nace así una nueva concepción del mundo y del hombre, que estaba en contradicción con la filosofía clásica anterior. Por ello, intentan armonizar el pensamiento de los humanistas paganos con la fe cristiana.

Para lograr este objetivo se van a apoyar en tres postulados principales:

1.     Hace falta una lengua común para desarrollar y transmitir el pensamiento nuevo, para eso se escoge el latín. Pero esto traerá como consecuencia un mayor distanciamiento entre Oriente, que conserva el griego, y Occidente. Además conforme las fronteras del imperio de occidente se van estrechando, la lengua latina fue perdiendo terreno de expansión, quedando relegada a las fronteras del cada vez más maltrecho imperio romano de occidente. De manera que se forzó al desarrollo de una lengua hablada que se iba fragmentando en lenguas particulares, con la propia fragmentación política. Se genera a su vez un enciclopedismo latino.

2.     Se eligen unos centros donde poder guardar y enseñar esta nueva cultura, los monasterios. Los monasterios serán el lugar de encuentro con la cultura y la educación, especialmente a partir del siglo VI cuando se produce un abandono de las ciudades y, por ende, de las escuelas urbanas. Esto causó que el monopolio de la educación se centrara en las escuelas episcopales y, generalmente, en los monasterios. Con la particularidad de que estos centros estaba destinado a clérigos, con una finalidad misionera y no buscaban una gran preparación para anunciar el mensaje cristiano. Además, aunque no negaban la cultura clásica, la secundaron al estudio de la Biblia y de la Patrística, que consideraban más importante.

3.     Se va a generar un diseño curricular y una selección de materiales básicos para aprender esta nueva cultura. Este modo de estudio consistirá en el desarrollo del Trívium (gramática, retórica y dialéctica) y el Quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). De estas disciplinas la gramática se centraba en la sintaxis y la morfología de las palabras; mientras que la retórica se centró en prácticas pastorales. Las otras materias se conservaron, tomando citas de los clásicos al servicio de la retórica pastoral.

Todas estas innovaciones y propuestas culturales van a fraguar el corpus cultural cristiano entre los siglos IV al VII apoyado por autores como Boecio, Gregorio Magno, Isidoro de Sevilla, entre otros. Prolongándose su influencia, hasta la recepción del aristotelismo ya en el Siglo XII.

jueves, 11 de febrero de 2021

Comentario a la Carta de Aristeas

(Se puede consultar el texto online en el siguiente enlace: http://www.traduccionliteraria.org/1611/esc/biblia/aristeas.htm)

En el presente estudio me dispongo a redactar un comentario crítico sobre un escrito que se ha venido a conocer como la Carta de Aristeas, y el cual va a arrojar luz sobre la redacción de la Biblia septuaginta o de los setenta (en adelante LXX), como se la conoce popularmente.

La carta aparece escrita por un tal Aristeas, y va dirigida a su hermano Filócrates, con la finalidad de comentarle a éste cómo se redactó la Biblia de los LXX, y justificar a su vez una serie de acciones reales que acontecieron a esta traducción. Tales como los regalos del monarca egipcio al Templo de Jerusalén, la liberación de los esclavos, los discursos alabando a Dios, etc.

Flavio Josefo es el primer autor que en su obra cita este escrito. Pero él lo hace con el nominativo “libro” de Aristeas. Otros autores que también recurrirán a citar la presente obra la presentarán de distintos nombres. Solo a partir de un manuscrito del siglo XIV se comienza a nominar este escrito como “carta” de Aristeas. Pues con anterioridad aunque está escrita en forma de carta, se sabe que es un método escriturístico antiguo el dotar a un escrito de la apariencia de carta, pero que su contenido es más rico y extenso que el solo estilo epistolar.

En cuanto a la autoría del texto, cabe señalar que el supuesto Aristeas se presenta a sí mismo como un funcionario real, de educación griega, perteneciente a la corte de Tolomeo II. Pero cuando se realiza un análisis pormenorizado del escrito, rápidamente se observa que el auténtico autor debió de ser un judío alejandrino que no es contemporáneo a los hechos que narra; puesto que comete ciertas imperfecciones a la hora de comentar la historia: como afirmar que el Bibliotecario real es Demetrio de Falerón, cuando este fue expulsado por Tolomeo al comienzo de su reinado; o exaltar como triunfo una de las batallas en las que perdió el ejército egipcio.

La fecha de redacción, nos entraña por su parte una complicación mayor. Así como la naturaleza del autor se intuye por sus comentarios en el propio escrito, la fecha queda más abierta a discusión. La mayoría de los especialistas han creado un abanico de posibles fechas de redacción que irían del s. III a.c. al II d.c. Aunque una de las apuestas más grandes que se está estudiando en los últimos años, sería afirmar que se debió de escribir en torno a la década del 127 al 118 a.c., respondiendo a la descripción y relaciones que presenta entre el Rey de Egipto y el Templo de Jerusalén.

En cuanto al género literario, como ya he indicado anteriormente, aunque pueda parecer una carta, no pertenece solo al género epistolar. De hecho es un escrito que está formado por supuestas transcripciones de cartas entre el Rey y el Sacerdote del Templo, hay transliteración de decretos, diálogos entre el Rey y los Sabios, listas de objetos e incluso un pequeño tratado teológico que defiende normas judías. Aunque todos estos géneros se recojan en forma de una carta dirigida al supuesto Filócrates.

En cuanto a la finalidad del escrito, son varios los que pretende alcanzar. El principal de ellos es justificar el valor y la importancia de la traducción de la Ley judía al griego, algo que podría parecer desaconsejable a ojos de los judíos más cumplidores que seguían viviendo en Palestina, mientras que esta traducción sería utilizada por los judíos de la diáspora. Aunque en la realidad no parece que existiera un desprecio a la traducción por parte de los palestinenses, de habla hebrea. También existe en el texto una intencionalidad de colocar al monarca egipcio como amigo del Templo de Jerusalén y de la sabiduría judía, a la que alaba y enaltece. Por otro lado es un escrito apologético que defiende un monoteísmo parecido al filosófico helenístico. Aunque de estas ideas la principal será esa justificación de la traducción hecha en los LXX, frente a cualquier otro intento de efectuar algo parecido. De hecho, la carta concluye con una defensa de un argumento de autoridad sobre este texto frente a cualquier intento de alterarlo o sustituirlo.

Pasando ahora a analizar más concretamente el contenido de la carta, he de decir que no voy a centrarme en todos los pasajes que en ella se contienen. Por el contrario, centraré mi mirada en las partes que desarrollan la redacción de la Biblia, sin despreciar pero sin ahondar en otros aspectos que también se ponen de relieve en el escrito: tales como las explicaciones teológicas, las listas de regalos o las conversaciones y edictos sobre acciones no relativas al propio trabajo de traducción textual bíblica.

En primer lugar se destaca en el texto la iniciativa real a la hora de realizar la traducción del texto. Es una idea que emana del bibliotecario real que registra esta necesidad, y no es una exigencia de las masas de población. Aunque si se apunta que hay una gran cantidad de judíos en la tierra de Egipto que podrían beneficiarse de la traducción del texto a lengua griega.

Según el autor de la carta sería Demetrio de Falerón el bibliotecario que recibe del rey el encargo de recopilar una copia de “todos los libros de la tierra”, para ser almacenados en la Biblioteca de Alejandría. En la antigüedad, los libros eran copiados a mano, de manera que el modo en el que se tendría que hacer el trabajo era o bien por compra de un libro ya copiado o por la realización ex profeso de una copia de otro manuscrito. El bibliotecario realizando esta acción, comprueba que no tienen ninguna copia del libro que titula “las leyes de los judíos”. Libro que además apunta que estaría originariamente escrito en un dialecto siríaco, y por tanto, necesitaría de ser traducido a la lengua griega.

Coincidiendo con la benevolencia del rey, que libera a los esclavos judíos pagando 20 dracmas por cada, hasta una suma total de 660 talentos, el bibliotecario presenta un informe solicitando dichas leyes judías. Por lo que le solicita al rey que escriba al Sacerdote del templo de Jerusalén para que envíe a 6 expertos “honrados”, uno por cada tribu, para que la traducción de las leyes sean lo más veraces posibles. El Rey presenta a su vez la importancia de que al ser liberados los esclavos, tienen derecho a conocer las leyes propias en su propia lengua, por eso favorece el trabajo propuesto por el propio Demetrio. Solicita lo que éste le había pedido al Sacerdote de Jerusalén, pues desea una traducción hecha por “consenso”. Luego llama la atención que sea el propio poder egipcio el que solicita la traducción y además marca las pautas a seguir en dicho trabajo.

Ahora le corresponde al Sacerdote de Jerusalén, el cual es llamado en la carta como Eleazar, responder a esta petición y en su caso seleccionar a los traductores más acordes a las expectativas puestas por el rey egipcio. Para ello será importante el consenso que desde el principio parece imperar en el objeto de estudio de dicha traducción.

De hecho, se dice que el Sacerdote del templo leyó la carta del rey en público y tras la aclamación del pueblo, han sido los ancianos los que han elegido a seis varones de cada tribu. De los cuales, y como recurso que en la antigüedad se utiliza para darle veracidad a un texto, se citan los nombres de los 72 hombres, englobados por la tribu a la que pertenecen.

Además se indica que Eleazar ha escogido a los mejores hombres de cada tribu. Son todos hijos de nobles que conocen perfectamente las leyes judías, pero también han sido educados en los principios de la cultura griega. Son por tanto, unos candidatos idóneos por su piedad hacia la Ley y por sus conocimientos de la lengua griega. Se presentan estos traductores como el don más preciado del pueblo judío, hasta el punto de que Eleazar realiza una serie de recomendaciones de cómo han de ser tratados y de las normas que deben seguir estos. Así tras un largo discurso del Sacerdote sobre la santidad y el sentido natural de la Ley, los traductores parte con los rollos de la Ley, que se indican son de pergamino.

A la vuelta a Egipto con los 72 especialistas, el rey los desea recibir enseguida. Cuando la tradición real era que debían esperar los visitantes extranjeros entre 5 y 30 días antes de ser recibidos por el monarca. Pero al presentar este entusiasmo por parte de Tolomeo, el autor recalca la importancia por un lado de los traductores y por otro de la obra que van a realizar; pues incluso un monarca no judío ansía ver esta obra realizada. Durante siete días estará comiendo con ellos y haciéndoles preguntas, en las que siempre destaca la elocuencia y buen juicio de cada uno de ellos. Por tanto, con esta demostración de sus saberes, se recalca la formación, no solamente intelectual, sino también moral, de estos traductores que van a acometer el encargo de traducir la Ley al griego.

Comenzando ya con el trabajo de traducción, nos encontramos con que Demetrio los conduce a una casa muy cómoda en la orilla de la playa. A siete estadios de distancia del Rey, lo cual recalca la cercanía del poder, pero también la distancia justa para poder trabajar sin interrupciones ni nada que los distraiga de la auténtica misión. De hecho se cita la armonía en el trabajo que hacía que estuviesen cómodos a la hora de trabajar. Dando importancia al estado anímico de los traductores.

Se puntualiza que el trabajo se realizó por medio de la confrontación entre los 72 de los textos de las Escrituras. De manera que cada sesión diaria comenzaba por la mañana, y concluía a la hora nona. Teniendo tiempo suficiente tanto antes del trabajo como después para cubrir sus necesidades, las cuales dicen que estaban perfectamente atendidas por orden expresa del monarca.

Antes de cada acción del trabajo de traducción se purificaban en la playa y rezaban. Solo después leían el texto en voz alta y lo iban interpretando por confrontación entre todos. Aquí se destaca, por un lado la actitud de realizar el trabajo como un solo hombre, sin que la opinión de uno prevaleciera sobre la de otro, y por otro lado se ve la acción de Dios que por medio de la purificación y el rezo les va iluminando para que la tarea no sea solo una acción humana, sino un mandato divino.

Cuando concluyeron el trabajo, que Aristeas lo fijará en una duración total de 72 días, dando también importancia a la simbología de los números, el propio Demetrio lo leerá en público ante la población judía de Alejandría. La traducción recibe el beneplácito de todos los asistentes, los cuales alabarán la traducción por ser “un beneficio grande”.

Además aparece aquí un elemento muy importante en este contexto de lectura pública de la obra, y es que el pueblo judío responde con una protección especial sobre el texto. La carta recoge la literalidad de lo que aclamó el pueblo de esta manera: “Puesto que la traducción es correcta, de una precisión y piedad extraordinarias, justo es que permanezca tal como está y que no se produzca ninguna desviación”. De esta manera se fija por consenso la importancia y protección del texto, que el propio pueblo maldice al que los altere o modifique. Es una forma de canonizar la traducción por aclamación popular.

Pero además esta acción popular es refrendada por el propio poder, es decir, el rey. Éste al leerla queda tan sorprendido que pregunta cómo estas Leyes no habían sido conocidas y publicadas antes para el conocimiento general. Así aprovecha el autor para señalar dos casos famosos en los que alguien intentó poner estas leyes en conocimiento de paganos y les ocurrieron desgracias.

Luego lo importante de esta narración es como todo justifica por un lado el trabajo a realizar, como algo de suma importancia y querido por todos los actores desde el bibliotecario o el monarca, paganos, hasta por las autoridades sacerdotales, intelectuales y populares del pueblo judío. Un trabajo que se realiza con esmero cuidado, y preparando su resultado de la mejor manera posible, es por tanto una obra de traducción, según el relato, fidedigna y respetuosa con el texto original. Todo el texto es por tanto una apologética dela traducción al griego de las leyes judías y una elaboración extraordinaria del aparato crítico que llevó a su elaboración. Siempre resaltando el consenso y las garantías tanto políticas, como religiosas sobre el propio texto. Siendo además refrendado incluso por el pueblo que le da su bendición, y protección permanente.

Hasta aquí el análisis al contenido de la carta, que de manera crítica he realizado, pues he ido añadiendo visiones propias que me han parecido interesantes al relato de los hechos para no quedarnos en un solo resumen de los hechos narrados.

A continuación me gustaría continuar este comentario señalando el conocimiento actual en el estudio de la Biblia de los LXX. Señalando un breve repaso en los hitos más importantes del estudio de la crítica textual del texto, así como los nuevos horizontes de estudio sobre esta Biblia.

Cabe señalar que antes del descubrimiento de la biblioteca de Qumrán (1948), solamente se trabajaba con el texto masorético hebreo que utilizan los judíos; el texto griego de los LXX que utilizó el cristianismo primitivo, y a día de hoy aún utilizan los ortodoxos; y el pentateuco hebreo de los samaritanos que está escrito en paleohebreo. Pero con el descubrimiento de esta biblioteca, han aparecido nuevos cauces de investigación sobre el texto. Pues han sido encontrados fragmentos de la Biblia griega en algunas de las cuevas. Estos fragmentos coinciden más con el texto premasorético, que se fijó por el I d.c., lo cual ha revalorizado y potenciado los estudios sobre la Biblia de los LXX.

Con este nuevo hallazgo, se ha podido constatar que antes de la fijación del texto masorético, existía una pluralidad de textos bíblicos. De manera que las diferencias entre Biblias, no siempre responde a un error en la traducción sino que en muchos casos es el resultado del texto base utilizado. De manera que incluso se ha descubierto en el texto griego testimonios hebraicos más antiguos que en la biblia protomasorética que ya se alteró por la elección de los rabinos por una opción u otra al colocar las Masoras.

De hecho, en los primeros siglos se realiza un esfuerzo intelectual, por parte de los judíos de Alejandría de adaptar el texto de la septuaginta al texto masorético de los rabinos. Pero con el paso del tiempo se termina por despreciar la Biblia griega, por ser la utilizada por los cristianos que empiezan a separarse del judaísmo. En una búsqueda por distanciarse del naciente cristianismo, las comunidades judías van a despreciar el texto griego y van a apostar por el hebreo. Pero no va a ser el texto el que los separe, sino que esta elección va a ser una consecuencia de la separación que ya se venía fraguando en el seno de las comunidades.

La importancia del texto griego de la Biblia va a ser fundamental en el naciente cristianismo, que va a fraguar desde sus orígenes la experiencia de su religión sobre la base del Antiguo Testamento griego, es decir, de la Biblia griega. Utilizando citas de esta para construir los relatos del Nuevo Testamento, y además va a ser utilizada por los primeros teólogos del cristianismo. Sirviendo, por tanto, como explicitación de un nuevo mensaje, que se separa en su interpretación a la del judaísmo rabínico.

A día de hoy los estudios sobre la Biblia de los LXX se centran en encontrar el texto originario hebreo que pudo ser la base de esta traducción. Pues Orígenes, en el S. III realizó un enorme esfuerzo crítico de análisis del texto en su “hexaplas”, pero fijó el texto hebreo de su época, que ya había sido transformado por los rabinos, como base para el texto griego. Como se ha descubierto por Qumrán, debió de haber un texto hebreo más antiguo que dio pie al texto griego de la Septuaginta. Así que los estudios actuales intentan remontarse a ese momento anterior, que desde Orígenes toda la crítica textual cristiana había realizado desde otras premisas. Hay por tanto que desandar el camino recorrido durante muchos siglos de estudios bíblicos.

Por último, concluiré el presente comentario señalando la importancia cultural que supuso, y sigue teniendo los LXX. Pues aunque durante varios siglos no se la ha considerado en su importancia, hay que señalar que esta Biblia supuso la primera traducción de la Biblia a otra lengua. Siendo por tanto impulsora del resto de traducciones.

La Biblia es en la actualidad el libro traducido a más lenguas del mundo, pero este primero fue fundamental. Pues supuso, ya en el s. III a.c. la apertura del mundo oriental al occidental, siendo además reconocido por la biblioteca más importante del momento, la de Alejandría. Aunque no será hasta el s. I d.c. que se potencie el valor de esta traducción por la proliferación de estudios y escritos cristianos, que pondrán las bases de la importancia cultural e histórica de los futuros estudios sobre los LXX.

A partir de este texto griego, se van a realizar el resto de traducciones a lenguas vernáculas desde los primeros siglos de nuestra era. Es por tanto, importante observar como las diversas traducciones de la Biblia van a tener en su mayoría al texto griego como base de su difusión y desarrollo, no el texto original hebreo. Pero incluso, como ya se ha indicado más arriba, el texto griego va a poseer de ciertos libros testimonios más antiguos, de textos anteriores que se han perdido, que el propio texto hebreo.

Pero además, hay que concluir señalando que el valor del texto griego de los LXX, no estriba en la mera traducción, sino que hay que recalcar a su vez la interpretación que se realizó del mismo. Pues no solamente se dedicaron a traducirlo, sino que también lo interpretaron de manera, que un texto consonántico con ciertas oscuridades fue traducido e interpretado de manera clara, dotándolo en muchos casos de un sentido que en el original quedaba completamente oculto. Por eso es importante a día de hoy seguir recurriendo a este texto, y revalorizar su importancia para el conocimiento y estudio del texto bíblico.

martes, 13 de febrero de 2018

Los sacramentos de la historia en la antigua alianza



1.       El rito religioso
El rito religioso es algo que siempre ha estado presente en la vida de los hombres. Es un aspecto tan originario del hombre que no se puede desligar de su propia forma de ser y actuar, desde los albores de la humanidad. De hecho en la Biblia aparecen varios cultos, que aunque tildados de idolatría, muestran que todas las culturas de alrededor tributan un culto a deidades, aunque solo la experiencia de Israel se presente como el culto verdadero.
El rito contiene unas claves, o rasgos identitarios por el que podemos decir que es algo colectivo, tradicional, que dota de sentido a la vida de los hombres y crea el espacio desde el que se puede pensar la existencia, tanto personal como colectiva. De esta forma vemos que si desde el principio ya se tributaba un culto a la deidad, como el que hace Abel o Noé, será el pueblo de Israel el que se organice para dar culto a Dios en la montaña de una forma organizada.
Cabe señalar que el culto es algo que no es fruto del hombre, sino que responde a una iniciativa divina. Es Dios el que se manifiesta (hierofanía), y a partir de aquí se producen dos movimientos que se reflejan en el culto:
a)      En primer lugar, la hierofanía separa lo que es sagrado, de lo profano. Estipula el espacio del mundo y el de lo sagrado (Templo, moradas, cuerpo del hombre)
b)      En segundo lugar, ayuda a orientar el tiempo. Todo el tiempo también pasa a ser sagrado, y los ritos recordaran esa consagración. Hay ritos temporales de separación (funerales), de transición (embarazos, desposorios) o de incorporación (matrimonio, paso a la adultez)
De hecho la raíz de tiempo y templo hacen referencia a un inicio común en el lenguaje. Pues el culto santifica el lugar donde se realiza y el tiempo en que se hace. Así el hombre entra en comunicación con la divinidad que se le manifiesta.

2.      Los sacramentos de Israel, a lo largo de su historia
En la Biblia lo que antes se ha presentado como la capacidad que tiene sobre el hombre el hecho religioso, tiene una concreción muy típica en el pueblo de Israel. Por eso se puede ver los efectos que sobre él tiene:
a)      El rito: tiempo de salvación
Los ritos serán para el Pueblo de Israel una forma de santificar el tiempo y la convivencia a lo largo del año. Se produce, por lo tanto, una sacralidad del tiempo en el que se observa y conmemora la acción de Dios. En cada celebración se realizan una serie de ritos que conmemoran y actualizan la acción de Dios sobre su Pueblo. Se vuelven a recordar acontecimientos del pasado como la salida de Egipto, el paso del mar Rojo, la estancia en el desierto, la subida al Sinaí, etc. pero en esta ocasión realizando un rito concreto que rememora y actualiza la acción que Dios obró y sigue obrando.
De esta manera se presenta la historia de la salvación como una historia de madurez del pueblo, que va alcanzando su independencia y sentido mientras Dios le trata de manera pedagógica. Poco a poco pasan de estar mantenidos por Dios, a tener la autosuficiencia de poder ofrecerle a Dios los frutos de sus trabajos.
El rito, en este sentido, recuerda que la historia de salvación comienza siempre con la acción de Dios que sale al encuentro del necesitado. Por eso la importancia de celebrar la liberación de la esclavitud, como comienzo de esta historia de madurez; después vendrá la purificación del desierto, así como la enseñanza de un maestro o un padre con sus hijos (la experiencia del Sinaí); concluyendo con el asentamiento en la tierra prometida, y ahora es el propio pueblo el que ofrece a Dios, un lugar el Templo y unas ofrendas, los frutos de la tierra.  Así mismo, la consagración en cada semana del sábado a Dios, recuerda que todo procede de él y hasta el tiempo debe serle devuelto como camino hacia él.
b)      El sacrificio: lectura en clave de paternidad
Los sacrificios en el pueblo de Israel sirven para unir a los hombres con Dios. Teniendo en cuenta que aquello que se ofrece es anterior al propio hombre, porque es un don que recibe de Dios, quien es el primero que dona el sacrificio. La importancia del sacrificio entraña el derramamiento de la sangre, símbolo de la vida, para que así se simbolice la unión (comunión) con Dios, ambas vidas se unen. El animal sustituye al hombre, que pasa a vivir una nueva vida junto a Dios.
Por tanto, fruto de esta comunión con la divinidad, se encuentra la paternidad de Dios. Dios que ha sido el creador y cuida del género humano, adopta a aquellos que se unen a él por el sacrificio. De ahí la importancia de un sacrificio particular, la circuncisión, la cual es símbolo de la unión con Dios que queda marcada en la piel del que es hijo del pueblo elegido, además se produce el derramamiento de la sangre signo de la alianza de Dios con este pueblo elegido.
c)      El culto genera espacio: el templo y el cuerpo
El templo se construye por una iniciativa divina, es Dios quien revela el tamaño y materiales del templo. Este edificio sirve para recordar al hombre que por medio del rito se ha creado una relación con Dios, como la que existe con el padre y el hijo. El hijo ve en la casa que ha sido acogido por su progenitor y que su existencia es fruto de ser acogido como hijo por su padre. Además el templo recuerda al pueblo la creación, de ahí la similitud con los relatos de la misma, para mostrar al hombre que la casa de Dios es el mundo.
Pero también es importante, mostrar que el cuerpo es a su vez el lugar donde Dios ha insuflado su aliento. Es por tanto un lugar de su presencia. Se crea un espacio en el propio cuerpo para entrar en comunión con Dios, de manera que la carne pasa a ser lo que te relaciona con Dios: el hijo es carne de su padre, los hermanos de la misma carne y los esposos una sola carne.
d)      Los profetas: críticas y ahondamiento del culto
A lo largo de la historia del pueblo de Israel se producen una serie de profanaciones a la presencia de Dios, se cae en varias ocasiones en impureza ritual. Los profetas van a denunciar y criticar el culto dado a Dios, porque se convierte en gestos vacíos y sin contenidos. El culto queda solo en gestos externos sin ahondar en la propia esencia de lo que se ofrece; no llega a la carne, ni el tiempo vivido, y se encierra en las piedras inertes.
Los profetas no van a querer eliminar el culto, sino que preparando el camino a Cristo, van a llevarse el rito a signos propios vividos en sus propias historias personales, a sus carnes.

3.      Los ritos antiguos a la luz de Jesús
Todos los ritos del Antiguo Testamento vislumbran un futuro, una plenitud que se alcanza con Jesucristo y la Eucaristía. Por tanto, el culmen de la acción salvífica de los ritos encuentra su lugar en la Eucaristía, que no solo los aúna sino que además los plenifica.
a)      Desde el Nuevo Testamento
Jesús afirma él mismo que no ha venido al mundo para abolir la Ley, sino para darle cumplimiento en plenitud. De ahí que haga gestos como el de curar en sábado, no para destruir este tiempo sagrado, sino para dotarle de la importancia de la acción salvífica de Dios. Toda su vida es una relectura de la Ley del pueblo de Israel, tanto es así que su propia muerte supone acabar con las ofrendas rituales, como los machos cabríos o la circuncisión. El culto es transformado desde la esperanza profética.
Jesús se convierte así, en el nuevo templo y en el culto verdadero que se ha de tributar. Su entrega obediente al Padre muestra el verdadero culto en la carne y vida del creyente. Jesús es el Hijo de Dios nacido bajo la Ley, es por tanto, un hombre y por eso puede afirmarse que con él la eucaristía parte del hombre Jesús hacia Dios, y no se espera la acción de éste, que era previa en el culto semítico.
San Pablo releerá todos los ritos e historia del pueblo de Israel desde la óptica del sacrificio de Jesús, les dotará de una nueva interpretación. Y el autor de Hebreos, también leerá los sacrificios desde el cuerpo y la entrega obediente a hacer la voluntad de Dios. De manera que se potencian dos rasgos importantes: la importancia de la filiación en la ofrenda del sacrificio; y la importancia de que el sacrificio se realice en la carne, templo y víctima de los sacrificios.
b)      La lectura tipológica de los Padres
Algunos de los primeros cristianos rechazaban la antigua Ley, veían que no tenía nada que ver el rito de Israel con la acción de Jesús. Llegando incluso a afirmar que el dios que se manifiesta en el Antiguo Testamento no es el Dios del Nuevo Testamento. Pero frente a estos, la Iglesia siempre afirmó la continuidad entre los antiguos ritos y los ritos de Jesús. Se formaron tres formas diferentes de entender el Antiguo Testamento:
1-      Algunos Padres como Orígenes, consideraban que el rito unía esponsalmente con Dios, por eso era importante su realización, en tanto en cuanto, se realizaba como muestra de esa unión. Además era una invitación para pasar del mero rito (expresión literal) al cumplimiento del espíritu de ese rito (cumplimiento moral).
2-      Otros Padres, como san Justino mártir o san Ireneo de Lyon, dieron valor no solo al cumplimiento moral, sino también al literal del culto en sí. Para ellos el realizar un rito suponía poner una limitación al pecado. El nuevo rito desde Jesús suponía la entrega total del hombre y su vida, pero el antiguo rito era ya figura de este que se realiza en totalidad y no solo en darle a Dios aquello que de él se había recibido.
3-      San Agustín, por su parte, dirá que el rito era la preparación a Jesús. De hecho para él, el judío que lo realizó de manera literal obtuvo la salvación pues era la exigencia de Dios entonces al pueblo. Quien lo practicó sin conocer el trasfondo del mismo se salvó como un esclavo que obra por obediencia a su señor; pero el que conoce el signo que se encierra tras el rito, ese se salva como un liberto.
c)      Los sacramentos de la Antigua Ley en la tradición teológica desde el medievo.
Los autores del medievo discuten sobre la continuidad o no del antiguo rito y el nuevo. Para ello acuñan dos términos para darle contenido a la acción salvífica de los sacramentos: “ex opere operantis” que hace referencia a la validez salvífica acorde con la actitud de quien realiza el sacramento; y “ex opere operato” que hace referencia la obra salvífica del propio rito, con distinción de quien lo realiza.
Dos serán las corrientes que durante la Edad Media van a discutir el efecto de los viejos ritos. Por un lado los seguidores de Hugo de San Víctor que afirmarán el “ex opere operato”, por lo tanto, los antiguos ritos son sacramentos porque dan cumplimiento a lo que después instituirá Jesucristo, seguidor de esta escuela será San Buenaventura.
Por otro lado, la posición de Pedro Lombardo, en la que tendrá más valor el “ex opere operantis”, por tanto, el antiguo rito actuará como sacramento dependiendo la actitud del que lo realiza y su fe hacia Dios. Santo Tomás seguirá esta corriente, aunque parece haber una evolución en su pensamiento. Para el Aquinate solo después de Jesucristo se puede hablar de salvación en los ritos, luego en el Antiguo Testamento el rito es muestra de la misericordia de Dios pero no se le desprende un valor salvífico.
Durante la Reforma la discusión se centrará en el tema de la justificación y la gracia, y el Concilio de Trento no querrá dar respuesta a ninguna de estas dos escuelas. Por ello no se realiza una solución dogmática y doctrinal al respecto en este período.

4.      Conclusión
Se puede concluir afirmando que los antiguos ritos son la luz con la que se comprenden mejor el camino de toda cultura a la cristiana; y también se ve el recorrido previo e histórico a los actuales siete sacramentos, que no aparecen de la nada sino que son obra de una inspiración acumulada por Dios a través del tiempo. Por tanto:
-          El culto del Antiguo Testamento hace visible la lógica de la alianza forjada por Yahvé con su pueblo.
-          El rito ordena la realidad dotándola de un espacio. Es el lugar donde se manifiesta en el templo y el cuerpo la acción de Dios
-          Con el rito se presenta la propia historia, en la que se lee la acción de Dios y se espera que sigue actuando según sus promesas.
Se puede concluir que los sacramentos cristianos son más antiguos que los de Israel (san Ambrosio) porque plenifican el ser del hombre y su oblación misma en la carne. Mientras los antiguos solo tenían capacidad salvífica por iniciativa de Dios, ahora es la propia carne de Cristo la que se entrega en unión con el hombre y Dios y dota de un sentido más profundo la vida de todos los hombres. Es el lugar de encuentro en el tiempo y el espacio con los hombres, y sirven para que podamos relacionarnos desde Jesús, con el mismo Dios que sale a nuestro encuentro.

martes, 10 de octubre de 2017

COMENTARIO EXEGÉTICO A LA PERÍCOPA AP. 12, 1-18.

"Un gran signo apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otro signo en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz. La Mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la Mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada mil doscientos sesenta días. Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él. Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: "Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios. Ellos lo vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra de testimonio que dieron, porque despreciaron su vida ante la muerte.  Por eso,  regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo."  Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón. Pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del Dragón, donde tiene que ser  alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo. Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente. Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer: abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de las fauces del Dragón. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. Yo estaba en pie sobre la arena del mar."
(Apocalipsis 12, 1-18)

a)                Estudio literario
1.              Delimitación de la perícopa
Nos encontramos ante una perícopa que viene muy bien delimitada en el  capítulo doce del libro del Apocalipsis, entre los versículos del uno al dieciocho. Ya en el primer versículo se nos anuncia que se va a relatar una visión[1], que indica el comienzo de una unidad literaria distinta de la anterior. De hecho, en esta sección es normal que las perícopas se inicien de forma similar, con las visiones de signos y sucesos sorprendentes, marcando los espacios entre unos relatos y otros. Cabe señalar que el texto finaliza con el versículo 18: “El dragón se detuvo en la orilla del mar”, cuyo verbo indica parada, fin de una acción dinámica, mientras que el resto de acciones implicaban movimiento[2], lo que completa la acción del relato. Poniendo fin a la perícopa.
Por otro lado, los protagonistas están claramente presentados y son diferentes en su mayoría a los de las perícopas anteriores y posteriores: la mujer, el dragón rojo, el hijo varón, Dios, Miguel y sus ángeles, los ángeles del dragón… Todos ellos también están dándole una unidad literaria.
Por último, podemos delimitar la perícopa gracias al contenido del relato. Si bien en el capítulo anterior la visión era con siete trompetas y la proclamación final de los veinticuatro ancianos en acción de gracias porque se ha establecido ya el trono de Dios; y en el siguiente al que nos ocupa, la temática versa sobre dos bestias que seducen con su poder a los hombres; en el capítulo doce, nos encontramos ante la Iglesia que debe mantenerse fiel a Cristo aún en medio de enemigos y hostilidades, pero cuenta con el auxilio del Señor, por lo que saldrá victoriosa. En este sentido, el relato presenta una progresión a través del simbolismo cósmico-terrenal, pues si bien en un comienzo nos sitúa en el cielo, poco a poco va descendiendo hasta finalizar en la tierra, a la orilla del mar. Hay una progresión en el texto y avanzando la trama.


2.      Contexto literario e histórico-cultural.
En el contexto literario nos encontramos que pertenece a la segunda parte del libro del Apocalipsis, la más amplia. Aquí es donde se ofrecen unas visiones que posibilitan una interpretación profética de la historia. Concretamente a la cuarta sección, la de las tres señales, que indican que el final está muy cerca y detallan el enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal, donde, como no podía ser de otra forma, Dios se alzará con la victoria, como nos muestra el relato presente.
En cuanto al contexto histórico-cultural, descubrimos una amplia simbología procedente tanto de tradiciones neotestamentarias, como veterotestamentaria, y también de la cultura babilónica y grecorromana, además de representar la crudeza de la situación de persecución y martirio que están viviendo los cristianos por parte del imperio romano. Es, por tanto, un texto bastante rico en simbología y significación.
Se puede hablar sobre el contexto cultural del que surgen algunos de sus símbolos, como, por ejemplo, el hijo varón que nace y que aparece en el versículo 5, éste parece referirse al nacimiento pascual de Cristo. Este nacimiento de un hijo varón ya lo predijo Isaías[3] quien pastoreará al pueblo[4] según la voluntad de Dios y se preocupará de sus ovejas hasta dar la vida por ellas y ser arrebatado; de hecho, en este sentido, a Él también alude el texto cuando menciona la sangre del Cordero, como sacrificio, pues recuerda al siervo sufriente de Yahvé[5] que carga con los pecados ajenos para expiarlos conforme a la Ley. Por tanto encontramos una tradición previa al relato, y un contexto cultural favorable a esta simbología.
Otro de los símbolos, que deberemos estudiar en profundidad más adelante, es el de la mujer que se nos presenta en el primer versículo y que, ya adelanto, no alude directamente a María, sino que simboliza a la comunidad cristiana. La forma de representarlo de esta manera la encontramos en la literatura profética y sapiencial, donde era frecuente personificar a Jerusalén o a todo el pueblo judío con la figura de una mujer. Que el sol, la luna y las estrellas se encuentren en relación con ella hace referencia al sueño que tuvo el patriarca José en Gn. 37, 9, donde se postraban ante él. Por otro lado, la diosa Isis aparece representada con esta simbología que corresponden a su regia divinidad. Sin embargo, también se ha asociado a esta mujer con Eva, pues se la considera madre de la humanidad, que pariría con dolor por haberse dejado tentar por la serpiente, personaje que, aunque disimulado en un principio bajo la forma de dragón, también aparece en este relato.
Pese a ser un elemento mitológico, el término “dragón” como representación del mal también era usado por el Antiguo Testamento, prueba de ello podemos verlo en el Salmo 91,13 o en Isaías 51,9, o incluso en la imagen del Leviatán, como parecido a un dragón de Isaías 27,1; también puede simbolizar a la serpiente del Génesis 3,1, donde el áspid encarna al tentador. Los diez cuernos que se citan son iguales que los de la visión de Daniel[6] sobre la bestia que destruye todo a su paso. Además es rojo puesto que esta tonalidad cromática simboliza la sangre, la crueldad y la muerte, señalando el tipo de comportamiento que los romanos tenían con los cristianos capturados. Sin embargo, el detalle de las siete cabezas es propio de la tradición babilónica. Además, se nos presenta con siete diademas que evocan realeza, pero no divina, sino al contrario, del poder mundano.
El lenguaje que se utiliza es muy fuerte, y representa la realidad concreta que está viviendo una comunidad perseguida. De ahí la fuerza de términos como: “persecución”, “huida”, “devorar”, “hacer la guerra a los descendientes de la mujer”, etc.; el dragón que los persigue ha sido identificado por los exegetas como Roma, que persigue a los cristianos, identificados como la mujer. En la persecución del hijo varón,  parece ser que se refiere a Cristo, porque rememora la crucifixión, seguida de la Pascua pues dice que ya se encuentra junto a Dios. El motivo de esta persecución contra el nuevo pueblo de Dios aparece en el versículo 17: por guardar los mandamientos y mantener el testimonio de Jesús, lo que implica que no rendían culto al emperador como estaba impuesto, lo que provocaba que fueran considerados peligrosos y subversivos para el mantenimiento de la paz romana. Los seguidores de Jesús eran acusados por el imperio romano de ser impíos, por no ofrecer el culto debido al emperador.
La mención al desierto se explica teniendo en cuenta que, como se ha dicho, la mujer representa al nuevo pueblo de Dios, los cristianos, quienes, al igual que los judíos huyeron de los egipcios gracias a la actuación divina que les dio el maná, igual que a la mujer  que en la perícopa va a ser alimentada  durante 1260 días; igualmente el pueblo al salir de Egipto pasó diversas pruebas para probar su fidelidad al Dios libertador, teniendo que atravesar un desierto[7], saldrán victoriosos si depositan su confianza en el Señor y no pierden la fe. La cifra de los tres tiempos y medio hace referencia a Daniel 7,25 donde se alude a la persecución de Antíoco IV Epífanes; el motivo de indicar ese espacio de tiempo, que es la mitad del número 7, es para llevar el consuelo a los atribulados e indicarles que su duración es limitada. Pero al final llegarán a la tierra prometida ya desde antiguo al pueblo de Israel[8], que supondrá el cumplimiento de la promesa de Dios de un futuro de salvación, de ahí que cobre protagonismo y colabore en el rescate de la mujer, que es el nuevo pueblo de Dios.
Por último, cabe reseñar la figura del defensor de las fuerzas del bien, Miguel, cuyo nombre significa quién como Dios, que ya apareció en Daniel 10,13 como un príncipe que protegía a los necesitados del Señor, defensor del honor de Dios, y otra vez vuelve a ser mencionado ahora para ejercer la misma función.
3.      Género literario.
Podemos enmarcar la perícopa dentro del llamado género apocalíptico, que no es único de la tradición judeo-cristiana. En este caso se nos muestra, por medio de una visión, un mundo creado por Dios, donde él sería el sol, se habla además de su reino y sus mandamientos que rigen; pero en el que aparecen las fuerzas del mal representadas en el dragón rojo con sus fuerzas; hay, por tanto, un dualismo entre el bien y el mal que están enfrentados, en la que las protagonistas son ángeles y demonios. Además tenemos a la mujer como la espectadora de esta lucha, esto es propio de la corriente sobrenaturalista que considera que es Dios el que actuará y lo arreglará todo, enviará a un pastor que guíe a los descendientes de la mujer. Además contiene una escatología latente en todo el texto y verbalizada: “el Diablo ha bajado a vosotros sabiendo que le queda ya poco tiempo”. Todas estas características son propias de este género apocalíptico.
Sin embargo, no es exclusivamente una revelación, sino que en los versículos centrales se contiene un himno de alabanza a Dios (10-12) por ser quien ha obtenido la victoria, lo cual era propio proclamarlo en las primeras comunidades cristianas y el autor lo intercaló en este relato. Pues el libro del apocalipsis parece ser que era utilizado en asambleas litúrgicas, de ahí que se intercalen estos textos hímnicos con el propio relato.
También encontramos una profecía, que utiliza términos característicos de los profetas clásicos, como el anuncio de un mesías que pastoreará al pueblo o la advertencia y exhortación a la conversión con el “¡Ay!” porque el tiempo está cumplido.
Por último, vemos que entre todos los géneros literarios presentados, la historia completa podemos considerarla un drama, pues va presentando a los personajes como en una obra teatral, donde realizan sus respectivas actuaciones y desarrollan una historia en la que a una madre le arrebatan a su hijo y debe huir para no sucumbir; pero al final interpela al destinatario para que se identifique con este personaje y descubra que, pese a las dificultades, siempre debe mantener la confianza en el Señor, el verdadero protagonista de toda la acción.
4.      Dificultades textuales.
El problema de crítica textual más importante de esta perícopa lo encontramos en el versículo 18. Si lo leemos en la Nueva Biblia de Jerusalén: “Yo estaba de pie sobre la arena del mar”; mientras que en la traducción de la Conferencia Episcopal Española recoge: “el dragón se detuvo en la arena del mar”. Esto altera el significado último del texto, porque si tomamos la primera traducción, se puede referir al propio Juan, que ha terminado de relatar la visión y tendríamos un versículo de transición hacia la siguiente perícopa; pero si seguimos la segunda traducción se nos muestra la conclusión del drama, por lo que mostraría cómo el dragón, tras haber surgido en el cielo y haber batallado, acaba derrotado en la tierra, indicando un proceso de decadencia, de perdición.
Así mismo, el texto presenta numerosas dudas de comprensión dada su amplia simbología utilizada, puesto que la Iglesia nos pide que nada se deba tomar en sentido literal sino que debe ser interpretado. Por tanto, algunos ejemplos que pueden generar dificultades de comprensión son: la mujer que según los mariólogos hace referencia a la virgen María, la madre de Jesús; mientras que para la mayoría de exegetas alude a la Iglesia. De dicha mujer se dice que está vestida de sol, como referencia de lo divino. El cielo y las estrellas que la rodean nos evoca al ámbito de la trascendencia; y el dragón, hace referencia al mayor enemigo de los cristianos, encarnado en Nerón, según algunos autores que han interpretado los signos de este capítulo.
El simbolismo presente al describir la bestia y la serpiente representa un nivel de realidad que actúa en la vida de los hombres pero de forma oscura; mientras que el Cordero sería Cristo, el redentor. Además el texto utiliza el simbolismo aritmético en varias ocasiones, como el siete identificado con la plenitud; las doce estrellas que coronan a la mujer y que aluden al pueblo de Dios; los 1260 días, que equivalen a los tres tiempos y medio, y que indican un periodo de tiempo limitado, corto.
Otros ejemplos de simbolismo serían: “los cuernos” que significan el poder, mientras que “las alas” son la movilidad; “el agua”, utilizada por la escuela joánica como reflejo de la vida, ahora es lo contrario, algo que busca la perdición y muerte de la mujer; por otro lado, si bien se hablaba al principio del texto de un hijo varón que podía simbolizar a Cristo resucitado, en el versículo 17 la descendencia de la mujer, es más amplia, se refiere a los cristianos; el arcángel san Miguel representa a Cristo luchando contra las fuerzas del mal.
Por todo esto podemos concluir que hace falta un profundo conocimiento de la significación de los diversos símbolos utilizados para poder comprender el texto en su profundidad y descubrir qué dice, y así evitar interpretaciones subjetivas y erróneas.
5.      Fuentes de la perícopa.
El texto es de elaboración propia pero hay elementos que se toman de diversos orígenes:
-          El himno de los vv. 10-12 probablemente se tratase de un cántico de alabanza que en las primeras comunidades ya se recitaba y que intercala el autor en su narración.
-          Algunas referencias cruzadas al Antiguo Testamento, como puede ser la huida al desierto, recordando al Éxodo, como experiencia fundante de la identidad del pueblo, que fue guiado por Dios; o la alusión a Miguel, protector de la causa del bien, como ya aparecía en Daniel; la visión de la mujer del principio, recuerda a uno de los sueños del patriarca José, enlazando al pueblo elegido con los cristianos; y tampoco podemos dejar de recordar lo que con anterioridad comentamos acerca de que contiene terminología profética, como la alusión al pastor que guiará a los pueblos, los ayes, o los dolores de parto para dar lugar al pueblo de Dios.
-          También presenta elementos de mitología grecorromana y babilónica como el dragón o las luchas entre ángeles del bien y del mal.
Por tanto, nos encontramos que el autor ha plasmado en el relato una composición propia que enriqueció con diversas tradiciones que le han podido llegar de diferentes partes, para darle una mayor autoridad al texto, hacerlo más estimulante y posibilitar de mejor manera la identificación de los propios destinatarios.


6.      Recursos literarios y estilísticos.
La principal característica de la narración es la cantidad de escenarios que va presentando, pues con pocas palabras describe unas imágenes irreales pero que fácilmente interpelan al destinatario y le mantienen en tensión hasta el desenlace. La manera de interactuar de los diversos personajes aporta gran dinamismo al relato, induciendo a identificarse con la mujer necesitada. Se dice que en este libro es frecuente el uso del género dramático, al que aludíamos antes y que constatamos en este momento. Además, lo más remarcable es que se trata de una visión, con lo cual, desde el principio nos da la pista el autor de que lo que se va a describir no es estrictamente real, sino que, a través de hechos ficticios e imaginativos, nos revela una verdad y con el lenguaje propio de las fábulas nos enseña una lección, la confianza en la salvación de Dios si perseveramos en la fe.
Aparece, como también apuntamos con anterioridad, un himno que recoge una gran significación teológica y permite una fácil memorización para su proclamación gracias a su sonoridad y ritmo; así podía ser leído en la asamblea.
Utiliza el presente histórico en determinadas ocasiones para darle actualidad al relato e indicar su importancia. Pero por otro lado, llama la atención que la mayor parte de los verbos que aparecen en la perícopa son de movimiento permitiendo que la acción transcurra con gran dinamismo y manteniendo alerta al destinatario.
Utiliza la alegoría para describir al bien y al mal dentro de la batalla que protagonizan en la que saldrá triunfante Dios y sus fuerzas. De este modo, nos encontramos ante el dualismo cósmico tan frecuente en el género apocalíptico. Junto al mesianismo y la escatología futura o la angeología, que son recursos típicos de la narración apocalíptica.
7.      Vocabulario significativo.
Existe un vocabulario significativo al respecto de una gran significación teológica y simbólica que llama la atención por su singularidad en el uso. Estas palabras que se identifican en esta perícopa son:Agua, águila, alas, ángeles, aparecer, boca, cabeza, cielo, combate, Cordero, corona, cuerno, desierto, Diablo, diadema, diez, Dios, doce, dragón, encinta, estrellas, guardar los mandamientos, guerra, hijo varón, ira, luna, Miguel, mil doscientos sesenta, mujer, pastorear, perseguir, reinado, rojo, sangre, Satanás, serpiente, siete, signo, sol, testimonio, tierra, tres tiempos y medio, trono, vara de hierro y vomitar. Son palabras con una alta dosis de significación y que destacan el qué y qué significado tiene el texto.
8.      Estructura
Podemos organizar la perícopa de acuerdo a la siguiente estructura:
-          Versículos 1-6 Presentación de la escena y los protagonistas (mujer, dragón, Dios).
-          Versículos 7-12 Batalla en el cielo entre las fuerzas del bien y las del mal con la victoria de las primeras.
-          Versículos 13-18 Continuación de la lucha y persecución, ahora en la tierra, del dragón contra la mujer y sus descendientes.

b)   Estudio Teológico
Para entender la profundidad teológica de este relato, se debe de empezar observando la enseñanza principal del texto que aparece en sus versículos centrales dentro del himno: la victoria de Dios sobre las fuerzas del mal y la importancia del sacrificio, primero de Cristo y, luego de otros cristianos que han dado testimonio de su fe con la entrega de sus vidas. Por tanto, de esos versículos se desprende un mensaje de esperanza en la tribulación, de aliento en la persecución y de alegría ante la prueba, porque un discípulo no es más que su maestro, luego si a Jesús lo mataron, a sus seguidores también lo harán, pero no es otra cosa que la garantía de que son verdaderos cristianos. Y el resultado ya lo saben, pues el Señor resucitó al tercer día, luego a ellos les aguarda un puesto a su derecha en la gloria de Dios. Pero en realidad, aunque la teoría la saben, vivir día a día con el miedo a la denuncia, a que los capturen a ellos o a sus familiares, puede debilitar su fe. El retraso de la parusía favorece que surjan dudas al respecto en la resurrección y la glorificación; la victoria aparente del Imperio sobre ellos de forma impune, incluso logra desalentarlos porque no ven el poder de Dios. Por este motivo, el autor escribe el libro del Apocalipsis y, más concretamente, esta perícopa. Él les conoce y comprende, conoce su situación y no les culpa, sino que simpatiza con ellos y escribe un relato que les permita identificarse con un personaje, el de la mujer perseguida por el dragón. La misericordia y la fidelidad de Dios que actúa invisiblemente para con los que buscan su auxilio y su amparo se manifestará, quizá no en este mundo terreno, sino en el cielo, junto al trono de Dios. Pero a la vez alerta contra peligros ocultos, como el agua, es decir, algo aparentemente inocuo que puede arrastrarlos hacia un camino de perdición; de esta forma, este líquido que fluye utilizado en el rito de purificación, si se utiliza para rendir otros cultos paganos que en principio no van en contra de las creencias cristianas, pueden favorecer una relajación de la moral e ir contaminando en realidad la fe que se tenía; por ello se recomienda volver a la tierra, el lugar seguro, la doctrina que se empieza a configurar y predicar, la roca firme en la cual asentarse para permanecer en comunión con Dios, que permite lucidez de discernimiento y superación de las tentaciones. Algo duradero y fijo y no que fluya y cambie como el agua.
Pero parece que este texto no sólo pretende alentar a la comunidad a mantenerse firmes en la fe en Jesús, sino que con este relato busca indicar también cuál es la misión de la comunidad, el dar a luz al Jesús Pascual, es decir, seguir alimentando la fe en Él, viviendo el memorial de su pasión, muerte y resurrección, y anunciándolo a los demás a través del testimonio. La encarnación de Dios en carne humana aparece aquí para mostrar la gran misericordia del Señor para con su pueblo, pues se hizo uno de ellos, que son pobres y perseguidos, para compartir una vida como la de ellos estando junto a ellos, y así mostrarnos el camino para la salvación, que tiene que pasar por la cruz para llegar a la gloria; de este modo se cumple el Dios-con-nosotros anunciado por los profetas[9]. Pero además, la Iglesia debe ser una comunidad fecunda, como una mujer encinta, que se sabe en presencia de Dios, vestida de sol como referencia a la divinidad y, como nuevo pueblo de Dios, su misión es de carácter universal; si Eva fue la madre de todos los hombres, la comunidad cristiana será la madre de todos los creyentes, de los salvados, aunque tenga que dar a luz a nuevos hijos con dolor, propio del martirio y el sacrificio. Sin embargo, para mantenerse fieles han de adoptar el compromiso de alimentarse de Cristo y de su Palabra, mostrarse disponibles para ponerse en camino donde haga falta con la confianza puesta en el Señor y esperar la parusía, no de manera pasiva, sino con el testimonio, esto es, guardando los mandamientos de Dios y manteniendo la fe viva en Jesús. Por ello debe ser una comunidad despierta, alerta, que no pierda la esperanza porque la salvación está cerca; de ahí que la perícopa exhorte a la conversión a aquellos que se están desviando del camino marcado.
A través del simbolismo cromático y teriomorfo se recoge muy acertadamente el dualismo entre el bien y el mal y sus respectivas características. El primero es algo luminoso, dueño de la creación, fecundo, protector de la vida, fiel, es abnegado y capaz de sacrificarse por los demás; mientras que el segundo solo busca la sangre, siente ira, desea la muerte, la destrucción, la desolación, quiere venganza, muestra rencor, es tramposo, usa artimañas. Las actitudes que hay que imitar son las que lograrán la vida, la salvación, la gloria, es decir, las del bien. Las otras llevarán al caos, a la muerte.
Un tema que no podemos olvidar en esta reflexión es la exaltación de los mártires. El testimonio de sus vidas y de sus muertes que otorga fecundidad a la comunidad. Su muerte no significa derrota ni debe llevar a la desolación, sino a la alegría por haber seguido al Maestro, por ser “corderos degollados” a imitación de Jesús. Por eso, el himno exulta júbilo y regocijo, porque estos hermanos han precedido al resto en el encuentro con el Padre, y han alcanzado ya la victoria. El dragón no ha podido arrebatarles su fe, lo más valioso que tenían, y por ello son glorificados y ensalzados como modelos a imitar por el resto de la comunidad, si se diera el caso.
Pero, como ya se ha indicado la significación de la mujer en un contexto de estudios mariológicos,  no debe de terminar esta exégesis sin dedicarle una reflexión más profunda, ya que para muchos estudiosos la mujer simboliza a la virgen María. Hay que reconocer que las semejanzas entre ambas son numerosas: por un lado tenemos que María es nuestra madre, y es el primer rasgo que aparece en el texto sobre la mujer, su maternidad; pero además es la madre de Jesús, representado por el hijo varón que nace de esa mujer; por otro lado, la literatura joánica nunca se refiere a María por su nombre, sino por el apelativo “mujer”, otro dato más a favor de la tesis de los mariólogos. María es la nueva Eva, de tal modo que si por una mujer entró el pecado, por otra llegó la salvación de todos. Así se cumplen las palabras de Génesis 3, 15 dirigidas a la serpiente en referencia a la mujer: “pongo hostilidad entre ti y la muer; entre tu descendencia y la suya; ésta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón”, igual que en la perícopa que nos ocupa se nos presenta una confrontación entre la mujer y el dragón, la serpiente antigua, y el ángel Miguel, representante de Cristo que nació de María, y que es quien derrota a esta bestia. Pero además la misma liturgia nos regala esta lectura en la solemnidad de la Asunción de María a los cielos, sustentándose en todo esto. Aunque esta teoría no es defendida por la mayoría de los exegetas que siguen viendo en la mujer a la comunidad cristiana. En todo caso, lo que sí podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, es que María es madre y modelo de los creyentes.
Aun así, y por amor a la imagen de María, madre de Dios, podemos concluir que: “La Mariología apocalíptica sitúa a María en un impresionante campo de fuerzas, en medio de la batalla escatológica que hoy mismo se está librando. La Mariología apocalíptica se convierte así en Eclesiología apocalíptica. En paradigma para un nuevo modelo de Iglesia, menos cómplice, más profético y denunciador —no solo en las campañas en contra del aborto, sino contra todo tipo de corrupción social y también en otras campañas pendientes en favor de la vida, de la naturaleza, del futuro— María del Apocalipsis es aquella Mujer que nos hace comprender la inconsistencia de todos los imperios, que nos hace sentir cómo el Mal —aunque aparezca bestial e imbatible— es tan débil que la inocencia y la docilidad angélica a la voluntad del que está sentado en el Trono es capaz de abatir en un solo instante”[10]. Por tanto tampoco debe de ser excluyente la teoría de que la mujer pueda ser María, y a la vez la comunidad cristiana, la Iglesia. Pues lo importante del símbolo es que no agota la realidad en sí mismo sino que abre a una trascendencia siempre mayor que la realidad sensible que representa.
Para concluir podemos hacer una actualización existencial de la perícopa, para encuadrarla en la dimensión celebrativa de la Iglesia. Así habría que afirmar que esta perícopa como tal no es utilizada en la liturgia en su conjunto, pero sí es utilizada de forma un poco adaptada a la celebración. Podemos verla en la misa del día de la festividad de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto, en el que la primera lectura es de los versículos 11, 19a; 12, 1.3-6a.10, con este orden, para producir el efecto de asimilación de la mujer vestida de sol con María ya asunta a los cielos; También se propone su lectura como una de las lecturas propuestas en el común de una santa mujer mártir usando el himno como preludio de la victoria de los mártires sobre la muerte, el mal y la opresión.










·        Bibliografía
-          BOVER, J. M. et O´CALLAGHAN, J., Nuevo testamento trilingüe. BAC, Madrid, 2005.
-          BROWN, R. E., El Evangelio según Juan. I-XII. Cristiandad, Madrid, 1979.
-          CHARILER, J. P. Comprender el apocalipsis. DDB. Bilbao, 1993.
-          CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA., La Sagrada Biblia. BAC, Madrid, 2011.
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-          GARCÍA CORDERO, M. y PÉREZ RODRÍGUEZ, G (coord.),  La Biblia comentada por los profesores de Salamanca. BAC, Salamanca, 1962
-          PAREDES, J. C. Mariología. BAC. Madrid, 1995
-          VANNI, U. Lectura del Apocalipsis, visión de un mundo justo. Verbo divino. Estella, 2005.
VV.AA., La Nueva Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, Bilba


[1] Un gran signo apareció en el cielo
[2] “Aparecer”, “ponerse en pie”, “huir”, “combatir”…
[3] Is 7, 14
[4] Is 40, 11; Jer 3, 15
[5] Is 52, 13-53, 12
[6] Dn 7, 7
[7] Ex 14
[8] Dt 26,9
[9] Is 7,14
[10] PAREDES, J.C. Mariología. pp. 168-169