miércoles, 25 de diciembre de 2019

La Cristología de Leonardo Boff


1-     El autor
Genésio Darci Boff nace en Concordia (Brasil) el 14 de diciembre de 1938. Siendo nieto de un italiano venido desde el Véneto a Río Grando do Sul a finales del siglo XIX. Pertenece a una familia de once hermanos de los cuales uno ingresará en la Orden de los Frailes Siervos de María y una hermana será religiosa. Él, a su vez, ingresará en 1959 en la Orden de los Frailes Menores (Franciscanos), tras haber realizado sus estudios primarios y secundarios en Concordia, Río Grande y Agudos (Brasil). Estudia Filosofía en Curitbia y Teología en la Universidad de Petrópolis.
En el año 1970 es enviado por su Orden a realizar el doctorado en Teología y Filosofía en la Universidad de Múnich (Alemania). Allí conoce y se convierte en su mentor, el teólogo Karl Rahner. Pero también comparte estudios y amistad con otros profesores como Joseph Ratzinger, el cual llegó a subvencionar la publicación de su tesis doctoral por ser uno de sus alumnos aventajados en la Universidad. Doctorándose en 1972.
Tras su etapa en Alemania vuelve a su Brasil natal para ejercer como profesor de Teología Sistemática y Ecuménica en el Instituto de Teología Franciscano de Petrópolis. A la vez ejercerá de profesor de Teología y Espiritualidad en varios centros de estudio y universidades de Brasil y del exterior, siendo destacable su calidad de profesor visitante en las universidades de Lisboa (Portugal), Salamanca (España), Harvard (Reino Unido), Basilea (Suiza) y en Heidelberg (Alemania), entre otras.
Como reconocimiento a su labor docente e investigadora se le conceden diferentes premios académicos a lo largo de su vida y en distintos centros por el mundo, destacando el ser doctor honoris causa en política por la Universidad de Turín (Italia), en Teología por la Universidad de Lund (Suecia), en Periodismo y comunicación social por la Universidad Nacional de la Plata (Argentina) y en Ciencias de la Tierra por la Universidad Iberoamericana Puebla (México).
Se dedicó a lo largo de su vida a la publicación y difusión de varios artículos y revistas de investigación. Entre estas funciones destaca su participación entre 1975 y 1985 del consejo editorial de la Editorial Vozes. Donde participó en la coordinación de la colección “Teología y Liberación”. También editó las obras completas de Carl Gustav Jung.
Entre 1970 y 1984 será redactor en la Revista Eclesiástica Brasileira, entre 1984 y 1992 de la revista Cultura Vozes y en todo ese período desde 1970 a 1995 hará lo mismo con la Revista Internacional Concilium.
Inaugura una nueva corriente de pensamiento teológico en la Iglesia, junto con Gustavo Gutiérrez Merino, conocida como la Teología de la Liberación. Corriente polémica, cuyas algunas opiniones le llevarán en 1984, con motivo de la publicación de su libro Iglesia: Carisma y poder a ser sometido a un proceso por la Congregación para la Doctrina de la Fe. La cual resolverá en 1985 a condenarlo a una suspensión a divinis durante un año. Lo cual le obligará a abandonar todas sus funciones editoriales y académicas.
De nuevo en el año 1992 se le vuelve a suspender por la publicación de otra obra titulada América latina: de la conquista a la nueva evangelización. Aunque según la opinión del propio Boff, fue para evitar su participación en la Conferencia de la ONU sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Eco-92) que se celebró en Río de Janeiro. Ante esta suspensión él decide abandonar el ministerio ordenado y su orden. Presentándose en 1993 a un concurso público para ocupar la plaza de profesor de ética, filosofía de la religión y ecología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro.
El 8 de diciembre de 2001 recibe en Estocolmo el Right Livelihood Award. Conocido como el premio Nobel alternativo creado en 1980 para premiar las tareas en beneficio de la humanidad que quedan fuera de los tradicionales premios de la Academia sueca.
En la actualidad vive en el Jardim Araras, una región campestre ecológica del municipio de Petrópolis (Brasil) con su esposa María Monteiro de Miranda.

2-    La obra
Es autor de más de 60 libros en las áreas de teología, espiritualidad, filosofía, antropología y mística. Entre ellos se deben destacar aquellos más importantes en su pensamiento y desarrollo intelectual:

¿Enseñanza religiosa o enseñanza de las religiones e iniciación a la vida del espíritu?
Desde el lugar del pobre
Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres
El águila y la gallina. Una metáfora de la condición humana
El cuidado esencial. Ética de lo humano, compasión por la Tierra.
El despertar del águila
Ética planetaria desde el Gran Sur
Femenino y masculino. Una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias.
Gracia y experiencia humana
Iglesia: Poder y Carisma
La dignidad de la Tierra. Ecología, mundialización, espiritualidad.
La opción-Tierra: la solución para la tierra no cae del cielo.
La voz del arco iris
Los sacramentos de la vida.
Mística y espiritualidad, junto a Frei Betto
Nueva Evangelización.
San Francisco de Asís. Ternura y Vigor.
San José. Padre de Jesús en una sociedad sin padre.
Teología del cautiverio y de la liberación.

En el área de la Cristología por ser la que más nos interesa para el presente estudio cabe destacar:
Evangelio del Cristo cósmico
Una Cristología desde la periferia
Jesucristo, liberador
Pasión de Cristo y sufrimiento humano
La resurrección de Cristo y nuestra resurrección
El seguimiento de Cristo

Éstas serán las obras que se sigan para el siguiente análisis y que se encuentran traducidas al castellano y compendiadas en el libro de Leonardo Boff: Jesucristo y la liberación del hombre. Ediciones Cristiandad, 1987

3-    La Cristología
El objeto del siguiente estudio es identificar a partir de la obra cristológica de Leonardo Boff aquellas ideas que están más acorde con el magisterio de la Iglesia, y también aquellas que lo llevan a ser calificado como un autor anticalcedoniano. Por ello habría que comenzar resumiendo brevemente la idea cristológica de Calcedonia para una vez expuesta la idea cristológica del autor poder identificar los puntos acordes y los puntos en desacuerdo entre ambas cristologías.
Para el Concilio de Calcedonia, celebrado en el 451, la expresión cristológica se cerraba con la afirmación doctrinal de las dos naturalezas de Cristo que estaban unidas «sin confusión» (άσυγχύτως) y «sin división» (άδιαιρέτως); se puede ver en ellas el equivalente apofático de la fórmula que afirma «las dos naturalezas y la única hipóstasis» de Cristo. Toda idea cristológica que afirme una superioridad de la naturaleza humana sobre la divina, o viceversa está contradiciendo la confusión, y si se niega la acción de ambas se está negando la división. Ambas coexisten y ambas actúan de igual forma en la única persona de Jesucristo.
Leonardo Boff escribe y plantea una cristología que nace desde una experiencia muy concreta de la realidad. Para él la base de su cristología sería el clima de opresión y pobreza que se vive en Sudamérica. Además, al ser uno de los impulsores, junto con Gustavo Gutiérrez, de la llamada Teología de la Liberación, su pensamiento estará intima relacionado con esta forma de hacer teología.
De hecho, para él la opresión será el lugar social del nacimiento de la cristología, pues la acción soteriológica de Jesús sería el encarnarse en hombre para acabar con la desigualdad y la opresión. No solamente la del pecado, sino aquella que destruye y condena a la humanidad concreta. A los seres humanos en comunidad, historia, progreso, etc. El todo hombre quedaría para Boff concretado en la encarnación de Jesús en un individuo comunitario y social.
De esta forma, nos presenta el autor que la cristología está encarnada con la realidad. Porque toda cristología parte de un condicionante de poder social. Hay una realidad concreta que lleva a los teólogos a plantearse la imagen de cristo desde su propio contexto vital. Esto daría a una imagen dividida de Cristo pues sería diferente el contexto teológico de un europeo, al de un americano, diferente a su vez en el norte o en el sur, o un asiático de un oceánico. Cada cual al partir de su contexto vital para hacer teología se estaría desde el comienzo contaminando la investigación en cristo. Pues se ha de partir de una persona: Jesús y no de una realidad socio-cultural específica del investigador.
De esta forma nos plantearía, en su presupuesto cristológico que toda cristología es en realidad una producción histórica. Tiene un objetivo claro el cristólogo y no es el descubrir la verdadera imagen de Jesús, sino ver de qué manera el hombre Jesús sirve de liberación para los oprimidos. De hecho esta idea cristológica de Boff surge concretamente en América del Sur y está circunscrita a esta sola realidad.
El concepto más básico de su imagen cristológica será el de liberación. Para él, la liberación se ha de entender como un compromiso en favor de los oprimidos. De esta forma cree importante que se unan dos aspectos importantes en el estudio de Jesús, por un lado una dimensión teórica, la cristología; y, por otro lado, una dimensión práctica, que sería la política. Para él hacer cristología es hacer política y viceversa. Pues no entiende que el teólogo no actúe con aquello que predica, ni tampoco que el cristiano que actúa en política lo haga sin responder a una teología/cristología anterior a su quehacer.
Este compromiso teórico/práctico, a modo de entender de Leonardo Boff no dispensa de una epistemología coherente. Pues a su modo de ver, aunque el punto de partida difiera según el ámbito espacio-temporal desde el que se elabora la cristología, la ciencia debe ser la misma sin importar el “lugar social”. Luego pone la fiabilidad del estudio solo en la metodología y no en el punto de partida del estudio, que ya es un condicionante a la hora de acercarse al objeto de estudio
De hecho, en este punto de articulación cristológica, se ha de tener en cuenta que para Leonardo Boff existen dos niveles de conciencia social, y por tanto, esto conlleva, a que haya dos teologías de la liberación. Una conciencia más analítica y otra más práctica. Pero ambas, para ser teología de la liberación, han de respetar la máxima “la humanidad se pierde en el capitalismo”.
Por este motivo, observa en su cristología una doble reacción de la conciencia cristiana:
-         Por un lado, está el analizar cristológicamente el aspecto de la sensibilidad, es decir lo vivido y experimentado por el individuo y la comunidad.
-         Por otro lado, se ha de ver a Cristo en lo puramente analítico, es decir en el pensamiento como constructo teórico.
Ambas reacciones parten y se desarrollan a partir de la miseria humana, que activa, anuncia y reclama la acción de Cristo liberador.
A continuación vamos a observar las dos articulaciones que hace Leonardo Boff sobre el estudio cristológico:
1.      Articulación “sacramental” de la cristología de la liberación:
Nace de la indignación ética del estudioso de Cristo. Traza una imagen de Cristo diferente del monarca celeste (que sería la que enseña la piedad “oficial”) o del Cristo vencido y doloroso (imagen de la piedad popular). Estas dos imágenes son rechazadas para apostar por una cristología de la liberación basada en valores, temas y llamadas al cambio y a la liberación. Va contra lo político opresor sin un trasfondo analítico. Es una cristología teóricamente revolucionaria pero que acaba acomodándose a un pragmatismo eventualmente conservador.
2.      Articulación “socio-analítica” de la cristología de la liberación:
Para él es la auténtica “cristología de la liberación” ya que va contra el propio pecado estructural que es el que aleja y destruye la imagen de Jesús. Para llevarla a cabo se ha de realizar una mediación socio-analítica (realidad a cambiar) y una mediación hermenéutica (capacidad de leer el contexto socio-analítico a la luz de la revelación y de Cristo liberador)
De hecho, la mediación socio-analítica como realidad que se ha de cambiar con el estudio y ejercicio de la cristología, conlleva dos utopías:
·        La de los dominantes: Es aquella en la que la sociedad avanza por la ciencia y el progreso (Armonía)
·        La de los dominados: Es aquella que avanza solo con una sociedad igualitaria (esto conlleva el enfrentamiento.
La fe en Jesucristo como liberador hace que se elija en cada circunstancia el mejor análisis a llevar a cabo. Aunque él cree, que la opción que debería prevalecer siempre en la cristología de la liberación debe ser la revolucionaria de los oprimidos. Pues la liberación de Cristo no es solo política, social o económica, pero necesariamente debe pasar por estos aspectos del hombre y la sociedad. Se buscaría por tanto la ruptura para acabar con la dependencia de unos hombres con otros ganando más autonomía, como prisma de libertad que Cristo viene a traer a la Tierra.
Otro aspecto de la cristología de Boff a tener en cuenta, sería las grandes perspectivas de una comprensión del Jesús en la historia dentro de la perspectiva concreta de la teología de la liberación. De hecho, para él, la dimensión liberadora de Jesús en la historia debe conllevar a un cambio en las concepciones anteriores de Jesús. Ya que esta forma de acercarse a su persona:
- Privilegia al Jesús de la Historia del Cristo de la Fe. Siendo el primero, a opinión de Boff, el auténtico Jesús y el segundo una construcción teórico-histórica.
- Se observa una igualdad entre el tiempo vivido por Jesús y los tiempos actuales. No hay una diferencia muy grande entre las estructuras de opresión de la era de Jesús y las actuales
- Muestra la forma de transformar la realidad siguiendo el mismo comportamiento de Jesús.
- La resurrección ilumina al Cristo de la Historia, como los Evangelios.
Entrando ahora más concretamente en las acciones y actitudes de Jesús podríamos analizar diferentes aspectos de su vida histórica que lleguen a vislumbrar de manera más concreta la imagen que Leonardo Boff tiene de Jesús, ya que ha primado en su cristología el Cristo de la Historia, sobre el llamado Cristo de la Fe.
a)    La predicación de Jesucristo:
La base de la predicación de Jesús es el Reino de Dios, lo cual sería a opinión de Boff, una utopía de la liberación absoluta y sus anticipaciones en la Historia. El Jesús histórico, dirá el autor, solo anuncia el Reino de Dios y no directamente a Dios, a sí mismo o a la Iglesia. Luego esta opinión de Boff parece ir en contra de las mismas palabras de Jesús al decir que “quien me ve, ve al Padre” (Jn. 14,9). Lo cual sería que Jesús recalca en primer lugar el verlo a él y después descubrir en su persona la del Padre.
A sí mismo, para el brasileño, el Reino de Dios supera cualquier intento de alcanzarlo. Ya que se trata de un proceso que se va alcanzando poco a poco, pero al que no se llega en totalidad. Habría la esperanza en un final feliz inalcanzable y una serie de liberaciones parciales, que si se completarían en este discurrir humano.
b)   La praxis de Jesús
El modo de actuar de Jesús, sus acciones, son en opinión de Boff una liberación en marcha. De ahí que Jesús apoya el cambio liberador del mundo y la sociedad a través de los milagros como signos de que ha tomado el control el más fuerte (Mc. 3, 27) y que hace presente el Reino de Dios (Lc. 11,20). Por tanto su acción es la de apoyar y defender al más débil. Siendo el un señor poderoso, se abaja a ayudar al necesitado.
Jesús se presenta como un liberador profético, que aunque se inserta en el campo religiosos (por ser este el poder dominante en la época en la que vivió) en realidad sería un reformador político, y no religioso. Por eso relativiza las prácticas religiosas (Mc. 2,23-26; Mt. 25, 31-46), para demostrar que el lugar privilegiado donde Dios se esconde es el pobre y no el culto, la plegaria o la observancia religiosa que serían mediaciones de la verdadera acción hacia el necesitado.
Jesús actúa rompiendo la estratificación social y por eso se gana la fama de glotón y bebedor (Mt. 11,19). Ya que estuvo en contacto con todos los ambientes sociales de la Galilea del S. I y no se inmiscuyó o concretó a un solo sector. Siendo especialmente amoroso con el pobre, como lugar de encuentro del hombre con Dios. Pero, a pesar de comer con todos, si es verdad que él denunciará la riqueza, porque la entiende como el fruto de explotar al pobre (Lc. 16,9). Por eso, predica las bienaventuranzas como el argumento más importante de actuación del hombre, el cual ha de vivir dentro del espíritu de las mismas.
c)    La llamada a la Conversión
Boff cree que la conversión es una exigencia de la liberación a la que Dios nos llama. Ya que se ha de tener en cuenta que la conversión es algo personal e íntimo de cada hombre, pero que lo personal lleva a lo social y viceversa.
De hecho la muerte de Jesús se llega a interpretar por este autor como una llamada de atención a que no todo está permitido en este mundo. La acción del justo que llama a la conversión, consiguió que los opresores lo condenaran a la muerte, y aquel humilde Cristo que propuso el Reino de Dios sin violencia, muriera víctima de ésta.
d)   El sentido de su muerte
Visto lo anterior, habría que decir que la muerte de Jesús fue el precio de la liberación según el corazón de Dios. De hecho, afirma Boff, fue la crítica de Jesús a los poderes políticos, económicos y religiosos (sociales) los que le llevaron a la muerte.
Esta muerte es aceptada libremente por Jesús, sin ser pactada con los poderosos. Pues Jesús al morir es acusado de dos crímenes: blasfemo (porque liberaba de las practicas opresoras y de un Dios distinto al del statu quo) y guerrillero (cercano al movimiento de los Zelotas, pero sin aceptar de estos el mesianismo-político).
La cruz, por tanto, se entiende como entrega por los demás que ha de conducirlos a la liberación.
e)    La resurrección
La resurrección se interpreta como una irrupción anticipada de la liberación definitiva. Sería, por tanto, el cumplimiento de la liberación total que traía el Reino de Dios que anunció con su vida y ofreció en su muerte libre.
La resurrección es el triunfo sobre la vida oprimida y dura, que Dios tiene la intención última de traer sobre el mundo. Así se demuestra ya en forma de germen, que el verdugo no triunfa sobre la victima que será engrandecida por la acción de Dios, que ama al desgraciado.
f)      El seguimiento del discípulo
De esta manera, el que conoce todos estos aspectos del ser de Jesucristo, tiene una obligación real de seguir a Jesús. Ya que este seguimiento es la forma de actualizar la liberación que se vislumbró en su obrar y su predicar.
La vida humana se concentra en una estructura pascual de seguimiento a Cristo, muerto y resucitado. Solo dentro de esta dinámica se puede entender el seguimiento, que, para Boff, es la única forma de traer la utopía del Reino que eleva la realidad al mundo pleno.
Jesús no ha dejado en su vivir histórico una forma de presencia en cada situación que nos vayan surgiendo en la vida, sino que las claves que nos dejó son su opción por los oprimidos, su renuncia al poder, su solidaridad con todos los hombres y una vida abierta al Padre. Ahora corresponde al discípulo seguir teniendo estas mismas actitudes de Jesús para resolver los conflictos de la sociedad y traer el Reino de Dios a todos los hombres.
Estas son las líneas más fijas de la cristología de Leonardo Boff que como se ha podido comprobar van a generar en neo-calcedonianismo pues ya desde el principio el presupuesto metodológico es el de la propia experiencia del teólogo y no el del descubrimiento universal de Jesús. También se potencia más la condición humana, que él llama el Jesús histórico, frente a su condición divina que denomina Jesús de la fe. Por último se puede ver que Jesús fue más un mesías político y social que el salvador. Ha dividido la soteriología de su ontología. Además se ha perdido la naturaleza humana y divina de Jesús con una división y una confusión entre la acción de Hijo de Dios y el llamado Jesús histórico.


Bibliografía:
-         BOFF, L. Jesucristo liberador. Elaboración de una cristología a partir de la América Latina oprimida. En Lumiere et vie, 26 Nº134, 1977
-         BOFF, L. Jesucristo y la liberación del hombre. Ediciones Cristiandad, 1987
-         DAVID, G. Cristo cósmico y antropocentrismo en Leonardo Boff: Una lectura desde la óptica reformacional. En veritas, 36. 2017
-         FERNÁNDEZ, M.A. y MARCOS, J. Leonardo Boff. El teólogo de la Tierra. Revista digital FronteraD. 12/7/12 

Resumen de “La Fe y el símbolo” y “el sermón a los catecúmenos sobre el símbolo” de San Agustín.


1-     La fe y el símbolo
En el presente texto nos encontramos con una monografía, en la que el obispo de Hipona va a desgranar las claves más básicas de lo que es la fe y como ésta se contiene en el símbolo.
El propio san Agustín dará testimonio sobre esta obra en la que recalcará de la misma, que al hablar de la resurrección del cuerpo, no se refiere a la carne ni a la sangre de los hombres, sino al cuerpo completo y total, así como especifica que la mutación de los cuerpos terrestres en cuerpos celestes, serán las dos claves más importantes de este escrito que san Agustín va a apuntar como notas importantes del símbolo, pero que no lo desarrolla en el presente trabajo, sino en el libro último de su “ciudad de Dios”.
El motivo que esgrime el obispo de Hipona para hacer este estudio es el de recalcar que la fe se profesa de corazón y de palabras. Esta forma de presentar y creer el símbolo hace que sirva de ejemplo y enseñanza, tanto para el propio creyente como para convertir a la fe y adaptarla a cada cual. También es una forma de comprender la fe frente a los herejes que la manipulan.
Entrando en el contenido del propio texto, san Agustín irá desgranando cada artículo del símbolo para entender en qué se cree:
En el primer artículo nos encontramos con la afirmación “Dios Padre Todopoderoso”: Esto significa que Dios crea de la nada (creatio ex nihilo) por este motivo es omnipotente. Esto se afirma frente a los que afirman a un Dios artesano que tan solo modela, da forma, a una materia preexistente. De ser así, y aunque no se afirmara, se estaría negando la omnipotencia de Dios.
Todas las cosas son formadas pero también son formables, desde Dios, es decir, Dios no solo las ha creado sino que les da su impronta. Pues de él procede toda belleza perfecta e inmutable, a la que aspira toda la creación. No hay, por tanto, ninguna creatura no creada por el Omnipotente.
El segundo artículo del símbolo afirma la fe en “el Verbo como Hijo de Dios”: todo lo que se afirma que ha sido creado, se ha hecho por medio de la Palabra de Dios (verbo). Nuestro Señor Jesucristo que es la Palabra, es la Verdad, el Poder y la Sabiduría de Dios. Aunque muchos son los calificativos que se le puede dar a Jesús, estas notas son las que más apuntan a su ser Hijo y Palabra.
Una Palabra que es inmutable, no como la de los hombres que es cambiante y temporal. La de Dios revela desde el Hijo lo que es el Padre, por tanto ha de ser cierta y eterna.
El hombre produce palabras, pero solo Dios es capaz de engendrarla. No utiliza un cuerpo preexistente como lo hacemos nosotros, sino que se engendra a sí mismo tal cual es. Nosotros cuando decimos la Verdad comunicamos nuestra propia intimidad a los demás, pero Dios es siempre intimidad comunicada. Siempre en Verdad, pues como todopoderoso no puede engañar ni mentir.
El tercer artículo afirma que “Dios crea todas las cosas por medio de la Palabra. La Palabra es igual al Padre”: Esto significa que el Hijo es engendrado, no creado y por tanto no es inferior al Padre.
San Agustín, apunta que no se debe usar el verbo crear porque en latín no genera problema, pero en el griego genera confusión. De manera que el verbo que se le debe aplicar al Padre es el de producir.
El Hijo es consustancial al Padre, es Dios de Dios, Luz de Luz. Por tanto, nada es contrario a Dios porque él “es” (como afirmó desde la Zarza a Moisés al decir “yo soy”) y lo contrario no es, por tanto, es imposible que algo no sea.
En el cuarto artículo encontramos “la encarnación de la Palabra”. El obispo de Hipona nos invita a pensar que a la salvación se añaden los acontecimientos que se han cumplido por nosotros. El Hijo de Dios nacido de la virgen María por obra del Espíritu Santo. Es, por el don de Dios dado en el Espíritu Santo que dejó a santa María virgen intacta. El verbo de Dios es un hombre completo (formado por el cuerpo, alma y espíritu).
Cristo honra a los dos sexos el ser hombre y nacido de mujer, él respeta a María también según la carne. Es por tanto, la forma que tiene Jesús de honrar a ambos sexos, el del hombre y el de la mujer.
Cristo no manchó su alma porque no se dejó arrastrar por los deseos de los bienes mortales, sino que siempre dejó que su alma fuera la que impulsara el obrar en su vida.
El quinto artículo es la “muerte y resurrección de Cristo”: La muerte es un acontecimiento con fecha fija y concreta en un tiempo determinado. De ahí que en el Símbolo se cite a Poncio Pilato para recalcar un momento concreto. El sepulcro es un símbolo del seno de maría, de ahí que se recalque la condición de que es nuevo y nadie lo ha habitado antes ni después. Es símbolo de la virginidad de María.
Así mismo, es primogénito entre los resucitados que se dignó hacerles copartícipes y coherederos suyos.
El sexto artículo es la “ascensión a los cielos y la glorificación de Cristo”: el cuerpo del señor es digno y honroso; y el nuestro será transformado en cuerpo glorioso como el suyo, se producirá para entrar en el reino de los cielos que se siembra en un cuerpo animal y surge uno espiritual.
A la derecha del padre, no hace referencia a una forma humana, a una comprensión de los hombres, sino al lugar de la suma felicidad, la justicia, la paz y la alegría. Los cabritos, de los que habla el evangelio de Mateo en el sermón escatológico, van a la izquierda que es la miseria, las penas y los tormentos. El estar sentado de Dios es la potestad de juzgar que nunca falta a su majestad.
El séptimo artículo es “el juicio final”: juzgar en el momento oportuno se hará a los vivos y a los muertos. Agustín interpreta esto de vivos y muertos de dos formas, bien pueden ser los que pervivirán en la tierra o ya hayan perecido llegado este momento, o bien pueden ser unos eufemismos que hagan referencia a los justos y a los injustos. . En cualquier caso, hace referencia a algo temporal que es, fue y será.
El octavo artículo es “el Espíritu Santo”: el Espíritu Santo es también consustancial y coeterno pues la Trinidad es un solo Dios. Para entender esto, el de Sagaste pone el ejemplo del agua, que puede ser rio, fuente y bebida, sin dejar de ser agua, también se puede citar el ejemplo de la madera que se sabe igual y a la vez diferente de si se toma como ejemplo la raíz, el tronco o las ramas.
El Hijo debe al Padre lo que es pero el Padre no se lo debe a nadie, aunque hay herejes que los quieren igualar por demasía o separar en demasía.
El Espíritu por ser don de Dios se ha confundido por parte de los herejes, como algo dado o como algo impersonal. Pero es santo porque es ratificado por Cristo en la carne. El espíritu, frente a lo que dicen los herejes, es sustancia y don en el amor, es Dios pero no hay tres dioses, sino uno solo en el que el Padre es el Padre, el Hijo es el Hijo y el espíritu Santo es el Espíritu Santo.
El noveno artículo presenta “La Iglesia Católica”: San Agustín apunta que ésta es Católica frente a los herejes y cismáticos que no viven la caridad fraterna. Por tanto la iglesia es católica por su propia vida de la caridad cristiana que se vive en su interior.
El décimo artículo es “la remisión de los pecados”: aunque el autor no entra en los tipos de pecados, lo hará un poco más en el siguiente sermón que voy a desgranar más abajo, si afirma que se nos perdonarán todos los pecados solo si nosotros perdonamos.
Los undécimos y duodécimo artículos los estudia juntos como “la resurrección de la carne y la vida eterna”: somos, como más arriba ya se indicó, la unión de cuerpo, alma y espíritu (la parte racional del alma que nos distingue de los animales es este espíritu). La carne sigue la ley del mundo y el alma la ley de Dios que conoce y sigue por el espíritu. Por tanto, podemos dejarnos llevar por la fuerza del cuerpo o la del alma inspirada por el espíritu humano.
El alma se ha de revestir del espíritu para ser inmortal y no sucumbir al cuerpo, y su ley del mundo. El mayor pecado es apostatar de Dios pues es la muerte para el propio alma. Luego tras la muerte del cuerpo éste se transformará hasta algo celestial y etéreo, siempre que se haya hecho una vida acorde al alma y el espíritu.
Esta seria resumida en doce artículos la fe que se resume en pocas palabras y se entrega a los nuevos cristianos en el Símbolo para que comprendan la confesión de fe y ahonden más en lo que creen y confiesan.

En resumen se puede ver en este estudio de San Agustín, que el escrito se realiza en un trasfondo de paganismo, rodeado de maniqueísmo y lucha entre el bien y el mal, así como entre las herejías arrianas y donatistas. San Agustín intenta iluminar el símbolo frente a estas concepciones.
No se habla directamente del pecado original, posiblemente porque aún no ha hondado el pelagianismo en su época. Ni tampoco se ahonda en la remisión de los pecados. Así como se habla de la Iglesia católica pero sin ahondar tampoco en el donatismo que sí se cita de pasada.
Por tanto, y tras haber desgranado el escrito agustiniano, voy a resumir en cuatro aspectos lo anteriormente tratado:
-         La creación de la nada: para ser omnipotente Dios no puede partir de una materia preexistente sino que él mismo es el creador de todo.
-         El mal y el pecado es un desorden de la voluntad de los hombres que se apartan de la voluntad divina.
-         La segunda persona de la Trinidad es Dios mismo, luego se afirma que Jesucristo es verdadero Dios
-         La tercera persona de la Trinidad es la operación de amar.

2-    El sermón a los catecúmenos sobre el símbolo de los apóstoles
En este sermón se va a dirigir a los catecúmenos para explicarles de que manera es el símbolo de los apóstoles y sobre que van a afirmar su fe. Por eso empieza diciendo que el credo, como regla de fe, está tomado de las propias Escrituras. Recalcando la omnipotencia de Dios y el exorcismo de los niños.
Se cree por tanto con el corazón y se confiesa con la boca para alcanzar la salvación. Por eso, les da el Credo (símbolo) a los catecúmenos. Está presente en las Escrituras, pero él lo va a resumir para facilitarles a éstos su conocimiento y comprensión.
Visto el motivo de este sermón, se va a pasar a desgranar el contenido del mismo de la siguiente forma:
La primera afirmación es “Creo en Dios Padre Todopoderoso”: Esto es afirmar que Dios es el creador de todo y así se debe afirmar también que Dios no puede ni morir ni engañar. Dios lo ha creado todo en el mundo y al hombre a su imagen, pero éste por culpa del pecado se separa del Dios que lo creó. Por este motivo se justifica el exorcismo de los niños, ya que hay que expulsar el demonio y que se restituya la relación con Dios, sin el que separa de él, es decir el pecado.
Cuando afirmamos que “creemos en El Hijo de Dios, engendrado por el Padre, es Dios todopoderoso, igual al Padre”: Es decir, que el Hijo es Dios también como el Padre. Cada cosa engendra lo que es y “Dios” Padre engendra a “Dios” Hijo, que al igual que el engendrador es inmortal y por eso engendra inmortalidad e incorruptibilidad. El Uno engendra al Uno por eso es único Hijo Jesucristo con una sola voluntad y una sola naturaleza del Padre y del Hijo.
Al decir un solo Dios, un solo Señor afirmamos que de la multitud se alcanza la unidad. El ejemplo de los Hechos de los Apóstoles donde se observa que de la multiplicidad de almas de los primeros cristianos se alcanza una sola alma en la comunidad de fe. Dios es igual que se alcanza la multiplicidad en el uno solo.
La igualdad del Padre y del Hijo hace que los dos sean todopoderosos por eso cada cual hace lo que quiere. Todo lo presente en el Padre lo está a su vez en el Hijo y viceversa.
Al afirmar el nacimiento humano y virginal del Hijo de Dios como nacimiento eterno de Cristo hay que entenderlo de la manera que se hizo el Hijo de Dios por nosotros. Nació de santa maría la Virgen y del Espíritu Santo. Por tanto, Dios Hijo es humilde como hombre y excelso por ser nacido de una virgen.
Fue muerto y sepultado, al igual que el texto anterior se recalca el ser en el tiempo de Poncio Pilato, y la causa de su muerte fue por los pecadores.
Su nacimiento eterno no es un nacimiento en el tiempo. Es un nacimiento coeterno del eterno. Lo cual se explica con el término de coervo, es decir, que surge a la vez, pero a la vez uno engendra al otro. El ejemplo que se pone es el del fuego que como padre surge dando el resplandor como hijo. Cristo nació y murió cuando quiso, porque uno solo es Cristo, Dios y hombre verdadero.
La Cruz de Cristo se interpreta según Agustín, como una enseñanza en la paciencia del sufrir, el mejor ejemplo lo encontramos en el sufrimiento de Job que lo hizo por caridad y no por avaricia. El premio que se espera es el de la resurrección que es aquello que se debe esperar y no la multiplicación de bienes temporales.
La derecha del padre se debe entender como una estancia en la patria feliz. Estar sentado como residencia no como actitud paciente, sino activa. Allí no hay una izquierda o una derecha física sino que todo es la felicidad plena.
Cristo vendrá para juzgar a vivos y muertos y hace la misma puntualización que en el texto anterior como justos e injustos, o vivos y perecidos.
Por último, el Espíritu Santo es también Dios. Al afirmar la Trinidad perfecta se cierra con el espíritu Santo siendo un solo Dios, una naturaleza, una sustancia, una potencia, la igualdad suma, sin división ni oposición alguna, es el amor perpetuo.
El Espíritu Santo tiene su templo en el cuerpo del bautizado. Es Dios mismo quien edifica nuestros cuerpos, lo hace y lo fortalece, para que habite en ellos el espíritu Santo. El cual, no es distinto de los otros dos como un tercer dios sino que es el mismo y único Dios junto con el Padre y el Hijo.
La Santa Iglesia se entiende como una y santa, de ella han surgido todas las herejías y cismas pero ella se mantiene inmutable, eterna e invencible.
Del perdón de los pecados se recalca que todos los pecados son perdonables, y perdonados. De hecho hay tres modos de perdonar los pecados: por el bautismo, la oración y la penitencia. El bautismo es el que borra todos los pecados a ejemplo del carácter que se infunde en los soldados, y que se pierde cuando se deserta del ejército.  La oración perdona los pecados veniales y la penitencia los que son más graves.
La resurrección de la carne y la vida eterna, son los últimos artículos del símbolo que analiza al decir que el cuerpo es la Iglesia que también va a resucitar, ha subido al cielo porque donde está la cabeza también estará el cuerpo. La vida eterna es Dios que regenerará al hombre.

Por tanto se puede concluir de este texto cuatro aspectos fundamentales:
-         Desde un punto de vista trinitario se puede decir que Dios es omnipotente porque no puede negarse a sí mismo.
-         Desde una óptica cristológico-teandrica podemos ver que el Hijo es igual al Padre pero hecho hombre humilde por amor al Padre y al Hombre.
-         Desde un aspecto mariológico se observa el nacimiento humano y virginal del Hijo de Dios de María siempre virgen
-         Desde un prisma eclesiológico vemos que Dios es padre y la Iglesia madre. Siendo a su vez Una, Santa, verdadera y católica.