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martes, 13 de febrero de 2018

Los sacramentos de la historia en la antigua alianza



1.       El rito religioso
El rito religioso es algo que siempre ha estado presente en la vida de los hombres. Es un aspecto tan originario del hombre que no se puede desligar de su propia forma de ser y actuar, desde los albores de la humanidad. De hecho en la Biblia aparecen varios cultos, que aunque tildados de idolatría, muestran que todas las culturas de alrededor tributan un culto a deidades, aunque solo la experiencia de Israel se presente como el culto verdadero.
El rito contiene unas claves, o rasgos identitarios por el que podemos decir que es algo colectivo, tradicional, que dota de sentido a la vida de los hombres y crea el espacio desde el que se puede pensar la existencia, tanto personal como colectiva. De esta forma vemos que si desde el principio ya se tributaba un culto a la deidad, como el que hace Abel o Noé, será el pueblo de Israel el que se organice para dar culto a Dios en la montaña de una forma organizada.
Cabe señalar que el culto es algo que no es fruto del hombre, sino que responde a una iniciativa divina. Es Dios el que se manifiesta (hierofanía), y a partir de aquí se producen dos movimientos que se reflejan en el culto:
a)      En primer lugar, la hierofanía separa lo que es sagrado, de lo profano. Estipula el espacio del mundo y el de lo sagrado (Templo, moradas, cuerpo del hombre)
b)      En segundo lugar, ayuda a orientar el tiempo. Todo el tiempo también pasa a ser sagrado, y los ritos recordaran esa consagración. Hay ritos temporales de separación (funerales), de transición (embarazos, desposorios) o de incorporación (matrimonio, paso a la adultez)
De hecho la raíz de tiempo y templo hacen referencia a un inicio común en el lenguaje. Pues el culto santifica el lugar donde se realiza y el tiempo en que se hace. Así el hombre entra en comunicación con la divinidad que se le manifiesta.

2.      Los sacramentos de Israel, a lo largo de su historia
En la Biblia lo que antes se ha presentado como la capacidad que tiene sobre el hombre el hecho religioso, tiene una concreción muy típica en el pueblo de Israel. Por eso se puede ver los efectos que sobre él tiene:
a)      El rito: tiempo de salvación
Los ritos serán para el Pueblo de Israel una forma de santificar el tiempo y la convivencia a lo largo del año. Se produce, por lo tanto, una sacralidad del tiempo en el que se observa y conmemora la acción de Dios. En cada celebración se realizan una serie de ritos que conmemoran y actualizan la acción de Dios sobre su Pueblo. Se vuelven a recordar acontecimientos del pasado como la salida de Egipto, el paso del mar Rojo, la estancia en el desierto, la subida al Sinaí, etc. pero en esta ocasión realizando un rito concreto que rememora y actualiza la acción que Dios obró y sigue obrando.
De esta manera se presenta la historia de la salvación como una historia de madurez del pueblo, que va alcanzando su independencia y sentido mientras Dios le trata de manera pedagógica. Poco a poco pasan de estar mantenidos por Dios, a tener la autosuficiencia de poder ofrecerle a Dios los frutos de sus trabajos.
El rito, en este sentido, recuerda que la historia de salvación comienza siempre con la acción de Dios que sale al encuentro del necesitado. Por eso la importancia de celebrar la liberación de la esclavitud, como comienzo de esta historia de madurez; después vendrá la purificación del desierto, así como la enseñanza de un maestro o un padre con sus hijos (la experiencia del Sinaí); concluyendo con el asentamiento en la tierra prometida, y ahora es el propio pueblo el que ofrece a Dios, un lugar el Templo y unas ofrendas, los frutos de la tierra.  Así mismo, la consagración en cada semana del sábado a Dios, recuerda que todo procede de él y hasta el tiempo debe serle devuelto como camino hacia él.
b)      El sacrificio: lectura en clave de paternidad
Los sacrificios en el pueblo de Israel sirven para unir a los hombres con Dios. Teniendo en cuenta que aquello que se ofrece es anterior al propio hombre, porque es un don que recibe de Dios, quien es el primero que dona el sacrificio. La importancia del sacrificio entraña el derramamiento de la sangre, símbolo de la vida, para que así se simbolice la unión (comunión) con Dios, ambas vidas se unen. El animal sustituye al hombre, que pasa a vivir una nueva vida junto a Dios.
Por tanto, fruto de esta comunión con la divinidad, se encuentra la paternidad de Dios. Dios que ha sido el creador y cuida del género humano, adopta a aquellos que se unen a él por el sacrificio. De ahí la importancia de un sacrificio particular, la circuncisión, la cual es símbolo de la unión con Dios que queda marcada en la piel del que es hijo del pueblo elegido, además se produce el derramamiento de la sangre signo de la alianza de Dios con este pueblo elegido.
c)      El culto genera espacio: el templo y el cuerpo
El templo se construye por una iniciativa divina, es Dios quien revela el tamaño y materiales del templo. Este edificio sirve para recordar al hombre que por medio del rito se ha creado una relación con Dios, como la que existe con el padre y el hijo. El hijo ve en la casa que ha sido acogido por su progenitor y que su existencia es fruto de ser acogido como hijo por su padre. Además el templo recuerda al pueblo la creación, de ahí la similitud con los relatos de la misma, para mostrar al hombre que la casa de Dios es el mundo.
Pero también es importante, mostrar que el cuerpo es a su vez el lugar donde Dios ha insuflado su aliento. Es por tanto un lugar de su presencia. Se crea un espacio en el propio cuerpo para entrar en comunión con Dios, de manera que la carne pasa a ser lo que te relaciona con Dios: el hijo es carne de su padre, los hermanos de la misma carne y los esposos una sola carne.
d)      Los profetas: críticas y ahondamiento del culto
A lo largo de la historia del pueblo de Israel se producen una serie de profanaciones a la presencia de Dios, se cae en varias ocasiones en impureza ritual. Los profetas van a denunciar y criticar el culto dado a Dios, porque se convierte en gestos vacíos y sin contenidos. El culto queda solo en gestos externos sin ahondar en la propia esencia de lo que se ofrece; no llega a la carne, ni el tiempo vivido, y se encierra en las piedras inertes.
Los profetas no van a querer eliminar el culto, sino que preparando el camino a Cristo, van a llevarse el rito a signos propios vividos en sus propias historias personales, a sus carnes.

3.      Los ritos antiguos a la luz de Jesús
Todos los ritos del Antiguo Testamento vislumbran un futuro, una plenitud que se alcanza con Jesucristo y la Eucaristía. Por tanto, el culmen de la acción salvífica de los ritos encuentra su lugar en la Eucaristía, que no solo los aúna sino que además los plenifica.
a)      Desde el Nuevo Testamento
Jesús afirma él mismo que no ha venido al mundo para abolir la Ley, sino para darle cumplimiento en plenitud. De ahí que haga gestos como el de curar en sábado, no para destruir este tiempo sagrado, sino para dotarle de la importancia de la acción salvífica de Dios. Toda su vida es una relectura de la Ley del pueblo de Israel, tanto es así que su propia muerte supone acabar con las ofrendas rituales, como los machos cabríos o la circuncisión. El culto es transformado desde la esperanza profética.
Jesús se convierte así, en el nuevo templo y en el culto verdadero que se ha de tributar. Su entrega obediente al Padre muestra el verdadero culto en la carne y vida del creyente. Jesús es el Hijo de Dios nacido bajo la Ley, es por tanto, un hombre y por eso puede afirmarse que con él la eucaristía parte del hombre Jesús hacia Dios, y no se espera la acción de éste, que era previa en el culto semítico.
San Pablo releerá todos los ritos e historia del pueblo de Israel desde la óptica del sacrificio de Jesús, les dotará de una nueva interpretación. Y el autor de Hebreos, también leerá los sacrificios desde el cuerpo y la entrega obediente a hacer la voluntad de Dios. De manera que se potencian dos rasgos importantes: la importancia de la filiación en la ofrenda del sacrificio; y la importancia de que el sacrificio se realice en la carne, templo y víctima de los sacrificios.
b)      La lectura tipológica de los Padres
Algunos de los primeros cristianos rechazaban la antigua Ley, veían que no tenía nada que ver el rito de Israel con la acción de Jesús. Llegando incluso a afirmar que el dios que se manifiesta en el Antiguo Testamento no es el Dios del Nuevo Testamento. Pero frente a estos, la Iglesia siempre afirmó la continuidad entre los antiguos ritos y los ritos de Jesús. Se formaron tres formas diferentes de entender el Antiguo Testamento:
1-      Algunos Padres como Orígenes, consideraban que el rito unía esponsalmente con Dios, por eso era importante su realización, en tanto en cuanto, se realizaba como muestra de esa unión. Además era una invitación para pasar del mero rito (expresión literal) al cumplimiento del espíritu de ese rito (cumplimiento moral).
2-      Otros Padres, como san Justino mártir o san Ireneo de Lyon, dieron valor no solo al cumplimiento moral, sino también al literal del culto en sí. Para ellos el realizar un rito suponía poner una limitación al pecado. El nuevo rito desde Jesús suponía la entrega total del hombre y su vida, pero el antiguo rito era ya figura de este que se realiza en totalidad y no solo en darle a Dios aquello que de él se había recibido.
3-      San Agustín, por su parte, dirá que el rito era la preparación a Jesús. De hecho para él, el judío que lo realizó de manera literal obtuvo la salvación pues era la exigencia de Dios entonces al pueblo. Quien lo practicó sin conocer el trasfondo del mismo se salvó como un esclavo que obra por obediencia a su señor; pero el que conoce el signo que se encierra tras el rito, ese se salva como un liberto.
c)      Los sacramentos de la Antigua Ley en la tradición teológica desde el medievo.
Los autores del medievo discuten sobre la continuidad o no del antiguo rito y el nuevo. Para ello acuñan dos términos para darle contenido a la acción salvífica de los sacramentos: “ex opere operantis” que hace referencia a la validez salvífica acorde con la actitud de quien realiza el sacramento; y “ex opere operato” que hace referencia la obra salvífica del propio rito, con distinción de quien lo realiza.
Dos serán las corrientes que durante la Edad Media van a discutir el efecto de los viejos ritos. Por un lado los seguidores de Hugo de San Víctor que afirmarán el “ex opere operato”, por lo tanto, los antiguos ritos son sacramentos porque dan cumplimiento a lo que después instituirá Jesucristo, seguidor de esta escuela será San Buenaventura.
Por otro lado, la posición de Pedro Lombardo, en la que tendrá más valor el “ex opere operantis”, por tanto, el antiguo rito actuará como sacramento dependiendo la actitud del que lo realiza y su fe hacia Dios. Santo Tomás seguirá esta corriente, aunque parece haber una evolución en su pensamiento. Para el Aquinate solo después de Jesucristo se puede hablar de salvación en los ritos, luego en el Antiguo Testamento el rito es muestra de la misericordia de Dios pero no se le desprende un valor salvífico.
Durante la Reforma la discusión se centrará en el tema de la justificación y la gracia, y el Concilio de Trento no querrá dar respuesta a ninguna de estas dos escuelas. Por ello no se realiza una solución dogmática y doctrinal al respecto en este período.

4.      Conclusión
Se puede concluir afirmando que los antiguos ritos son la luz con la que se comprenden mejor el camino de toda cultura a la cristiana; y también se ve el recorrido previo e histórico a los actuales siete sacramentos, que no aparecen de la nada sino que son obra de una inspiración acumulada por Dios a través del tiempo. Por tanto:
-          El culto del Antiguo Testamento hace visible la lógica de la alianza forjada por Yahvé con su pueblo.
-          El rito ordena la realidad dotándola de un espacio. Es el lugar donde se manifiesta en el templo y el cuerpo la acción de Dios
-          Con el rito se presenta la propia historia, en la que se lee la acción de Dios y se espera que sigue actuando según sus promesas.
Se puede concluir que los sacramentos cristianos son más antiguos que los de Israel (san Ambrosio) porque plenifican el ser del hombre y su oblación misma en la carne. Mientras los antiguos solo tenían capacidad salvífica por iniciativa de Dios, ahora es la propia carne de Cristo la que se entrega en unión con el hombre y Dios y dota de un sentido más profundo la vida de todos los hombres. Es el lugar de encuentro en el tiempo y el espacio con los hombres, y sirven para que podamos relacionarnos desde Jesús, con el mismo Dios que sale a nuestro encuentro.

lunes, 9 de octubre de 2017

La Gracia en la Biblia

A partir del siguiente comentario voy a extraer las ideas generales que la teología de la Biblia nos ofrece sobre la Gracia. Como texto de referencia utilizaré la obra de Ladaria: Teología del pecado original y de la gracia.

1.       La terminología de la gracia en el Antiguo Testamento
Cabe destacar dos términos con un significado diferente para entender lo que es la gracia en el Antiguo Testamento y que nos servirá para comprenderlo en el Nuevo:
Por un lado está el verbo hanan y su derivado el sustantivo hen, que vendrían a traducirse por apiadarse u obrar bien con alguien. Es por tanto un término profano, que posteriormente se va introduciendo en el lenguaje religioso. El adjetivo derivado de este concepto sería favorable o gracioso y se le adjudicaría, especialmente en los Salmos, a Dios como un atributo propio de su persona. En cambio el sustantivo hen puede ser para Dios o para los hombres y lo que se gana ante ellos.
Por otro lado nos encontramos con el sustantivo hesed que significaría bondad, amistad o amor. Este término es más común reservárselo a Dios, y al lenguaje religioso. Sería calificativo de ese amor sin medida que impulsa el obrar divino y exige una respuesta por nuestra parte, no porque se tenga que exigir, sino porque brotaría como agradecimiento por la sobreabundancia. Cabe señalar que esta respuesta jamás estaría a la altura de la gracia recibida. Unido a este sentido de gracia se encuentra a sí mismo el término emet que se traduce por fidelidad.
En la Biblia griega de los LXX el término hesed se traduce por misericordia y el hen por gracia. Es la relación amorosa de dios lo que exigiría, teniendo en cuenta estos conceptos, el saber que Dios elige a su pueblo por amor y que esta respuesta a su amor jamás colma los beneficios que él ha tenido para con sus elegidos.

2.      La «gracia» en el Nuevo Testamento
El término χαρις significaría en el Nuevo Testamento la benevolencia o favor que se da gratuitamente, contrario a todo aquello que se debe u obliga. Cabe señalar que es un vocablo no utilizado ni en Mateo ni en Marcos, en Juan aparece algo en sus escritos y en Lucas y Hechos no siempre es utilizado con esta carga explicativa. Sin embargo en los escritos paulinos, ocupará un significado central para designar la estructura del acontecimiento cristo.
De esta forma podemos concluir que para Lucas en su obra podemos encontrarlo con la significación veterotestamentaria del «favor» de Dios. Pero también vemos que los predicadores del Evangelio son encomendados a la gracia de Dios. En los Hechos se habla además del testimonio del «evangelio de la gracia de Dios», es decir, de su amor y su benevolencia. A la gracia se une el poder, la realización de signos y prodigio; será también el resultado de la predicación, la recepción de la fe; el estar en la «gracia de Dios» querrá decir tanto como permanecer en la fe del Evangelio. Por último la palabra del Evangelio parece ser, para Lucas, la expresión del amor de Dios, de su «gracia».
En Pablo será donde encontremos la mayor carga significativa de este vocablo. Para él es lo más importante como estructura de la salvación de Dios acontecida en Jesús, como aquello que se recibe sin merecerlo. Al concepto de gracia se une la fe y ambas se oponen al solo obrar, al concepto de obras. La gracia sería aceptar la acción de Dios y renunciar a la autoafirmación del hombre. De igual forma, podemos afirmar que la gracia es ser como Jesús y compartir la vida con Dios, en relación a él. Sería también ser el propio Jesús, como un sustitutivo del nombre de Jesús por Gracia, su propia persona es gracia; así como el poder de Dios es también para él gracia que fortalece al hombre en su debilidad. Por último, la identifica a su vez con la propia misión recibida. Pero en general es el don de Dios dado a los hombres por igual
En los escritos joánicos, especialmente en el prólogo del evangelio, aparece el termino gracia referido a la verdad. La gracia y la verdad pueden entenderse como traducidos del hesed y el emet que se veía en el apartado anterior. Por tanto la gracia es unida a un propio calificativo de Cristo. Cristo es la verdad, el logos, la gracia, etc. 

En resumen la gracia en el nuevo Testamento es un don gratuito de Dios, es Jesús mismo, su persona, y a la vez la propia actitud del creyente que está unido a él. Por tanto es algo que se recibe de Dios y no se agota con el propio obrar humano. La definición final sería que la gracia es el acontecimiento gratuito de la salvación escatológica en Jesucristo, que es la que es la autocomunicación radical del Dios trino, y la inclusión del hombre (y, en su medida, del mundo), otorgada también gratuitamente por Dios, en este acontecimiento mediante la participación en la vida del mismo Jesús.