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jueves, 12 de febrero de 2015

Comentario sobre: "Verdad del mundo" de H.U. Von Balthasar

Von Balthasar presenta en su obra Teológica I, la verdad del mundo. Trata de este trascendental del ser (la verdad) como algo que se descubre al contacto con ella. Para él la verdad será algo innato pero que tan solo se puede decir al contacto con ella, al igual que el agua al nadar o el amor al experimentarse. De manera que existirían dos formas de acercarse a esta verdad: como la verdad del mundo que nos rodea, tema tratado por la filosofía; y como la verdad revelada por Dios, tratado por la teología. Balthasar propone una unión entre ambas disciplinas para alcanzar el estudio de la Verdad como propiedad del Ser y del conocimiento.
Por este motivo, y justificado el objetivo de este texto, vamos a ver a lo largo del siguiente comentario tres ideas sobre la verdad que se irán desarrollando: Por un lado que suponen las dudas y el escepticismo hacia la verdad, que ocurre con la doble perspectiva griega y judía del preconcepto de verdad y, por último, veremos la relación de implicación que supone el objeto-sujeto de la verdad.
Para ello debemos volver a la ya citada concepción de que el hombre tiene la idea de Verdad innata, lo cual no quiere decir que pueda someterla a duda. Pero no es una duda escéptica, sino una duda de que pueda existir una verdad general a través de las dudas particulares que se generan. La duda escéptica por su parte, sería el dudar de todo, aunque para ello deberé comenzar afirmando al menos que es verdad que existo y que hay un acto de pensar. Por tanto hay algo que es verdad.
De esta manera, a través del acto de pensar, el ser aparece. Decir que el ser aparece se desarrolla en una idea doble, por un lado vemos el Ser y por otro el aparece. Por tanto afirmamos que el ser existe, y que a su vez es cognoscible la verdad de éste.
El ser se devela ante un alguien, que es un sujeto, con indiferencia de la carga que podamos darle al objeto develado que es el ser. De esta forma aparece ante nosotros la doble perspectiva griega y judía. Para los griegos el preconcepto de verdad sería un Ser que no es oculto, y que por tanto se puede captar, aprehender, es el aletheia. Para los judíos, además el ser es emet, es decir, fiabilidad y confianza. Por tanto el ser no es algo oculto y además es algo que nos da confianza y fiabilidad. Se abre por tanto el camino hacia la verdad como algo que no es oculto y que es fiable.
Este camino que abre la verdad conduciría a una verdad más amplia aún. No se encierra en sí misma, sino que la verdad explosiona hacia la exterioridad, hacia lo otro. Sale de sí misma.
Esta salida de sí es la que nos conduce a una relación de implicación entre el sujeto y el objeto. Mediante la relación observamos que el objeto es comprendido en el propio sujeto y a la vez el sujeto es introducido en el mundo por el objeto. Esta relación nos lleva a plantear que el conocimiento mundano no puede ser un simple medir, ni el conocimiento divino un mero creador. Sino que la verdad consiste en la duplicidad que se genera del medir y del ser medido. De la unión de relación entre ambos conocimientos, que nos llevarían a la verdad.
Por tanto el recorrido a seguir sería en tres pasos, según Balthasar:
1º Reconocer que la Verdad no es algo oculto, sino algo que se puede conocer y alcanzar.
2º El Ser se desvela en totalidad de manera potencial, y no parcialmente.

3º Existe una polaridad entre el sujeto y el objeto que hace por un lado que el sujeto sea introducido en el mundo de la verdad; y además, el objeto otea y juzga al sujeto..

Notas sobre el Ser en el libro XII de la Metafísica de Aristóteles

En el libro XII de la Metafísica de Aristóteles nos encontramos con un análisis de la esencia de las cosas. Aristóteles sitúa la esencia como objeto de estudio a la hora de hondar en la búsqueda de los principios y las causas de todo. Hablará por tanto, de la existencia de tres tipos de esencias: dos sensibles y una suprasensible que es el Ser supremo o Dios. Aunque a esta conclusión llega al final del libro XII, tras un análisis de las esencias y la existencia de las mismas.
El ser es la esencia máxima que dota de sentido al resto de esencias del mundo. El ser nos lo presenta ya desde el primer punto de su comentario metafísico como una esencia inmóvil e independiente de otras esencias. por este motivo, el ser no tiene ningún principio que sea común a la propia esencia suprasensible o a las otras dos esencias sensibles que forman el resto del mundo.
Hablando de los principios de los seres sensibles observamos que las causas de todo lo que existe, de todas las demás cosas, son las sustancias que pueden existir aparte. El Ser, Dios, es la sustancia suprema que vive aparte de cualquier otra sustancia. Es la suma sustancia, y la máxima esencia que no necesita de otra para existir.
Pero al ver la existencia de los seres sensibles, nos damos cuenta de que esta esencia primera necesariamente tiene que ser inmóvil. Pues Aristóteles afirma que lo cambiante no puede ser eterno, sino que está sometido a los procesos de generación y corrupción. Esta invariabilidad del ser es lo que le hace ser el primer motor de todo lo que se mueve, de todo lo que habita el mundo sensible.
Este primer motor que mueve sin ser movido es Dios. A partir de llegar a la conclusión de Dios como el primer motor, Aristóteles lo catalogará como:
-         Esencia pura y actividad pura. No es un ser en potencia sino en continuo acto, es un presente continuo.
-         Su motor es el del amor, mueve sin ser movido pues todo lo sostiene en esa tensión que se crea entre el ser amante y el objeto amado.
-         Además como ser necesario es el sumo bien. Posee la facultad de ser el bien al que todo lo demás aspira.
-         Por último hay que señalar que es la inteligencia perfecta, que se piensa a sí mismo. Siendo feliz en su propio pensamiento eterno y perfecto

Por tanto llegamos a la conclusión, junto con Aristóteles, de que Dios sería el ser supremo. Que existe porque es necesario y siendo necesario es inmóvil, eterno, poseen la esencia pura y la actividad pura. Mueve a todas las cosas por amor siendo el sumo bien; y posee la felicidad perpetua pensándose a sí mismo.