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martes, 10 de octubre de 2017

COMENTARIO EXEGÉTICO A LA PERÍCOPA JN. 13, 1-20.

"Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llega a Simón Pedro; éste le dice: "Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?" Jesús le respondió: "Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde." Le dice Pedro: "No me lavarás los pies jamás." Jesús le respondió: "Si no te lavo, no tienes parte conmigo." Le dice Simón Pedro: "Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza." Jesús le dice: "El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos." Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: "No estáis limpios todos." Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. "En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. "Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. "Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe, me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a aquel que me ha enviado." 
(Juan 13, 1-20)


a)    Estudio literario
1.       Delimitación de la perícopa
Siguiendo la división que propone el exegeta Raymond Brown, heredero de una tradición al respecto, vemos que el Evangelio según San Juan está escrito en dos partes que va del primer capítulo hasta el número doce, donde se desarrolla el llamado “Libro de los Signos” y ahora, a partir de este versículo comienza la segunda parte conocida como el “Libro de la Gloria”.
Hay dos características que diferencian esta segunda parte, de la anterior. En  primer lugar va dirigido al grupo reducido de los que creyeron en Él y, en segundo lugar, “describe la glorificación, es decir, «la hora» de la pasión, crucifixión, resurrección y ascensión en que Jesús es elevado hasta el Padre para gozar nuevamente de la gloria que tuvo junto a él antes de que existiera el mundo[1]. Estas diferencias se manifiestan ya en el primer versículo del Libro de la Gloria: «Sabía Jesús que había llegado para él la hora de pasar de este mundo al Padre; había amado a los suyos que vivían en el mundo y los amó hasta el extremo».” Nos encontramos, tras esta introducción al libro, en un lugar concreto, en una zona habilitada para cenar  y con unos protagonistas delimitados que son Jesús y los suyos “antes de la fiesta de la Pascua”.
Por tanto, es bastante fácil delimitar la perícopa en el inicio de la misma pero sí encontramos alguna que otra dificultad al querer delimitarla en el versículo 20 de este mismo capítulo, pues el versículo 21 retoma un asunto anunciado en los versículos 2, 10 y 18, la traición de uno de sus allegados. De esta forma, supondría una continuación del discurso pues no tenemos un cambio en el entorno ni en los interlocutores que son los mismos. Podríamos delimitarlo por lo tanto, siguiendo un criterio de contenido teológico del relato. En los primeros veinte versículos se narra el lavatorio de los pies y la lección que comporta; mientras que en los siguientes se centra en la acción que desempeñará Judas, el traidor, en la historia de la Salvación.


2.      Contexto literario e histórico-cultural.
Aunque como hemos afirmado antes hemos pasado del Libro de los signos al Libro de la gloria, la situación espacial de esta perícopa es exactamente la misma, Jerusalén, debido a la proximidad de la Pascua. Sin embargo, Jesús ha comprobado que los signos no son suficientes para que crean en él[2], de modo que renuncia a seguir realizando nuevas obras prodigiosas y da comienzo una instrucción más íntima para sus discípulos. Este libro que tiene la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús comienza con un signo concreto y significativo, el lavatorio de los pies durante una cena pascual, como expresión de humildad absoluta e invitación al seguimiento y la imitación.
El texto, como ya se ha indicado, nos sitúa en Jerusalén, concretamente en una casa donde tiene lugar una cena pascual. Todo judío varón mayor de doce años debía ir a la capital de Judea a celebrar la Pascua para conmemorar el rescate de los israelitas de la opresión egipcia por parte de Dios. De esta manera, Jesús y sus discípulos peregrinaron hacia allí para cumplir lo prescrito por la Ley. No está muy claro si nos encontramos ante una cena pascual o no. Lo que sí se sabe es que para celebrarla hacían falta un mínimo de diez personas y en el texto se nos indica que estaban los discípulos, sobrepasando el número mínimo necesario.
Por otro lado, la legislación judía[3] prescribía comer la cena pascual en la tarde con que finalizaba el 14 y comenzaba el 15 de Nisán. Pues bien, en Juan la última cena que compartió Jesús con sus discípulos no se especifica con exactitud qué día fue, simplemente que sucedió con anterioridad a la Pascua, situando en la víspera de la Pascua la condena y crucifixión del Señor. De esta manera, parece improbable que fuera una comida pascual. Sin embargo, en detrimento de los argumentos sinópticos que narran la secuencia de acontecimientos como pascuales (de hecho, la última cena es una cena pascual, y las torturas acaecen el 15 de Nisán), parece improbable que la flagelación, el camino con la cruz, la sepultura, etc. tuvieran lugar el día de fiesta, lo que apoya la cronología de Juan. En este sentido, cabe decir que la cena presenta rasgos pascuales que ya desarrollaremos más adelante.
Con respecto a la costumbre de lavar los pies, era necesaria si tenemos en cuenta que normalmente el calzado consistía en sandalias, así que era normal que tuvieran los pies llenos de polvo. Las normas de hospitalidad exigían al huésped que ofreciera agua para lavarse los pies. Pero así mismo, la Ley judía no permitía al señor pedirle a su esclavo, si este era judío, que le lavara los pies[4]. Sí lo podía hacer un discípulo por su maestro en señal de respeto; pero al hacerlo, Jesús se humilla y adopta la condición de siervo, es un abajamiento en su condición de Señor y Maestro, a la de siervo y discípulo.
3.      Género literario.
Nos encontramos ante un texto narrativo que comprende un signo, el lavatorio de los pies por parte de Jesús a sus discípulos. Hay además un pequeño diálogo entre Cristo y Pedro, y un monólogo de Jesús acerca de la humildad.
4.      Dificultades textuales.
La crítica textual nos dice que en el versículo 2 se puede leer o “estaban cenando” o “acabada la cena”, según el manuscrito que se siga; en el versículo 7, algunos manuscritos omiten la palabra “ahora”; en el versículo 10 también es frecuente que no aparezca “más que los pies”. Pero ninguna de estas palabras o expresiones tiene gran importancia teológica.
5.      Fuentes de la perícopa.
Como fuente de la perícopa podemos decir que es de tradición joánica, pues el signo del lavatorio de los pies en sí no aparece en ningún otro evangelio. Aunque sí encontramos ciertos paralelos que sí se encuentran en otros pasajes de los sinópticos como que Jesús tiene una cena con sus discípulos antes de la Pascua, el anuncio de que hay un traidor entre ellos, la sentencia “el criado no es más que su amo”. Sin embargo, según estudiosos como Bultmann, es fruto de reelaboraciones posteriores, pues considera que los versículos del 7 al 11 fueron añadidos posteriormente.
6.      Recursos literarios y estilísticos.
Utiliza mucho el presente histórico durante toda la narración (“se levanta”, “se quita el manto”, “se ciñe la toalla”) para darle un carácter interpelante hacia los lectores.
También utiliza el tono imperativo en las instrucciones que Jesús da a sus discípulos con una finalidad concreta: “debéis”, “para que creáis”, “también lo hagáis”.
Hay una referencia cruzada a la fiesta de la Pascua, detalle de gran relevancia para el curso de los acontecimientos pues motiva que Jesús viaje a Jerusalén, donde se desarrollará la Pasión; otra referencia cruzada sería al Salmo 40, pues aparece que se debe cumplir la Escritura. Se utiliza dos veces la fórmula de inicio de sentencias de Jesús: “en verdad, en verdad os digo” en los versículos 16 y 20.
Paralelismos antitéticos en versículo 3: “venía de Dios y a Dios volvía”; y también de tipo sinónimo en el versículo 14: “os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”, o en el versículo 20: “el que recibe a quien yo envíe, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.
Por último también nos encontramos con una serie de elementos como los dichos populares del versículo 10 y 16, paréntesis explicativos en los versículos 2 y 11 y una pregunta retórica con cierta ironía en el versículo 12: “¿Comprendéis lo que he hecho?”
7.      Vocabulario significativo.
“Amó hasta el extremo”, “Yo soy”, cena, ceñir, corazón, diablo, discípulos, hora, jamás, lavar, limpio, los suyos, Maestro, mundo, Padre, Pascua, quitarse (el manto), recibir, saber, Señor.
8.      Estructura.
Podríamos dividir la perícopa en tres partes, con una introducción al Libro de la Gloria, y dos interpretaciones diferentes del lavatorio de los pies.
v. 1: Introducción al Libro de la Gloria.
vv. 2-11: El lavatorio, interpretado como símbolo de la muerte de Jesús, con referencia secundaria al bautismo. Esta parte además se dividiría en otras cuatro partes:
·         vv. 2-3: Introducción.
·         vv. 4-5: Lavatorio.
·         vv. 6-10a: Interpretación en diálogo.
·         vv. 10b-ll: Alusión a Judas.
vv. 12-20: Otra interpretación del lavatorio, como ejemplo de un humilde servicio. Dividido a su vez en tres momentos:
·         vv. 12-15.17: Interpretación en discurso.
·         vv. 16 y 20: Sentencias aisladas con paralelos en Mateo.
·         vv. 18-19: Alusión a Judas.
b)   Estudio Teológico
Parece ser que la enseñanza principal que recoge esta perícopa es la humildad que todo seguidor de Jesús debe vivir como pilar de su propia existencia. Jesús es el Maestro, es el Santo de Dios[5], y también es el Salvador del mundo[6]. Sin embargo, se ciñe él mismo la toalla como si de un sirviente se tratase. Esto significa que el que quiera seguir al maestro ha de comportarse igual que él, servir y no ser servido. Este gesto representa anticipadamente la muerte, pues el lavatorio es un servicio al prójimo al igual que lo será cuando entregue su vida por los demás. Todo ello hecho por el amor que nos tiene, es la prueba mayor del amor que nos profesa Jesús, es capaz de rebajarse a la condición de servicio incluso hasta la muerte.
Por tanto hay una clara referencia en esta acción con su muerte, es decir, con la pasión. Prueba de ello la tenemos en el empleo de la expresión “se quitó” (es un despojarse), que es el mismo verbo que usará en Jn .10, 11.15. Para referirse a la entrega de la vida. Además, a esto se suma el término “hora”, que será clave en esta sección del libro de la gloria, es el momento clave de su pasión, lo que supone una victoria, por significar el regreso al Padre. De esta manera, la pasión, muerte, resurrección y ascensión han de ser entendidas como un todo y llevar al seguidor de Cristo a un acto de fe completa en Él.
Todo esto lo hace por nosotros, porque Jesús nos amó hasta el extremo. De hecho en su pasión se ve la entrega oblativa de su vida, que es fruto del amor que Dios nos tiene. Brown apunta un doble significado de la expresión del versículo 1: “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”:
-          Según Brown, por un lado recoge un contenido de finalidad, hasta el término de la vida, porque ese amor conlleva el fin de su vida
-          Por otro lado se nos presenta la muerte voluntaria como expresión suprema del amor.
En cualquier caso, que el Hijo de Dios esté dispuesto a someterse a la muerte hace que el elemento de entrega por amor y en actitud humilde adquiera más fuerza. Por tanto, apunta Brown que esta obra de servicio es relacionada con la pasión del Señor, es un anuncio de la necesidad salvífica de su muerte, que dará a los hombres la posibilidad de tener parte en su herencia y que limpiará del pecado.
También tenemos, con una gran significación, el término “mundo”, el cual en esta sección del libro de la Gloria aparece casi siempre relacionado con el ámbito del mal, aunque en realidad, en el versículo 1 hace referencia a la oposición entre lo de abajo y lo de arriba, entre lo terreno y lo celestial. Es importante conocer esta apreciación para entender el proceso de abajamiento de Dios, de arriba abajo y no como una contraposición entre lo bueno y lo malo.
De igual forma podría decirse que es una perícopa sacramental, pues en ella podemos descubrir una alusión a la eucaristía. En Juan el lavatorio de los pies sustituye la acción de Jesús sobre el pan y el vino, ambas son fruto del amor. Proceden del amor y conducen a él por su repetición. Aunque algunos autores lo discuten porque no aparece ninguna alusión a las especies, el pan y el vino, ni a las acciones de comer o beber; de esta manera, se piensa que pueda hacer más referencia al bautismo, aunque de forma secundaria, pues, de hecho, se emplea el verbo “bañar” (utilizado en el Nuevo Testamento para referirse a este sacramento), ya que no podemos olvidar que la purificación del pecado era una parte importante de las expectativas judías respecto al baño escatológico.
También se debe de resaltar que en todo momento se quiere dejar constancia de que Jesús es dueño de su vida y domina las circunstancias. No es un prisionero del devenir que se deja arrastra por las circunstancias, sino el dueño y señor de cada acontecimiento. Él dona su vida de forma totalmente voluntaria, aunque sabe que uno lo va a traicionar, sabe también que sufrirá dolor, pero lo acepta porque es obediente hasta el extremo al mandato del  Padre, con quien forma una unidad tal que recibir a uno supone recibir al otro.
Este texto es clave así mismo para entender que Juan cuando nos narra un signo, pretende revelarnos algo más de la identidad de Jesús, en este caso concreto se trata de las características de su amor. Para Cristo el amor es lo más importante, es lo que mueve su vida, es lo que permite esa identificación de Él con el Padre, y si nosotros lo imitamos, también a nosotros se nos identifica con él y el Padre.
Para acabar este comentario, habría que indicar el papel que tiene en la liturgia. Es un texto de tal importancia en la dimensión celebrativa de la Iglesia que se utiliza el jueves santo a modo de última cena para invitar al servicio, a la igualdad de dignidades, a la humildad y al amor, que permite aguardar con esperanza la Resurrección; cabe señalar que se lee solo hasta el versículo 15, reservando la perícopa desde el 16 al 20 al jueves de la IV semana de Pascua concluyendo con ello el relato, que ha quedado suspendido en el tiempo. Es una perícopa central en el sentir de la Iglesia que lo sitúa en su fiesta más importante.
·        Bibliografía
-          BOVER, J. M. et O´CALLAGHAN, J., Nuevo testamento trilingüe. BAC, Madrid, 2005.
-          BROWN, R. E., El Evangelio según Juan. XIII-XXI. Cristiandad, Madrid, 2000.
-          VV.AA., La Nueva Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1998.



[1] Cf. Jn 17,5
[2] Cf. Jn 12,37
[3] Cf. Lv. 23,5
[4] Cf. Ex 21, 2
[5] Como también puede verse en Jn. 6,69
[6] En Jn. 4,42 se le cita así

COMENTARIO EXEGÉTICO A LA PERÍCOPA JN. 5, 1-18.

"Después de esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén una piscina Probática que se llama en hebreo Betzatá, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Porque el ángel del Señor se lavaba de tiempo en tiempo en la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, recobraba la salud de cualquier mal que tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: "¿Quieres recobrar la salud?" Le respondió el enfermo: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo." Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y anda." Y al instante el hombre recobró la salud, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: "Es sábado y no te está permitido llevar la camilla." Él les respondió: "El que me ha devuelto la salud me ha dicho: Toma tu camilla y anda." Ellos le preguntaron: "¿Quién es el hombre que te ha dicho: Tómala y anda?" Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús lo encuentra en el Templo y le dice: "Mira, has recobrado la salud; no peques más, para que no te suceda algo peor." El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que le había devuelto la salud. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado. Pero Jesús les replicó: "Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo."Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios." 
(Juan 5, 1-18)

a)                Estudio literario
1.                   Delimitación de la perícopa
Nos encontramos ante una perícopa que viene delimitada por los siguientes marcadores: nuevos personajes como el enfermo curado, los otros enfermos y los judíos (v. 1); la indicación temporal de “después de esto” y una indicación espacial que se refiere a que Jesús subió a Jerusalén. La unidad narrativa nos llevaría hasta el v. 47, el final del capítulo, pues encontramos un signo y un discurso que se provoca a colación del signo. Pero nos quedaremos solo con la parte del signo que va desde el v. 1 al 18. Sin embargo se ha de tener en cuenta que es el comienzo de un diálogo mucho más amplio.
2.                  Contexto literario e histórico cultural.
El texto que vamos a estudiar pertenece a la primera parte del Evangelio de Juan: el llamado Libro de los Signos. Dentro de este gran bloque, el texto pertenece a la segunda sección, en la que se nos presenta a Jesús como la Palabra que da Vida. Pero a la vez vemos que se divide en dos signos: la curación por la Palabra de Jesús del hijo del funcionario real, en el capítulo anterior, y la del paralítico de Betzatá, que por la Palabra de Jesús se levanta y camina, y también tenemos un discurso sobre la obra de Jesús como Hijo del Padre. En nuestra perícopa Jesús cura a un hombre que ya no tenía esperanza alguna de vivir sano. Frente al hecho manifiesto de la impotencia humana ante la enfermedad, se alza la fuerza sanadora, de vida, que tiene la Persona de Jesús, fuerza que viene de su unidad profunda con el Padre.
La referencia que se hace a los judíos no es solamente por motivos de pueblo étnico sino que se refiere también al pueblo que vive su fe de una forma determinada. De hecho se hace referencia a que hay una fiesta que se celebra, una fiesta que sin duda hace referencia a una fiesta judía[1]. Brown afirma que probablemente se tratase de una de las tres grandes fiestas de peregrinación (Pascua, Pentecostés o Tabernáculos), pues estas se celebraban en Jerusalén. Una antigua tradición de la Iglesia griega identifica esta fiesta como Pentecostés, idea que aceptan algunos investigadores modernos, pues esto explicaría las alusiones que se hacen a Moisés, pues en esa fiesta se celebraba la entrega de la Ley en el Sinaí. La fiesta de Pentecostés recuerda el don de la Ley al pueblo, y el símbolo por excelencia de la Ley es el agua. El signo está muy ligado a la Ley. En la fiesta de Pentecostés, los sacerdotes recogían agua de Siloé en dos grandes cántaros de oro que se vertían sobre el altar, como símbolo de la Ley.
Sin embargo tras la fiesta, en la segunda parte de la perícopa (9b-18) habla del sábado. Este día es una parte esencial del sistema sociocultural judío, al que Jesús se está refiriendo, y al que probablemente la comunidad joánica se está enfrentando también. El sábado es el día más sagrado para el judaísmo, un día inviolable, símbolo (junto con la circuncisión) de la Alianza de Dios con su pueblo[2]. Y la obligación de guardar el reposo sabático es esencial para los judíos.
3.                  Género literario.
Encontramos el relato de un milagro de curación, seguido de un discurso sobre el sábado y un discurso de epifanía: Jesús se manifiesta como Hijo de Dios.
4.                  Dificultades textuales.
Para muchos autores, por cuestión de contexto geográfico (Galilea-Jerusalén), el orden correcto de los capítulos sería 5, 7, 6. Sin embargo en la actualidad nos ha llegado en este orden.
En el versículo 2 encontramos que la tradición manuscrita ha nombrado a la piscina de varias formas: Betsaida, casa de las dos fuentes es la más común; Betzata, la piscina del barrio nuevo, en alusión al barrio de mismo nombre; Betesda tayim, la piscina de las dos fuentes o Betesda, casa de la misericordia o de la gracia.
En el versículo 4 encontramos que en algunos manuscritos dicen se lavaba y otros dicen bajaba. La tradición alejandrina omite el final del versículo 3 y el 4 entero. Esto se debe probablemente a que la idea de que el Ángel del Señor se bañase en una piscina resulta demasiado extraña, incluso chocante. Pero este versículo resulta necesario para poder comprender después el versículo 7.
En el versículo 15 vemos como en algunos manuscritos aparece el verbo contar, decir, acusar, denunciar y en otros aparece anunciar, testimoniar. Parece más lógico que la opción correcta sea la segunda, puesto que en el Evangelio de Juan aquel que es curado por Jesús sale siempre a anunciar, a proclamar.
5.                  Fuentes de la perícopa.
Este es un relato propio del Evangelio de Juan. Pero, aunque no aparezca en los sinópticos existen referencias cruzadas con estos. En la tradición sinóptica aparece la curación de un paralítico[3], así como varias curaciones en sábado[4]. El gran número de alusiones nos indica una gran verosimilitud. Es muy probable que detrás de este relato se encuentre un hecho histórico reelaborado por la tradición joánica y estructurado como un solo relato, cuando en el origen eran dos o más.
6.                  Recursos literarios y estilísticos.
Haciendo un estudio literario de esta perícopa podríamos encontrar los siguientes recursos: presente histórico: Le dice, lo encuentra en el Templo y le dice; también hay un serie de diálogos; la famosa ironía joánica: Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: “¿Quieres recobrar la salud?”; hay paréntesis explicativos: “Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado”  y “Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios”; y simbolismo numérico: como los cinco pórticos pues para los judíos  hace referencia a los cinco libros de la Torá o los treinta y ocho años que es una referencia al tiempo que pasó Israel en el desierto. Como se puede apreciar es un texto que cuenta con los recursos literarios y estilísticos más comunes del Evangelio de Juan.
7.                  Vocabulario significativo.
Existe un vocabulario significativo al respecto del evangelio de juan que llama la atención por su singularidad en el uso. Estas palabras que se identifican esta perícopa son: Judío, Padre, Sábado y Templo. Son palabras con una alta dosis de significación y que destacan el qué y qué significado tiene el texto.
8.                  Estructura.
Esta perícopa puede dividirse en dos grandes bloques de contenido:
-          De los versículos 1-9a tenemos el relato de la curación del paralítico.
-          Tras éste tenemos en los versículos 9b-18 la controversia sobre el sábado.


b)     ESTUDIO TEOLÓGICO
El tema principal de esta perícopa no es la curación del paralítico, sino la eficacia de la Palabra sanadora de Jesús, aunque es muy probable que el relato esté basado en un hecho histórico que ha sido reelaborado por la tradición joánica, de forma que el protagonista ya no es el paralítico, sino Jesús. Así pretende transmitirnos la actualidad del poder salvífico de Jesús, el cual le viene de su relación única con el Padre en contraposición con las instituciones judías, que no salvan. El judaísmo, con su sistema religioso ha logrado una multitud de enfermos, ciegos, cojos, mancos, gente desgraciada. El paralítico representaría a todo un pueblo que camina entre penalidades. Jesús, sin embargo, se hace cercano a ese pueblo, toma la iniciativa, su Palabra es poderosa y sanadora, porque su referencia última es el Padre, Jesús es el Enviado del Padre. Es presencia de ese Dios en el que creemos, un Dios salvador.
La piscina tiene cinco pórticos: por lo que podríamos ver que hay dos referencias a la Ley: por un lado el agua y por otro los pórticos. La Ley se comentaba debajo de los pórticos del Templo. La Torá está conformada por cinco libros. El contexto es de confrontación con el sistema religioso judío.
El paralítico, cuyo nombre no se dice, viene a representar a todos los que viven bajo el sistema judío, que están enfermos y esperan una salvación que no les llega. Como ya habíamos visto más arriba, la referencia a los 38 años llevó a los Padres de la Iglesia a relacionar esta perícopa con el Deuteronomio, que habla de los años de la peregrinación de Israel por el desierto. Así, Jesús aparece como el nuevo Moisés, poderoso en palabras y en obras, porque Dios está con Él. Para la mentalidad judía la enfermedad es consecuencia del pecado, por eso los enfermos no pueden entrar en el Templo: por su pecado quedan impuros y no podían acercarse a Dios. El pecado los separa de Dios y del prójimo, les deja en total soledad.
Dirá el paralítico a Jesús: “Señor, no tengo a nadie que me ayude”. En realidad, está rodeado de gente, pero nadie puede ayudarle, porque todos están enfermos al igual que él. En el agua de la piscina, el agua de la Ley, de la Torá, estaba la Salvación de Dios, a la que se entraba a través de los cinco pórticos, símbolo de los cinco libros, la puerta de entrada a la Ley, a la salvación, según la mentalidad de los judíos. Pero el sistema judío es ya un sistema caduco. Ya no tiene acceso a la Salvación; la salvación, la salud, no viene del judaísmo, sino de la persona de Jesús. Por eso Jesús no ayuda al hombre a entrar en la piscina, sino que pasa de inmediato a la acción. Pronuncia su Palabra soberana: “¡Levántate, toma tu camilla y anda!” y al instante el paralítico comienza a andar. En la persona de Jesús es Dios mismo quien se acerca al paralítico. Es el mismo Dios quien lo cura, lo sana, lo salva, le devuelve a la pureza. Ya no es necesaria la intermediación de la Ley. El Hijo que viene del Padre nos muestra con sus signos la acción salvadora de Dios que se sigue produciendo en el mundo a la vez que manifiesta su identidad divina como Hijo de Dios.
Jesús rompe así con la ley de la impureza como rompe con la ley del sábado. Él es el Creador del Sábado y el Señor del Sábado. Para la mentalidad legalista judía era muy difícil llegar a conciliar el descanso de Dios después de la Creación con su constante actividad de gobierno del mundo. Por eso, para ellos su actividad como Creador concluye el día sexto. Mientras que su actividad como Juez no cesa jamás. Jesús identifica su propia actividad con la del Juez soberano: “Mi Padre trabaja hasta ahora y Yo también trabajo”.
Si quisiéramos realizar una actualización existencial de la perícopa veríamos que Jesús da tres órdenes al paralítico: “¡Levántate, toma tu camilla y anda!”, es lo mismo que a nosotros nos pide hacer en nuestra vida: Nos ayuda a levantarnos, a salir de la postración en la que nos encontramos; nos invita a cargar con nuestra cruz, a no renegar de ella, y por último nos invita a ponernos en camino.
A lo largo de este camino, como hizo con el paralítico, Jesús tomará la iniciativa y saldrá a nuestro encuentro. El fruto del encuentro con Jesús es el ardor misionero, el deseo de transmitir a los demás la Buena Noticia de Salvación que hemos recibido. El que recibe la gracia sanadora de Jesús no puede permanecer callado y debe anunciar la Buena Nueva.
En la liturgia encontramos este pasaje en el martes de la cuarta semana de Cuaresma como una invitación a la conversión, a la confianza en la Palabra de Jesús que nos anima a continuar en el camino, que nos sana y nos envía a anunciarlo.







·        Bibliografía
-          BOVER, J. M. et O´CALLAGHAN, J., Nuevo testamento trilingüe. BAC, Madrid, 2005.
-          BROWN, R. E., El Evangelio según Juan. I-XII. Cristiandad, Madrid, 1979.
-          VV.AA., La Nueva Biblia de Jerusalén. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1998.



[1] Se dice que hubo una fiesta judía pero no se especifica cual es.
[2] Véase Ex 20, 8-11; Dt 5 12-15.
[3] Lo podemos ver en Mt 9, 1-8; Mc 2, 1-12; Lc 5, 17-26.
[4] En Mt 12, 9-14; Mc 3, 1-6; Lc 6, 6-11; 13, 10-17; 14, 1-6.