martes, 6 de mayo de 2014

La Conquista de Palestina por los Judíos llegados de Egipto.

1) Síntesis del libro de Josué y Jueces de la Biblia
- Josué:
En el libro de Josué se nos narra la conquista del pueblo de Israel que acaba de estar 40 años vagando por el desierto después de salir liberados de Egipto. El libro comienza con la muerte del que hasta entonces había sido el guía del pueblo, Moisés. Se hace cargo de la dirección del pueblo Josué con el mandato de Dios de que cumpla siempre la Ley y para que prepare al pueblo para cruzar el río Jordán y tomar posesión de la tierra prometida. Todas las tribus toman partida de ésta conquista, incluidas las que se encontraban ya asentadas en Cisjordania.
Josué manda dos espías a Jericó antes de la batalla y una prostituta llamada Rajab los protege y les dice que la defiendan a ella y su familia cuando la batalla de Jericó. Al parecer el pueblo les tenía miedo y reconocían la autoridad del Dios de los israelitas sobre el resto de dioses. Bajan por una ventana los espías con la promesa de defender solo a la familia de Rajab.
Josué les dice a los levitas que lleven el arca de la alianza y que el pueblo les siga hacia la batalla. Para cruzar el Jordán el Señor obra el milagro de que se pare el cauce del río hasta que pasen todos los israelitas.
Los israelitas tienen que poner por mandato de Dios 12 piedras en el río, una por cada tribu para recordar el milagro que Dios hizo allí. Tambien tienen que poner 12 piedras en el lado este de Jericó donde se asientan antes de la batalla.
Josué manda circuncidar a todos los israelitas en Guilgal ya que habían muerto todos los israelitas que salieron de Egipto y éstos sus descendientes no estaban circuncidados. Entonces se aparece un ángel como mensaje de Dios y le pide a Josué que se descalce pues pisa tierra sagrada. El mensajero le dice que tienen que dar una vuelta a la ciudad de Jericó con 7 sacerdotes durante 6 días seguidos y tocar las trompetas, precedidos por el arca de la alianza. Al 7º día darán 7 vueltas y en la última caerán las murallas y conquistaran la ciudad.
Así ocurre y matan a todos los habitantes menos a Ajab y su familia. Todas las posesiones de la ciudad pasan a ser de Dios. Jericó es declarada maldita y nadie podrá nunca reconstruirla.
Uno de los israelitas desobedece el mandato de Dios y se guarda posesiones de Jericó (un manto y unos lingotes de oro) por eso el señor les dice que han desobedecido sus mandatos. Josué arregla el problema eligiendo una familia al azar y por gracia de Dios descubre quien se ha quedado las cosas y lo soluciona matando a ésta familia y quemando las posesiones.
Después los israelitas tendieron una emboscada sobre Ay y el Señor les mandó tomar y quemar la ciudad pero quedándose el pueblo de Israel con el ganado y el botín de guerra. De ésta forma si pudieron quedarse ésta vez con las cosas del pueblo conquistado. Al rey de allí lo ahorcaron de un árbol y lo tiraron amontonado de piedras a la puerta de la ciudad.
Los habitantes de Gabaón se enteran de esto y se presentan ante Josué como si vinieran de una tierra muy lejana para servirles como esclavos, enterados de las proezas de Israel y su señor. Entonces descubren que les han engañado y no vienen de lejos sino de una ciudad cercana. Pero les perdonan la vida por el juramento que les habían realizado de que les sirvieran de esclavos. Por eso los ponen de aguadores y leñadores del templo.
Posterior a ese suceso ocurre la conquista de las ciudades del sur que se unen sus cinco reyes para atacar a los israelitas, pero Israel gana y los 5 reyes s ocultan en una cueva, Josué los mata y destruye sus ciudades. Aunque en el mismo relato se cuenta que destruyen una a una las ciudades primero y después mata a los reyes en ellas y no en la cueva.
Tras la conquista del sur atacan el norte y siguiendo la orden de Dios a Moisés los quemaron a todos y por eso después de aquello quedaron en paz. Se reparten las tierras entre las 7 tribus que faltaban por tener territorios y lo hacen por sorteo. Jerusalén le toca a la tribu de Benjamín.
El libro acaba con Josué que está muy anciano y avisa a todos los israelitas para que no se aparten de Dios a su muerte o los castigará quitándoles la tierra que han conquistado con su ayuda. Después aparece otro último discurso de Josué en el que reúne a todos en el centro de palestina, en Siquén, para decirles en nombre de Dios todo lo que han conseguido con su ayuda y para que realicen un juramento de fidelidad a Dios. Josué les pide que dejen de adorar a otros dioses, les da leyes y coloca una piedra para recordarles este juramento de fidelidad.
Muere Josué y el pueblo sirve a Dios durante el mandato de éste y el de sus ancianos herederos. Se entierran los huesos de José en Siquén y a Eleazar, hijo de Aarón se le entierra en Guibeá.
- Jueces:
Tras la muerte de Josué los israelitas por tribus deciden continuar la conquista de la tierra prometida y por eso continúan luchando contra los pueblos de alrededor. Ahora el relato explica porque existen territorios no conquistados y como éste es el motivo de que allí pervivan Amorreos y Cananeos que serán sometidos a trabajos forzados por los israelitas.
En cuanto a la fe del pueblo en Dios ésta se pierde al morir Josué y los ancianos del pueblo y por eso cuando empiezan a adorar a otros dioses Dios les retira el favor, perdiendo varios territorios ya conquistados. Fueron condenados por Dios a caer en manos de otros pueblos y el Señor les castigaba con guerras perdidas debido a ésta impiedad. Se crean entonces unos caudillos locales (Jueces) que contaban con el favor de Dios frente al pueblo en momentos de peligro.
Cuenta la historia de la tribu de Dan, con Micá que toma a un Levita venido de Belén y lo adopta como hijo suyo y sacerdote de su santuario. Pero un día un grupo de Danitas atacan la casa de Micá, le roban y se lo llevan todo, incluido el sacerdote levita. La Biblia recalca mucho que en ésta época no había rey de Israel y cada cual hacía lo que quería.
También se cuenta el crimen cometido
por la tribu de Benjamín cuando matan a la concubina de un levita que trasnochaba en Guibeá. Debido a éste ultraje se unen el resto de las tribus para dar castigo al pueblo de Guibeá y luchan para matar a todos los habitantes de éste pueblo. Posteriormente los perdonaran y como les habían dejado sin mujeres les mandan a raptar a unas y a llevárselas con ellos.

2) Síntesis de los capítulos 3 y 4 de FINKELSTEIN, I.-SILBERMAN, N.A., La Biblia desenterrada
- Capítulo 3. La conquista de Canaán:
En éste capítulo los autores relatan en primer término un resumen de los pasajes bíblicos comentados con anterioridad en éste mismo trabajo. Así empiezan ellos ha encuadrar la historia bíblica para intentar ver si es histórico lo que se cuenta o pueden tener algo de histórico.
La arqueología y el estudio de documentos de la época (aprox. 1200 a.c.) demuestra que existían israelitas, o al menos un pueblo llamado Israel en la zona, pero que carece de sentido que hagan guerras relámpago como las que comenta la Biblia. Además los textos no mencionan la existencia de egipcios fuera de Egipto, pero esa zona era controlada por los egipcios como demuestran las investigaciones. Además las ciudades eran muy pequeñas (los campesinos vivían en poblados dispersos) y no tenían murallas.
Los reyes de la época tenían muy escaso poder y se ve en las cartas conservadas de la época que pedían para las guerras entre 50 y 100 soldados para defender sus ciudades. Tenían, éstos reyes, que pagar impuestos al faraón de Egipto. Los restos arqueológicos en la zona muestran jeroglíficos egipcios en las columnas de las construcciones.
Albright estudió el terreno en el que supuestamente habría estado el Israel de Josué. Encontró una pequeña ciudad incendiada y que había sido habitada por Israelitas posterior al incendio. Todos los descubrimientos parecían ajustarse al relato bíblico. Incluso los posteriores hasta los años de 1950. También hay nombres de reyes que coinciden con los de la Biblia, o parecen coincidir, en las vecinas ciudades cananeas.
Se descubre que Jericó nunca fue grande ni tuvo murallas, por lo que es imposible que la conquista de la ciudad se realizara como lo pone en la Biblia. De igual modo hay que valorar las conquistas de las otras ciudades que tampoco coinciden con las relatadas en la Biblia.
En ésta época que se está tratando se produce una crisis en todo el territorio, lo que lleva a pensar que Palestina estaba cayendo de su prosperidad anterior. Sobre todo en manos de Egipto que se alza como el máximo imperio de la época. También aparece el imperio Hitita (actual Turquía), que compartirá frontera con Egipto en Palestina. Para asegurarse la paz, Ramsés II casará con una princesa Hitita. Del sur de Grcia aparecerá a su vez, una próspera civilización que inspirará la Ilíada y la Odisea, los Micenos. Muchas riquezas se manejaban en ésta época y había un comercio de bienes de lujos controlado por los reyes locales y Egipto.
Pero aproximadamente en el año 1200 a.c. se produce un cambio en la economía y esto conlleva a que se abandonen los pueblos y pierdan valor las ciudades que hasta entonces eran la cumbre económica. Los “pueblos del mar” atacan la zona. Se produce la crisis del bronce que es la que arrastra a los pueblos a las luchas por territorios y a los desplazamientos por el mar, de ahí vienen los conocidos “pueblos del mar”.
Al parecer muchas historias de las de éstos capítulos de la Biblia serían fruto de leyendas que nacerían de ver restos ruinosos del período anterior y fenómenos naturales. La Biblia recalca mucho: “Se pueden ver todavía hoy”, haciendo alusión a fenómenos naturales que perduran en el tiempo.
Parece ser que el texto de Josué se escribió en la época de Josías (s. VII a.c.). Pues las fronteras coinciden con las de esa época. También se nombran ciudades cananeas de la época que no se vuelven a citar en otra parte de la Biblia.
En definitiva parece ser que el libro de Josué eran historias para mantener al pueblo unido a Dios a pesar del comercio y el contacto, con su consiguiente intercambio cultural, con otros pueblos de los alrededores.
- Capítulo 4. ¿Quiénes eran los israelitas?:
Existen contradicciones no solamente entre la Biblia y la realidad histórica, sino que también entre los diferentes libros de la Biblia. Particularmente los autores señalan entre el libro de Josué y el de Jueces hay una serie de contradicciones. También hay incoherencias en los relatos bíblicos con la realidad histórica sacada de documentos históricos de la cultura de los pueblos vecinos.
Al parecer no fue posible que existiera una paz entre Israel y los pueblos Cananeos ya que no fueron exterminados del todo como dice el libro de Josué. La versión teológica del periodo está contenida en el libro de los Jueces cuando invita a los dirigentes a ser virtuosos y a los propios israelitas a no juntarse con los pueblos de alrededor.
La Biblia cuenta poco de la forma de vida de los israelitas, solo habla de las reparticiones de tierras y de las luchas contra la idolatría. No se sabe cómo un pueblo esclavo en Egipto se adaptó a las tierras de Canaán para ser campesinos asentados.
Para intentar explicar éste fenómeno social y cultural han aparecido varias teorías entre las que destacan la de Alt y la de Mendenhall y Gottwald. La primera es anterior en el tiempo y la de los dos siguientes autores parece ser la que concluye con la investigación hasta el momento presente, sobre la entrada del pueblo de Israel en Canaán.
La teoría de Alt, también conocida como de la “infiltración pacífica”, dice que parece ser que los israelitas pudieron ser un grupo de pastores trashumantes que poco a poco se fueron infiltrando con la población cananea.
Se les podría identificar con dos grupos sociales que aparecen en documentos egipcios y que parece ser moraban por la zona en éste período de tiempo: Los Apiru, que parece ser un grupo sin organización política establecida y dedicados a asaltar caminos, una especie de bandoleros de la época, que además se dedicaban al comercio; o los Shosu, que eran unos pastores nómadas dedicados a la ganadería sin un lugar fijo en el que estuvieran establecidos.
Para Mendenhall y Gottwald la teoría sería que en realidad los israelitas se tratan de unos campesinos egipcios que huyen de su país debido  las enormes presiones económicas y socio-políticas del momento. Salen de Egipto, siendo egipcios pero con una cultura religiosa diferenciada del resto de los egipcios. Éstos se asentarían en Canaán buscando un bienestar social.
Lo clave de la investigación de éste período va a ser el descubrimiento arqueológico que va a demostrar que a partir del 1200 a.c. se produjo en el territorio de los israelitas una revolución social y cultural de la vida, sin que exista una explicación d a qué fue debido. Pues aparecen productos nuevos y más perfeccionados pero no se ve una incursión extranjera, ni una creación de nuevos asentamientos, ni tan siquiera un aumento demográfico considerable.
La vida en las fronteras de las tierras altas parece mostrar, gracias a los descubrimientos arqueológicos, que eran pacíficos y no tenían grandes placeres, en contraposición con la imagen de guerra continua que se nos presenta en la Biblia. Como ya se ha comentado ni tan siquiera tenían muralla las ciudades.
Una nueva clave en la búsqueda de quienes pudieron ser en realidad los israelitas nos la ofrece el descubrimiento en la zona de tiendas. Muy parecidas a las utilizadas en ese mismo lugar hasta finales del siglo XIX y principios del XX de nuestra era. Lo cual parece ilustrar que con toda probabilidad el pueblo israelita fueran pastores trashumantes que llegado un momento histórico decidió asentarse en Canaán.
Pero además los vestigios históricos muestran asentamientos anteriores a éste último, en lo que los autores han llamado “los ciclos ocultos de Canaán”. Según ellos llegó a haber hasta 3 asentamientos hasta el definitivo.

Lo novedoso del libro de los jueces, en conclusión, es su forma de estar escrito pues se muestra como relatos épicos. Pero al igual que otros libros de la Biblia no se puede tomar como un libro histórico sino como una historia teológica en la que el pueblo peca, lo que conlleva un mal para ellos y Dios actúa para salvarlos del mal que se ha cometido.

Para esta historia de Israel se ha utilizado los capítulos de Josué y Jueces de la Biblia y los capítulos 3 y 4 de FINKELSTEIN, I.-SILBERMAN, N.A., La Biblia desenterrada. Siglo XXI de España editores. Madrid, 2003

RESUMEN DE REPENSAR LA TEOLOGÍA DE LA INSPIRACIÓN BÍBLICA DE DOS SANTOS VAZ

Dos Santos Vaz es profesor en la universidad Católica de Portugal. Especialista en Sagradas Escrituras y en ciencias bíblicas. Pertenece además a la Orden de Carmelitas Descalzos. Siendo un reconocido profesor y un especialista en el análisis de las Escrituras.
En éste texto él va a analizar la Inspiración de Dios sobre las escrituras y va a observar de que manera se cristalizan y llegan a nuestros días, partiendo desde el primer encuentro de Dios con los hombres y toda la evolución de su comunicación hasta la actualidad.
Él dice que cuando se habla d que la Biblia es Palabra de Dios se ha de pensar de que manera inspiró Dios a los autores sagrados para escribir esa Palabra. Pues la Biblia no es un libro que cayera del cielo escrita o que de manera sorprendente apareciera por arte de magia.
El problema surge porque desde hacía siglos se concebía la Verdad revelada solo a los Hagiógrafos sin que se les considerara el momento sociopolítico o religioso en el que fueron escritos en un espacio contextual y temporal. Esto llevaba a concebir como errónea la idea de cómo se habría producido la inspiración. Pues hasta hace pocas décadas se les dotaba de un sentido teológico y no de un análisis de los datos bíblicos sin más.
Para ello y en un primer estudio realizado por el autor se nos van a presentar los factores que posibilitaron un cambio de perspectiva. Éstos se debieron a un importante cambio en la mentalidad de los estudiosos y teólogos debido  diversos factores que el profesor Dos Santos enuncia de ésta manera:
-         La importancia de la Iglesia como “Pueblo de Dios”. Lo cual hacía que se prestara atención de una manera muy particular, tras un momento histórico y renovador como fue el Concili Ecuménico Vaticano II”, al trasfondo comunitario de las escrituras. Las cuales se ven como un mensaje enviado a una comunidad.
-         Incluso antes del “Concilio Vaticano II” ya se estaba tratando de subrayar las raíces sociales de la inspiración.
-         Se sitúa en la Dei Verbum la Palabra de Dios en un contexto socio-religioso de un pueblo, en éste caso el Pueblo de Israel, en momentos de su historia de revelación y salvación con un Dios que se ha manifestado a los hombres de esa comunidad.
-         La arqueología por su parte, así como los textos extra-bíblicos del período histórico encontrados en los pueblos y culturas circundantes nos muestran una oportunidad de comparación con los textos de la Biblia y se ven las similitudes y diferencias entre ellos.
-         Se toman relevancia los estudios históricos-críticos mediante los cuales se reconoce que los autores bíblicos son “verdaderos autores” de las Escrituras y a la vez se acepta que “Dios habla por medio de hombres y en un lenguaje humano” (Dei Verbum)
Tras la presentación de éstas causas, el profesor Dos Santos nos intenta realizar una sistematización de la perspectiva actual sobre la naturaleza de la inspiración bíblica.
Él dirá que se ha de entender que la Palabra se articula y se transmite a partir de un grupo humano en una evolución histórica de la historia de la Salvación; la cual culminará con la venida del Hijo de Dios. Por lo tanto ha de entenderse sistemáticamente la inspiración a través del pueblo de Israel y de la Iglesia apostólica como un grupo de humanos sobre los que recae esa inspiración bíblica, y los cuales se encuentran con la necesidad de sistematizarla.
Para ello el autor nos presenta una evolución histórica de la Palabra a través del tiempo y como fue configurándose en el espíritu interno de la comunidad israelita a través de los siglos hasta que se abre al resto de la humanidad y su paso por el mundo hasta la actualidad. Él propone la siguiente síntesis histórica para convencionalizar la Palabra que se ha legado hasta nuestros días:

1.   La inspiración de Dios en la historia de un pueblo:
Dios se revela desde Abraham a un pueblo que muy posteriormente sintetizará y escribirá sus interpretaciones de los hechos por la inspiración. La historia de la revelación comienza con Abraham dirigida en una manifestación de Dios al pueblo de Israel.
La revelación de Dios es interpretada por el hombre a través de la experiencia de un pueblo, es subjetiva por tanto pues es interpretada por hombres desde su punto de vista, aunque no sea una capacidad del hombre hacia Dios, sino de Dios a los hombres a los que se revela.
La Palabra y los hechos de Dios se suceden a lo largo de la historia de Israel y presenta la realidad oculta de Dios que se desvela a través de esas dos realidades subjetivas: los hechos y la Palabra. La Palabra de Dios ha de ser interpretada no como una exégesis bíblica sino como palabra de hombres que se desarrolla en un mundo de hombres. Por tanto la acción del espíritu y del hombre sobre el que recae la acción no se pueden separar.
Los hechos históricos sorprendieron a los hombres que los interpretaron en una clave religiosa. Éstos hechos históricos fundaban las bases de la comunidad y la dotaban de pilares socio-culturales. Seguramente éstas interpretaciones surgen de líderes carismáticos que al contacto con lo divino supieron interpretar sus signos en los hechos históricos. El pueblo aprende por ellos a leer e interpretar los hechos históricos desde una óptica religiosa.

2.   El Espíritu de Dios en la historia de la revelación:
En el manifestarse de Dios resulta fundamental que el hombre acoja a Dios en ese diálogo, pero en ese manifestarse de Dios el que realiza la acción es el espíritu que se manifiesta según su voluntad y ha de ser acogido por el hombre. El Espíritu de Dios en la Biblia se refería a ese Dios que se comunica con los hombres. El término espíritu de Dios, Palabra o presencia fueron calando la Biblia como sinónimo del propio nombre de Dios.
Se trata el Espíritu de Dios como un fenómeno posesivo en el que los hombres protagonistas de la historia de la salvación actuaban en nombre de Dios. Es el espíritu el que guía a Moisés, a Sansón, a David, etc.
Después se verá también con los profetas, la Palabra del Espíritu de Dios presentada como palabra de hombres. Será el Espíritu el que hable por boca de los profetas. El Espíritu capacita a los profetas para hablar. Por lo tanto la Palabra del profeta en tanto que se considera realizada por el espíritu es Palabra de Dios.
Otra expresión del pueblo en el que se concreta la revelación de Dios es en la Ley. Para ellos será fundamental la acción del Espíritu sobre la Ley y los profetas. La Ley (Torah) se consideraba dada por Dios a Moisés, era como un paso previo a ser considerada Palabra de Dios. Era la que regulaba las acciones culturales y sociales del pueblo de Israel, por eso la importancia de esa Ley.

3.   La revelación transmitida en la vida del pueblo:
Éstas experiencias del pueblo se transmiten de manera oral y no por escrito. De generación en generación queda latente en las instituciones, leyes, costumbres, historias, leyendas, etc., del pueblo que lo configuran como tal. Algunos de los mitos y costumbres se verán aumentados o disminuidos con el paso del tiempo por nuevas interpretaciones a la luz de las experiencias vividas por el pueblo. Éstas interpretaciones se realizaban en un contexto social estructurado con una jerarquía social y religiosa desempeñada por carismáticos al servicio de la Palabra de Dios.

4.   La Palabra de Dios se fija por escrito
Llegado un momento histórico se fijaron todas éstas tradiciones del pueblo por escrito y se plasman con las formas de concebirlas típicas de la época en que son escritas y no con la realidad ocurrida en los siglos anteriores. A partir de ésta época ya no hay oráculos sino libros escritos por los profetas. Al parecer con Esdras se queman los escritos y él pide la inspiración del Espíritu para recuperarlos. De ahí que en los nuevos escritos se varíen las interpretaciones a la inspiración del Espíritu de Dios. Poco a poco se van elaborando los escritos y aparece alrededor del año 132 a.c. un tercer bloque de escritos considerados libros sagrados que se sitúan junto a la Torah y a los Profetas. La inspiración en los Hagiógrafos del Espíritu se ha de considerar desde la concepción y la inmanencia de los escritos

5.   La “Palabra de Dios” encarnada en Jesucristo
Dios va hablando en el lenguaje humano de muchas formas hasta que culmina su lenguaje humano con la encarnación del propio Dios en su Hijo. La Palabra se encarna en Jesucristo y toma no solo la lengua de los hombres, sino al propio hombre. Es Dios en su máximo lenguaje humano, la Palabra había sido el camino que llevó a la culminación de la revelación con el hacerse carne.

6.   La Palabra de Dios cristaliza en la tradición apostólica
Las enseñanzas de Jesús es oral a sus discípulos y seguidores. Con él se completa el misterio de la salvación que encuentra su culmen en su muerte y resurrección.
La Tradición apostólica es fruto de las predicaciones de Jesús que se cristalizan en ese vivir de los primeros seguidores y como éstos transmiten todo aquello que Jesús predicó. Tras su resurrección se comprende como autorrevelación escatológica de Dios. El mensaje se va llevando a otros ambientes y culturas diferentes al original, y se conservan por la llamada Tradición apostólica.

7.   La acción del espíritu de “Cristo” en la Iglesia apostólica
La revelación plena se completa cuando viene el Espíritu sobre la tierra, que ya no es solo el del Padre, sino también el del hijo. Para predicar la Palabra de Dios con valor será necesario contar con el Espíritu. Éste Espíritu será el que mantenga la Palabra de Jesús viva y el que sostenga a la Iglesia en toda su labor.

8.   La “Palabra” encarnada cristaliza en escritos bajo la influencia del Espíritu de Jesús.
Para permanecer en las enseñanzas de Jesús, tras su muerte y resurrección, era necesario ponerlas por escrito para mantenerlas. Pues los testigos oculares también estaban desapareciendo y los nuevos ya no eran una fuente primaria de las enseñanzas de Cristo. Las comunidades tenían la necesidad de mantener el mensaje y por eso se produjeron nuevos escritos funcionales, ocasionales y fragmentarios. Éstos escritos serían tanto para mantener el mensaje como para extenderlo a otras comunidades ya formadas o recién creadas.
El Espíritu de Dios se encarga de proteger la Iglesia, por tanto ha de verse también su obra sobre los escritos de la comunidad, los cuales fueron escritos por inspiración. Los autores del Nuevo Testamento estaban necesariamente bajo el influjo del Espíritu; utilizan las palabras y el mensaje del Verbo encarnado que es Jesús.

Así vemos que la inspiración de los escritores era un carisma personal de algunos individuos de la comunidad de Fe, sin que se pueda hablar de “comunidad inspirada”. Pero no eran escritos que se pudieran considerar aislados de la comunidad en la que acontecía la revelación divina. Todos los libros tienen éste carisma de Palabra de Dios que los impregna por la acción del Espíritu sobre ellos.
Incluido el Apocalipsis como último libro de la Biblia. En éste se puede observar cómo se presenta la revelación de Cristo en un tono que explicita un todo divino. La clave está en leerlo en un sentido figurado; ya que es una metáfora de la vida celeste como el culmen de la revelación de Jesús.
La Iglesia acoge los escritos del Antiguo Testamento ya que Jesús atestiguó, durante su vida, el origen y la naturaleza divina de los escritos allí recogidos. La Iglesia Apostólica y, por ende, la post-apostólica los recoge pero desde el punto de vista de Jesús. Son analizados, por lo tanto, a la luz de la revelación total acontecida en Cristo. La Iglesia “reedita”, “reescribe”, “relee”, éstos escritos teniendo a Jesús como la luz que los ilumina y les da un nuevo sentido al que tenían antes de su encarnación. Son como el camino preparatorio para la venida del Cristo que es el culmen de la historia de la salvación, con él se entienden las escrituras como Palabra que se encarna y nos da un valor diferente a las escrituras en su totalidad.

En conclusión debemos afirmar que la Palabra de Dios no se puede conservar ni entender si no se transcribe a palabra de hombres y esto, por obra del Espíritu, se cristaliza a través de la inspiración. El mantenimiento y sostenimiento de la fe de un pueblo ha de ser fundada en los escritos que lo configuran y la Palabra de Dios es ese armazón que contiene el sentido de permanencia de la comunidad. Pero aunque sea la vértebra de la Fe, no se ha de pensar como un escrito comunitario, sino que la Biblia es fruto de una serie de escritores que se hallan dentro de una comunidad con sus costumbres, culturas, uso del lenguaje, etc., pero que han sido tocados por un carisma particular que los hace ser escritores por inspiración de aquellas palabras que Dios ha querido que permanecieran por escrito.

Además se tiene que entender que lo que la Biblia relata no son verdades históricas, ni biológicas, ni geográficas, etc., son las Palabras de Dios que nos conduce a la salvación, por eso la intencionalidad del Espíritu al revelar las escrituras, y la de los escritores bíblicos al plasmarlas por escrito, no ha sido la de servir de conducto a verdades físicas o humanas, sino que han de ser entendidas como Palabra de Dios para la salvación del género humano. Son palabras de hombres inspiradas por Dios y dentro de la formación e historia de un pueblo, una comunidad. La inspiración es por tanto un proceso que ha ido evolucionando desde la Palabra oral a la palabra escrita y vivida. Evolución paralela a la de una comunidad de fieles que le ha dotado a la Biblia diferentes sentidos teológicos, históricos, biológicos, etc. Y que desde el siglo pasado, la Iglesia ha ido tomando conciencia del estudio de las escrituras desde su paradigma de Palabra de Dios, y no como algo a lo que hay que temer y evitar su análisis, porque sería condenatorio tratar de ver que es lo que dicen las escrituras e intentar explicarlas. Gracias a éstos estudios la explicación de la exégesis bíblica es más completa y se puede hacer un estudio más detallado de la verdadera revelación, sin perder los análisis en explicaciones de hechos menos importantes.

El texto utilizado de base para éste resumen es: 
DOS SANTOS VAZ, A., Repensar a teologia da inspiraçâo da Bíblia, en Didaskalia XXVIII (1998) 59-91.

lunes, 5 de agosto de 2013

Comentario sobre el proyecto de ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno.

El proyecto trata de abordar un tema que siempre ha sido objeto de críticas y de dudas hacia la política, como es el caso de la transparencia en los órganos de decisión y organización política. Con esta Ley el gobierno central buscaría una manera de hacer público todo lo que se pueda la administración de la “cosa pública” de manera que se sepa cuánto cobran los que la administran y en qué manera se lucran de su cargo.
Es curioso que éste debate que siempre ha estado latente en nuestra sociedad, se cristalice en una Ley justo en el momento en el que los efectos de la crisis económica cada vez son más devastadores. Si observamos la realidad española, con tantos millones de parados y tantas familias sin ingresos, es lógico pensar que el pueblo tiene derecho a conocer y saber el nivel de vida de aquellos que los “representan” y gobiernan. Pues no es de buen gobernante utilizar un cargo público para lucrarse de manera desorbitada sin conocimiento de los que han depositado en él su confianza de gobierno.
Por eso me parece que la idea de la Ley de transparencia es buena, aunque no comparto el momento en el que se ha publicado, ya que creo que nace no de una necesidad real, sino que es fruto de una medida populista que intenta ganar la imagen de honradez que los dos grandes partidos han perdido en los últimos tiempos con sus respectivos casos de corrupción (Caso Bárcenas, Eres,…). De ahí mi reflexión de que es importante pero llega tarde, ya que si se hubiera podido aplicar antes, de seguro podríamos haber evitado algunos de los casos de corrupción que se están dando en la actualidad en nuestro país.
Pero es curioso cómo está enfocada la Ley, ya que parece muy estricta en su planteamiento inicial de dar imagen y buen gobierno al Estado, con la presentación de cuentas a lo público y toda la parafernalia jurídica posible, pero cuando comienzas a hondar en su articulaje comienzas a ver puntos que parecen irse más por los cerros de Úbeda, que atañer el problema que parece legislarse. Mi primera crítica irá encaminada a que está centrada a la administración y los órganos políticos del Estado, pero no engloba a los instrumentos que hacen posible la política, como por ejemplo los partidos políticos, qu aunque son órganos privados, pero si reciben fondos públicos y se crean para optar a gobernar lo público por lo que tendrían que tener un control superior.
Por otro lado, me parece muy bien, la idea de crear un portal de transparencia en el que se viertan la información a tratar con acuerdo al principio de transparencia, aunque dudo que en primer lugar este portal cuente con los recursos materiales dignos para su correcto funcionamiento y que los datos sean actualizados con orden a la realidad de cada momento. Pero la idea es buena, podría copiarse el sistema de transparencia en EEUU, en cuyo portal se puede consultar el sueldo, no solo de los políticos, sino de todos los que tienen cargos públicos o de responsabilidad pública, desde el gobernador del Estado en cuestión, al conserje de un colegio. Siendo por lo tanto una de las administraciones que mayor transparencia demuestran a nivel internacional.
Pero también hay que tener en cuenta, y la Ley en este sentido lo hace, que existen unos límites al derecho de la transparencia en el Estado. La Ley fija sus límites en todos aquellos supuestos que puedan dañar la seguridad nacional; la defensa; las relaciones exteriores; la seguridad pública; la prevención, investigación y sanción de los ilícitos penales. Administrativos o disciplinarios; la igualdad de las partes en los procesos judiciales y la tutela judicial efectiva; las funciones administrativas d vigilancia, inspección y control; los intereses económicos y comerciales; la política económica y monetaria; el secreto profesional y la propiedad intelectual e industrial; la garantía de la confidencialidad o el secreto requerido en procesos de toma de decisión; y la protección del medio ambiente. Éste último punto me parece innecesario ya que no se me ocurre ningún supuesto en el que el conocimiento de los ingresos y patrimonios de un cargo público pueda entrañar una amenaza al medio ambiente.
Aunque a parte de los límites que fija la Ley, a mi me surge un límite, que podría denominarse moral o éticos, o incluso de seguridad personal, con respecto a ésta Ley. Ya que al publicarse los ingresos de los cargos públicos puede suponer una amenaza hacia la persona y/o su familia situándolos como blancos de mafias o delincuentes que les secuestren pidiendo rescates, roben, acosen o incluso los asesinen. Por lo tanto un límite que no se contempla y que debería de ponerse de relieve es la propia seguridad del informante que podría ser objeto de delincuencia por dar a conocer sus datos. Ya que creo que el artículo 12 de ésta Ley protege más el derecho del solicitante que del informante, lo cual los sitúa en una situación bastante comprometida para dar a conocer sus propios datos personales, que de igual manera podrían ser hackeados del portal de transparencia y utilizados en contra del cargo público.

En cuento a la parte que se refiere al buen gobierno, me parece lógico que esto se ponga en práctica pero que sea de aplicación real, pues al final el órgano competente de aplicar las resoluciones queda disperso en la aplicación y no se encuentra bien identificado. Además me parece que no era necesario poner por escrito éstos supuestos que deberían de partir de una lógica democrática y no de un fundamento jurídico, que hace pensar que la sociedad española es aún una democracia en pañales que necesita de leyes que le prohíban tener ciertas conductas reduciendo el Estado actual a un adolescente que aún no sabe gobernarse a sí mismo, sin los castigos-premios de sus progenitores. Todavía nos queda mucho que madurar en España, pues cuando parecía que ya estábamos emancipados y listos para gobernarnos solos, aparece una crisis económica que nos hace volver a nuestra realidad de inmadurez, amparándonos bajo las colchas de nuestros padres, representados en la creación de Leyes, como la que nos atañe, que nos protege de nuestro propio mal gobierno.

domingo, 4 de agosto de 2013

Comentario sobre el Decreto-Ley 6/2013, de 9 de abril, de la Junta de Andalucía, de medidas para asegurar el cumplimiento de la función social de la vivienda

El Decreto Ley trata, como debe de ser el propio espíritu de éstas leyes, la urgente e inmediata necesidad de regular en éstos tiempos de crisis, el ingente aumento de desahucios y pérdidas de los hogares debido a que no pueden hacer frentes a las hipotecas y a las deudas. Esto hace que la Junta de Andalucía se plantee la necesidad de proteger a ese colectivo que está sufriendo los estragos de la crisis y que los deja desamparado de casas, mientras que los bancos e inmobiliarias cuentas con una gran cantidad de viviendas sin habitar fruto de esos desahucios y confiscaciones realizados en los últimos años.
Para ello este decreto viene a regular las condiciones y formas de desahucios y a proteger a los que no pierden su vivienda dotándoles de una casa donde poder vivir, a la espera de que la situación económica mejore. Pero aquí se pone de manifiesto dos derechos que parecen tener contradición en los términos, por un lado el derecho a la vivienda digna consagrado en la Constitución en el artículo 47 y el derecho a la propiedad privada de las inmobiliarias y bancos, consagrado en la constitución en el artículo 33. De esta manera el legislador entiende que prevalece el Derecho a una vivienda ya que sin una no se pueden desarrollar otros derechos básicos en la ciudadanía, por lo tanto la falta de una casa, insta a que haya un interés general que necesite protección para el beneficio de la ciudadanía en general. Por este motivo se invita a tener presente 40 de la Constitución que insta a los poderes públicos a velar por una correcta distribución de las rentas y al artículo 128 que subyuga las riquezas del país al interés general.

De igual manera la Junta de Andalucía ejerce su función social sobre la vivienda ya que su propio estatuto de autonomía así se lo confiere en el artículo 56, cuando le ofrece competencia exclusiva en cuestión de vivienda. Por tanto vemos que el ordenamiento jurídico no es vulnerado por este Decreto y que además sirve para modificar ciertas leyes que parecen no concordar con los principios constitucionales necesarios para blindar el derecho a la vivienda y el interés general.

Resumen del libro: La burocracia castellana bajo los Austrias de José María García Marín

Introducción
El objetivo de éste trabajo es analizar y comentar la obra del profesor García Marín sobre “La burocracia castellana bajo los Austria”. Por este motivo en las siguientes páginas podremos descubrir en qué medida esta obra esclarece los antecedentes y bases que darán lugar a la concepción del Estado actual del Reino de España.
Una de las cualidades de las que se nos ha acusado a los españoles ha sido la enorme burocratización de su sistema público, y de igual modo se nos ha instado desde organismos internacionales a adelgazar nuestra administración y a reducir el número de familias que dependen del ingreso del funcionario en España. Pero los análisis siempre han de apoyarse en concepciones superiores a las meramente económicas y por eso con el estudio de los diferentes capítulos de ésta obra observaremos como es en realidad el ciudadano español, y las herencias que ha recibido en su propia historia nacional.
Lo que hoy se conoce como España, es el fruto abundante de una unión entre la corona de Aragón, en la persona del rey Fernando, y la corona de Castilla, en la persona de la reina Isabel. No por casualidad son los llamados Reyes Católicos, ya que al ostentar éste título nos muestran de qué manera ciertas raíces culturales se encuentran ya desde éste momento interiorizadas en la política española. Fruto de estos beneplácitos observaremos que España está desde sus orígenes marcada por las dos corrientes que la hacen ser como es: la herencia de las leyes y organizaciones romanas y la concepción humanística del cristianismo.
Dentro de éstas ideas y relaciones, nacerá lo que venimos a llamar el Estado. Que no es otra cosa más que una burocracia que reparte el poder entre diferentes órganos y cargos para el correcto funcionamiento de lo que se conoce como el bien público, la “cosa” pública o la República. Por lo tanto la unificación de las ideas y organizaciones dentro de los reinos que conforman un mismo Estado, será lo que caracterice al Estado frente a organizaciones políticas anteriores. La burocracia organizada y el ejército permanente son los pilares de ese recién creado Estado.
Pero ésta obra que nos atañe, va a analizar más concretamente la historia de la administración española en los siglos XVI y XVII, es decir, va a observar cómo nace dentro de los siglos de mayor expansión artística, cultural, religiosa, territorial (descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo), política, económica, etc., de España, y a la vez el legado que ha llegado hasta nuestros días de lo que es la organización de un Estado. Nosotros, los españoles del siglo XXI, somos herederos de estas ideas que aunque se han visto transformadas por el paso del tiempo, no han dejado de ser la base social y cultural del pueblo que ha vivido parejo a su burocracia ésta transformación. De ahí la labor de éste trabajo de análisis crítico de un período histórico que sobrepasa la herencia recibida, en un período histórico en el que “en España no se ponía el sol” y por tanto su burocracia no podía dormir. 
Para el estudio de la realidad del momento, el profesor García Marín, autor de la obra, nos explicará que la mejor fuente de estudio ha de ser siempre el análisis de autores y letrados de la propia época que se va a estudiar ya que historiadores posteriores idealizan el sistema y no ven la realidad del momento.
El fenómeno barroco que se vive en este momento hace al individuo plantearse su papel en el mundo y esto va a afectar a la propia visión de la política y su organización, unida con una crisis de cristiandad, que va a tener que enfrentar al individuo español con su propia conciencia como individuo para adaptarla a los rápidos conocimientos e ideas que aparecen en este período. Así como construir una franja de defensa de la cristiandad contra los proliferantes protestantes luteranistas que empiezan a florecer por el centro de Europa.
Existen dos tipos de autores en ésta época los tratadistas que comentan lo idílico de una burocracia en la época y los que valoran la realidad y toman ejemplos buenos de su tiempo (monarquía de Fernando el católico, Carlos V y Felipe II).
Así mismo también existen autores afines a la Iglesia, y que comentan la burocracia desde el punto de vista tradicional, y los reformistas seguidores de Maquiavelo que hablan de una burocracia más moderna y con el deber ser como ejemplo, éstos son los que impulsan al seguimiento de las ideas de Tácito en contra de lo que hasta ahora era seguir a Tito Livio.
Al final es la historia que siempre se repite, por eso la base fundamental de este trabajo será demostrar que todo es cíclico y que puede dar la vuelta con el tiempo a todos los argumentos. Nada es inamovible, y como “un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”, vamos a ver en este trabajo cuál es nuestra historia organizativa, de dónde venimos, cómo hemos evolucionado e intentaremos vislumbrar que nos podría deparar una vuelta atrás en la organización política. Teniendo en cuenta que los avances científicos hacen que avancemos en lineal, aunque nuestra historia nos haga girar en círculos. Así que a través del profesor García Marín, nos adentraremos en las concepciones y análisis de la burocracia unida a la organización política de la corona de los Habsburgo, conocidos como los Austrias.

I-     El monarca renacentista como fuente de autoridad y jurisdicción.
A) La suprema jurisdicción del Rey
1.     Naturaleza de esta facultad real
Desde el Derecho Romano el Príncipe es la fuente de toda potestad y jurisdicción, es depositario de un poder divino y real que lo hace tener una predisposición a gobernar por su propia naturaleza. Veamos que opinan a éste respecto autores de la época:
·        García Gallo piensa que el Rey debe actuar como tutor del pueblo y rendir cuenta de su administración
·        Narbona: El Rey oficio divino que no se ha de dudar de sus actos en ningún caso
·        Saavedra fajardo: El pueblo ha entregado supremo poder al rey pero si se vuelve tirano se lo puede quitar o recriminar.
Solo el Rey puede otorgar dignidades y nombrar magistrados y oficiales que ejecuten sus actos de autoridad.
El poder supremo del Rey es una concesión realizada por el Pueblo pero que no puede ser revocada o retirada, ya que en el contrato de cesión del poder se deja al Rey fuera de las propias leyes, no subyugándolo al poder del pueblo sino solo pudiendo ser juzgado por las leyes divinas y por la razón.
Dos limitaciones al poder del Rey según Tomás Sánchez:
Ø     Sus poderes no pueden considerarse de absoluto dominio ya que el rey los tiene solo propter rempublicam (por el bien del Estado), mientras que en la república serán propter se ipsam (Por su propio bien).
Ø     No puede disponer de los oficios públicos a su antojo, sino que tiene que hacerlo en función de la utilidad pública
Si la república atenta contra la dignidad de los cargos públicos estaría sujeta a un daño propio mientras que si es el rey el que lo realiza es una violación a la justicia real y un atentado contra la justicia conmutativa.
En esta época los autores debaten sobre si la autoridad del Rey procede directamente de Dos o si por el contrario es el pueblo el que lo recibe de Dios y lo delega en el monarca. Durante este siglo convivirán las dos concepciones.
Rivadeneira dice que da igual de donde proceda el poder si directamente de Dios o a través del Pueblo, que de igual manera el príncipe “entienda que las honras y riquezas que posee son más de la repúblicas que propias suyas, y que no las debe repartir por su antojo y afición, sino por razón fundada en merecimientos y servicios hechos” Entiende al Rey como la cabeza de un cuerpo en el que los beneficios han de redundar en todo el cuerpo en su conjunto.
El rey de Castilla cuenta con la particularidad que le hace supremo en cuanto que es señor de sus tierras y no está subyugado al poder del emperador, lo cual lo hace emisario de Dios directamente y no por medio del emperador. Es señor natural de su Estado
El rey por tanto tan solo en su función delega las funciones que le han sido encomendadas en oficiales públicos que en cualquier momento pueden revocarle su función y devolvérselas a su legítimo dueño que es el monarca

2.     Potestad suprema y sustitución del poder.
Cuando el príncipe entrega su jurisdicción a un particular, a un noble o a una universidad lo hace con plena potestad, ya que la jurisdicción es propia de él. El Rey es totalmente libre de dividir, entregar, quitar o sustituir las jurisdicciones que entrega.
El Rey como dueño y señor de todas las jurisdicciones tiene la obligación de nombrar ciertos cargos públicos que solo a él le corresponde ostentar, como el nombramiento de corregidores que vienen a sustituir a los nombrados por los ayuntamientos y que en adelante corresponderá siempre al propio Rey nombrarlos y apartarlos.
Los jueces y magistrados son también nombrados por el Rey en su ejercicio jurisdiccional y aquellos ayuntamientos u órganos que crearen cargos serían porque el propio Rey les ha concedido previamente esa jurisdicción.
Existen tres tipos de atribución de la jurisdicción por parte del monarca: perpetuamente (Caso de ciudades y señores), jurisdicción ordinaria (juez o corregidor)- ésta puede demostrarse mediante testigos, aunque el documento da mayor fiabilidad-, y la jurisdicción delegada, se otorga por viva voz pero después se ha de demostrar con un documento. En todo caso serán los detentadores de la jurisdicción los que deban demostrarlo con el correspondiente documento escrito y firmado por el Rey.
El paso del tiempo y la buena fe en la doctrina marca la prescripción a favor del adquiriente de las jurisdicciones reales. Pero los autores no se ponen de acuerdo en cuento es el tiempo que ha de pasar para que estas jurisdicciones se mantengan ya fijas.


B)  El Rey y sus ministros
1.     El rey debe “servirse” de los ministros
El Rey es cabeza de la república y centro de toda autoridad y jurisdicción por lo tanto es el encargado de procurar el bien a la comunidad.
Narbona: El Rey es para el reino y no el reino para el rey.
Al Rey como cabeza le corresponde la salud del resto del cuerpo humano, para lo cual se tiene que potenciar la buena rectitud de esa cabeza. Pero esta cabeza necesita de más miembros para poder funcionar en esa tarea correctamente, necesita de ojos, oídos y manos, para instrumentalizar la política.
Los oficiales y ministros que harán la labor de instrumentalización de la política del monarca son tan importantes para la república como para el propio Rey. Pero los ministros han de salir de entre los mejores y más preparados consejeros del Rey para que su acción se vea representada en la realidad del gobierno y no en la necedad de una serie de individuos que podrían convertir el gobierno del Rey en una pantomima.
A igual rey distintas políticas por distintos ministros buenos o malos (Salvador de Mallea)

2.     De la concepción organicista del gobierno al mandato representativo
Visto lo anterior la tarea del gobierno de la república correspondería al Rey y a sus ministros. Es por tanto una labor de equipo y no única de una persona.
Mendo: El reino es como una nave que hacen falta muchas personas para que navegue, no basta con un solo capitán.
Pero es necesario que cada miembro del cuerpo administrativo del gobierno conozca su función y la lleve a término bien, porque de esta manera se conseguirá que el gobierno del Estado se haga de manera correcta desempeñando cada cual su función.
Esta forma de gobernar es de manera organicista, como un gran órgano que controla la acción del gobierno, pero para que esto sea así es necesario un órgano central de estímulo a la acción gubernamental, el Rey.
Se verá a los ministros y oficiales como representantes del Rey allí donde se ponga en práctica la acción del gobierno representativo, es decir, el rey reinará los designios de su pueblo a través de la acción de sus representantes que harán las veces de Rey en las funciones que le sean atribuidas en ese cuerpo, que es la república.
Saavedra Fajardo: Los ministros son imagen de su majestad que no pudiendo estar en todas partes se personifica en ellos.
Ésta fue la doctrina que más abordo en la forma de pensar de los tratadistas de la época la de que cada ministro y oficial era representante del Rey y asumía la función, al nivel que fuera, de llevar a cabo las funciones de éste en el ejercicio de su cargo.
Por tanto una ofensa a un ministro se entenderá hecha al propio Rey, causando por lo tanto una traslación de la majestad real del príncipe a sus ministros. Así mismo los ministros deberán de actuar acordes a su majestad y dignidad real que les hará ser reflejo del rey. Pero esta dignidad les corresponderá en función a la labor que deban desempeñar.
El Rey es el único con supremo poder, como se ha observado en la primera parte, y es el único con jurisdicción. El resto actuarán acorde a las funciones que le sean delegadas por el monarca y el uso del poder lo realizarán de modo que el propio príncipe les marque las funciones a seguir y hasta qué punto pueden llevar a cabo las atribuciones que en realidad tan solo le corresponden en último término al monarca, como cabeza y supremo poder de la república. El que se exceda de sus funciones o administre falsa justicia en nombre del rey, incurrirá en un delito de lesa majestad.
Los ministros y oficiales deberán por tanto defender de toda manera el poder regio que les ha otorgado la función de gobernar. Para lo cual deberán de reconocer siempre la autoridad del príncipe sobre las que emanan sus atribuciones y no permitir que sus jurisdicciones se vean inculcadas por otros no correspondientes el poder regio.
Se pone la atención en este sentido, sobre los detentores de la jurisdicción eclesiástica que en muchos casos ostentan también cargos seculares que minan la autoridad real. Para los príncipes renacentistas poner en claro su poder era muy importante y de esta manera desarrollan sus atribuciones intentando separar el poder del príncipe del de los eclesiásticos. Los autores de la época identificaron tres riesgos por los que los eclesiásticos no deberían de ocupar cargos cercanos al monarca ni de poder real:
·        La impunidad de los malos actos de estas personas a la hora de gobernar ya que ostentaban la condición de eclesiásticos.
·        La incompatibilidad de realizar ciertas acciones de gobierno por su condición moral y religiosa
·        La interferencia de los asuntos religiosos en la arena política, como contraposición a las dos jurisdicciones fundamentales la política y la religiosa.
El ministro tan solo podrá desobedecer un mandato de su monarca cuando se entienda que la decisión tomada se realiza contra el bien común de la república y por tanto es una decisión contra derecho. Se coloca de nuevo al monarca bajo el Reino y como servidor de éste sin que prevalezca la acción del rey sobre la del interés público.
En cualquier caso esto solo será cuando la decisión del príncipe se pueda demostrar fácilmente contraria al bien de la república, en caso de duda siempre prevalecerá la decisión del príncipe en los casos en los que no sea tan claro la violación o no de la justicia.
Márquez presenta dos supuestos en los que podría ponerse de manifiesto la desobediencia a los mandatos del príncipe. Por un lado que una ley real cause un daño mayor del que intenta solucionar; y por otro que la acción de una utilidad pública entronque con otra que parece ser menos provechosa para el reino y el rey haya elegido la que le hace más mal al reino.
En el primer suceso la decisión del rey debe prevalecer aunque el ministro crea que no debería de ponerse en práctica para lo cual debería, dentro de su humildad, intentar convencer al monarca en este sentido, y en caso de ser imposible por el diálogo llevarla a cabo, o dimitir de su cargo y evitar en conciencia ponerla en práctica.
En el segundo suceso, el ministro debe intentar convencer al monarca cual es la decisión del bien más provechoso para la república, pero en ningún momento está justificada la desobediencia en busca de un bien mejor para la sociedad sin el visto bueno del monarca.
En contra a los autores que piensan de que hay que intentar convencer al monarca ante los casos en los que esté en juego los designios del monarca, se encuentran aquellos que siguen las ideas de Maquiavelo y piensan que en ningún momento se ha de dudar de la acción del Rey, convirtiéndose en meros administradores de la acción del monarca sin que se ponga en duda en ningún momento si se daña o no el bien de la comunidad. En ningún momento han de poner en duda al monarca.

3.     Ministros, no compañeros del gobierno. La “dirección superior”, misión privativa del rey.
El Rey debe controlar en todo momento la actitud y trabajo de sus ministros y oficiales con el fin de que estos no se excedan en las atribuciones que se les ha conferido. Así mismo el monarca deberá aprobar, reprobar o enmendar cada acción de sus ministros. El Rey ha de demostrar que puede gobernar sin sus ministros pero que estos no pueden sin el poder supremo e intransferible del Rey.
Ha de existir una clara diferenciación entre dos partes del poder las funciones que el príncipe puede encomendar a sus ministros y las que son de sola acción y ejercicio del monarca, no pudiendo el Rey perder sus atribuciones pero si pudiendo reclamar para sí sus funciones en los ministros. Ellos son ministros y sirvientes del Rey y no compañeros en el gobierno. Existe una potestad real que solo corresponde al monarca y no a los ministros ni oficiales.
El príncipe no debe descuidar su poder en manos de los ministros, sino que ha de tomar las riendas del gobierno y gobernar él mismo sin permitir adulaciones ni falsedades de otros.
El príncipe ha de procurar el control de la actuación de los ministros pero sin inmiscuirse en sus esferas de competencia y manejo de los hilos de la admón. de justicia, pero sin inmiscuirse en los negocios. Estas son las funciones del Rey vigilar e impulsar a que los demás hagan sus funciones y controlar siempre la acción de sus ministros.
Nunca debe el Rey dejar que un ministro se exceda en sus competencias ni que lo desautorice en palabra o hechos.
Los ministros han de desplegarle al Rey los instrumentos de hacer la política pero la representación y acción de la misma siempre corresponderá al monarca. Saavedra: El rey Fernando el católico miraba a través de sus ministros como el que mira desde unos anteojos.
Algunos autores afirman que el Rey tiene una función de dirección superior que hace que el control sobre sus ministros se efectúe de manera que no pierda su papel de majestad. Pero también hay que tener en cuenta la condición humana del monarca que lo frena a las tareas totales de gobierno, teniendo que delegar en los ministros.
Para Saavedra el arte de reinar se basa en el equilibrio entre la confianza en sus ministros y el mantenimiento de las distancias en el poder que permitan alejarse de influencias y monopolios. Para los consejeros el Rey ha de elegir a pocos y con buena confianza en ellos, no basta que no los tenga ni que los tenga en demasía.

4.     Entre el conservadurismo y el cambio: el primer ministro del rey
Con el aumento en los Estados de los siglos XVI y XVII es cada vez mayor el número de ministros y oficiales que el monarca ha de tener para poder llevar a cabo su potestad real en todos los lados y momentos precisos. Esto hará que haya que repensar las figuras y atribuciones de los ministros para que no se devenga el poder real ni se deje de aplicar en el gobierno de la república. El ministro estará al servicio de la comunidad y no del propio monarca.
Toda la complejidad administrativa que se crea en estos cada vez más grandes Estados modernos, hace que el Rey tenga que crear una figura jurídica distante entre él, los ministros y el pueblo. Una institución que administre junto al Rey los asuntos del común, ésta sería en un primer momento la del valido y posterior primer ministro.
El primer ministro toma la confianza de primer amigo del rey y ocupa- según Saavedra- un lugar preferente entre el Rey y su pueblo. Debe ser un ministro que esté fuera del resto y al que deberán de llegar los asuntos que después elevará al Rey siendo intermediador entre el Rey y los hombres. El Valido sustituye al Rey en sus funciones pero queda siempre la majestad en el monarca, como único y supremo detentador de la autoridad real.

II-  Del servicio al príncipe a la gestión de la utilidad pública
A) El término oficio público postula el servicio a la comunidad política
1.     Concepto y denominaciones
La especialidad a la hora de que los ministros y oficiales realicen sus labores y puesto que parecen detentar sus funciones en el tiempo prolongándose como tal hace que en el renacimiento se cree la figura de los funcionarios como actuantes de unas competencias públicas que llevan a gestionar sus atribuciones con orden a unos superiores jerárquicos que irán cambiando pero que parece profesionalizar al funcionario que permanece en su cargo por servicio a la república.
Estos burócratas o funcionarios empiezan por un principio de protonacionalismo a trabajar por el bien común de la sociedad basándose en el principio de que el bien común beneficia a la individualidad de la población, y nace el espíritu de felicidad individual de la sociedad que forma parte de un mismo Estado.
Nace en este momento un lento cambio en las esferas de poder que pasa de estar en manos de los clérigos y nobles a éstos profesionales de la administración que comienzan a aportar ideas y proyectos nuevos en la consecución de lo que se podría llamar la ciencia de la administración, con una forma de gobernar y dirigir distinta a los encargados en el antiguo régimen encerrados en sus propios privilegios y estamentos.
Cabe señalar que no se produce un cambio brusco en este sentido sino que es lento y no programado en esa lucha de poder interno entre los letrados de la nueva administración y los antiguos administradores del viejo orden.
Cabe señalar que en el siglo XVII se produce un retroceso en materia burocrática con respecto al siglo anterior debido a la refeudalización de la política y de las cuotas de poder. Pero los textos nos demuestran que en realidad todo surge en que estos servidores de lo público no dejan de ser siervos del señor, es decir, son súbditos del monarca que es el que al final tiene la potestad sobre sus acciones de gobierno, no pudiendo servir a lo público más de lo que el monarca les permita.
Estos sirvientes públicos reciben todos los títulos de oficiales, ya que parten del oficio y sirven como un padre tiene el oficio de velar por sus hijos. De ahí la importancia de que estos servidores de lo público se diferencien en la tipología de sus funciones de manera que estarán los meramente servidores públicos, que son los que se han creado por y para servir a lo público, ej. Corregidores. Después hay oficios públicos solo por la autoridad que los crea, es el ejemplo de los protectores de los menores, que son creados por interés de lo público pero que carecen de un interés de la mayoría, solo de los menores; y por último están los oficiales de los privado que son los que se realizan por una función propia.
En cuanto a la opinión a éste respecto de Mastrillo cabe señalar que él entiende que la condición de personas públicas de estos servidores la ostentan debido al procedimiento especial que los ha dotado de esa función y a las facultades que les son conferidas para realizar sus labores.

a)   Lo primero de todo el servicio a la República
El cargo estará encaminado por y para satisfacer la comunidad, es por ello que los ministros y oficiales se sentirán vinculados por función de su cargo a la comunidad pública. De esta manera tendrán como objetivo primero de su forma de trabajar y cumplir sus funciones de acurdo con el servicio primordial a la “cosa pública”. Las funciones de los cargos empezarán poco a poco a ser de dominio público y tendrán que rendir cuenta moral ante la comunidad a la que deben lealtad, por tanto empiezan a darle una vertiente más de función privada que de meros sirvientes del monarca.
A partir de este momento las acciones y opiniones de estos cargos públicos pasarán a ser de dominio público, siendo objetos de crítica constante por parte del pueblo que creará una red de rumorología en torno a estas instituciones a las que les empieza a presionar el ojo constante del pueblo con cotilleos y chismorreos sobre sus vidas privadas. Así mismo nacerán los intelectuales que recomienden a los ministros la manera de gestionar los cargos. Uno de éstos será Navarra y De la Cueva que recomendará dos mecanismos elementares para que puedan ejercer sus funciones: Una, un libro donde apuntar todo lo que vaya aprendiendo en su cargo y otra, un contacto directo con las personas que le puedan ayudar y mejor asesorar.
De igual modo también comienzan a elevarse voces críticas que acusan a los funcionarios de negligencia o abuso de autoridad. Esta acusación, según los autores de la época, sería tipificado como delito de lesa majestad por el mero hecho de hacerle un daño a terceras personas. Este daño al pueblo, en esa tercera persona, es lo que implica el delito de lesa majestad, ya no solamente es atentar contra el Rey o sus ministros, sino también contra sus súbditos, el pueblo en general.

b)  La “Carga” de los oficios y la obligación de aceptar
Los oficiales tienen que aceptar el cargo como una responsabilidad hacia el Rey y hacia el pueblo. Tiene todos los ciudadanos, la obligación moral y de Derecho de poner sus capacidades al servicio de la república, de la política dentro del reino. Pero esta idea concebida de que hay que estar al servicio del pueblo y no buscar más favor que el de tu propia labor de altruismo, entronca con la realidad del momento, y actual, en el que los que ocupaban el cargo perdían la noción de servicio a la ciudadanía en pro de los honores y los beneficios económicos de esos cargos. Siendo por lo tanto del común el encontrar a cortesanos dando vueltas por los palacios buscando el beneplácito de aquellos que han de repartir esos cargos, o incluso en derredor del mismo monarca.
Para evitar los malos personajes en los cargos públicos, los autores de la época crearon un sistema de selección para designar a los más idóneos en los cargos. De esta forma ya no solamente era importante la labor del monarca como designador de cargos, sino que se empezaba a vislumbrar una pequeña muestra de lo que vendrán a ser las oposiciones, es decir una serie de requisitos que designan la idoneidad de los candidatos, por mérito y capacidades. De esta forma cuando una persona era designada acorde a sus capacidades tenía la obligación de aceptar los cargos so penas duras, que podían llegar a ser considerados como criminales por atentar contra el bien común.
Aunque se ha de indicar, que también existían una serie de motivos de excusa o renuncia que podían ser alegados para evitar la condena o el castigo, sino se aceptase el puesto o cargo ofrecido.
Otros de los motivos por los que había que tener cuidado a la hora de aceptar un cargo público era por el peligro público que entrañaba su ejercicio, ya que en numerosas ocasiones, y fruto de su desempeño, los oficiales y ministros se creaban más enemigos que amigos, y comprometían sus fortunas e incluso sus vidas por llevar a cabo sus acciones. Sin contar que cuando acababan sus funciones, quedaban desprovistos de la autoridad real, y eran destinatarios de la furia del pueblo.
Se crea una animadversión hacia los cargos públicos por parte del pueblo que los ve como una “panda de ladrones” que indistintamente del tiempo que se lleven en el cargo, van a robar muy rápido o muy lento, pero que en definitiva tan solo quieren quedarse con las riquezas del reino y no trabajar por el bien común. Esta visión del pueblo hacia los gobernantes del mismo, no se diferencia mucho de la actual que sigue preponderando la imagen del político como persona de enriquecimiento personal y no como persona altruista que busca el beneficio de la república.

2.     El nombre del Rey es nombre de oficio: su especificidad
Todos los autores de la época están de acuerdo en que el cargo del monarca es un oficio de primer oficial o primer servidor de la cosa pública, teniendo en cuenta que los beneficios del cargo de Rey también entrañan una necesidad de trabajo o servicio al Reino del que es señor. Por lo tal, el Rey tiene los beneficios de ser la persona más importante del Reino, junto con las obligaciones del cargo de primer oficial.
La dignidad del monarca es tal siempre y cuando ejerza sus funciones de servidor público. Por lo tanto el pueblo espera de su Rey que administre la hacienda, gobierne sus designios y reparta la justicia, de manera que ellos le estén agradecidos por su función, y de ahí nace la dignidad de su cargo. La dignidad real, es por tanto, fruto de la acción primera del monarca, que hace el trabajo de servidor primero de la república y por tanto detentador de los más altos honores, que se derivan de su condición de servidor público.
El nombre de Rey se ha de conceder por lo tanto a personas que estén capacitadas por su buen gobierno para ostentar dicha dignidad. Ya que el buen monarca será el que ejerza solo las competencias que un Rey realice, sin extralimitarse en las mismas. Es por tanto muy importante el saber delegar sus funciones secundarias y guardarse para sí las que sólo él puede ejercer. Siendo un buen gobernante de la república, se logrará proteger y administrar justamente el nombre del oficio de Rey.

3.     Hacia una concepción trascendente del oficio
Hay que partir de la base de que existen dos concepciones previas que dan pie a todo este aparato del Estado que comienza a fraguarse: por un lado se encuentra la herencia romana que se lega del proceso de romanización al que se habían sometido los pueblos latinos y por otro lado se encuentran las influencias del mundo cristiano que unificaban a toda Europa.
Los tratadistas de la época comenzarán a darse cuenta que lo importante es el cargo y no la persona que temporalmente lo ocupa, de esta manera comienzan a crear dignidades y honores a los jueces y magistrados del Reino, pero con la idea de que son portadores de éstos dones sociales en tanto cuanto son depositarios del cargo como tal. En el momento que abandonan la responsabilidad pierden su condición de personajes ilustres del Reino. De igual modo que la ofensa a un cargo ya sea verbalmente o por acciones, es castigado por injuriar contra un cargo y una dignidad, aunque se acuerda crear una excepción moral a ésta premisa que descansará en el bien moral de la persona que ostenta la dignidad. De este modo si un cargo público es visto frecuentando malas compañías o en lugares de dudosa moralidad, se permite la crítica a la persona por parte del pueblo, lo cual se verá como un correctivo moral y no como un ataque a la dignidad del cargo. Pero por regla general la dignidad, si no ocurre un fragrante descaro moral, siempre prevalece sobre los ostentadores de cargos. En palabras de Bobadilla: “aunque los juezes sean tan iniquos y malos… no se debe atender a la calidad dellos sino a la dignidad del ministerio”
De ahí la trascendencia del cargo que pasa de unos oficiales a otros sin menoscabo de su condición, y que mantiene la dignidad el ostentador con indiferencia de las acciones u omisiones realizadas por su antecesor, que pudieran manchar el buen nombre de la función pública. Podría decirse que el cargo ve pasar sobre él a centenares de caras y distintas personalidades, y él se mantiene siempre igual, acumulando el poder y las gracias que sus ostentadores le van confiriendo a través del tiempo.

B)  Algunas exigencias previas del servicio a la utilidad pública
1.     Asentamiento de los ministros en casas públicas
Para una mayor facilidad a la hora de cumplir con sus labores de gobierno. Los jueces, magistrados y cargos públicos deberán de residir lo más cercano a su lugar de trabajo, o allí dónde deban servir mejor a la comunidad que rigen. De ahí que los oficiales se vean obligados a mudar sus residencias de lugar, cuando cambian de oficio, para acomodar su situación personal y familiar al lugar público que deben ocupar.
Existen dos tipos de residencias de los cargos públicos en tanto que se analiza la situación del propio alojamiento. Por un lado hablaremos de un aposentamiento in itinere, cuando se trate de una residencia temporal, y permanente, cuando sea una residencia fija. Aunque en ambos casos la función de la misma será la de alojar al cargo público de manera que pueda desarrollar su función cercano a su objetivo gubernamental. Como en ésta época sólo al Príncipe y a sus familiares se les permite tener un hospedaje gratuito, sus oficiales y ministros cuando le acompañen en sus funciones o sean enviados en nombre del Rey, tienen que verse alojados en casas de los súbditos que se verán obligados a arrendarles sus propiedades por mandato real. Cabe destacar que ésta intromisión en las casas de los súbditos se realiza con una arrendamiento económico y no se les permite a los oficiales del reino tomar de éstos hospedajes nada que no sea una buena comida, que a su vez deberá ser sufragada económicamente.
Cuando la residencia ha de ser permanente, es labor de las ciudades y villas de acondicionar casas y palacios, según la dignidad del juez o magistrado que la tenga que habitar. De esta forma se podría decir que para un cargo público, se acondiciona una casa pública. Nunca han de habitar en casa privada, ya que las opiniones y acciones de los privados pueden empañar la acción del cargo público y crear una mala organización de la república, que se verá ennegrecida por la intromisión de lo privado en lo público.

2.     Presencia continua en el lugar del cargo
Los cargos públicos se verán atado y unidos al lugar al que han sido designados de manera que no deben ausentarse por mucho tiempo del mismo. Incluso cuando por motivos de su función han de ir a la corte a discutir asuntos de su propia dignidad son castigados cuando se apartan del lugar donde han de desempeñar el cargo por un largo tiempo, llegando a que por un período superior a 90 días serían apartados de sus labores. Es el caso por ejemplo de los regidores de las ciudades que siempre han de encontrarse en las mismas, y no pueden desplazarse a otro lugar so pena de perder sus ingresos o cargos.

3.     Diligencia y probidad en el ejercicio. La moralidad del magistrado.
El magistrado en tanto que ocupa un lugar preeminente en la sociedad, como administrador de la misma, tiene que observar una diligencia y un ejemplo de vida recta, siendo ejemplo de virtud hacia el pueblo que le es encomendado. De ésta manera la vida pública y privada de los cargos se une bajo una misma visión, y se les confiere la obligación de vivir acorde a los mandatos temporales que se les ha otorgado, para impedir que el pueblo los considere malos gobernantes con habladurías y sinsabores de su acción privada.
Los autores de la época entienden que existen dos maneras de entender la condición de la vida de un cargo público: Su esfera pública y su esfera privada. El cargo que ostentan imprime carácter en el individuo y al final le da una dignidad que le obliga a vivir acorde a la necesidad de su responsabilidad, teniendo que ser objeto de miras para el resto de los ciudadanos del lugar. Así mismo una de las mayores faltas que se le puede acusar a un oficial es que no cumpla con su oficio al que se le ha encomendado una misión especial. De ésta manera dirá Álvarez de Velasco: “retardar la administración de la justicia, o administrarla negligentemente, se considera por todos la mayor de las negligencias, por lo que el Juez merece justa pena”. Como podemos observar la severidad con los negligentes es muy dura ya que se considera que ellos han de cumplir una labor pública y para ello se les ha revestido de una dignidad especial.
La negligencia se considera un delito muy grave por la misma consideración del cargo como algo muy digno de respeto y se castiga a las que cometen ésta falta severamente ya que se les considera atentadores directos contra el mismo cargo, que ha de permanecer en el tiempo inalterable. De ahí podemos entresacar la importancia de la acción de los jueces y magistrados hacia el cargo que ostentan y que deben revestirse de autoridad para que el propio nombre del puesto no peligre en una acción de indignidad. Es por tanto mayor delito la negligencia en el cargo que la ofensa que en capítulos anteriores se comentaba del que atacaba la dignidad del cargo, puesto que lo que se intenta defender es el cargo en sí y no el detentador de cada momento.
De igual modo un ministro u oficial puede ser apartado del cargo cuando no cumpla con la dignidad y el decoro que éste le debe impregnar, así como éstos cargos tan solo se les entregará a aquellas personas que destaquen por su temor a Dios y su vida de ejemplo hacia los demás miembros de la comunidad. Destacándose mucho la lealtad a la corona y las acciones que desempeñen en su estudio. No pudiendo nunca quedar un cargo a merced de bandidos o personas de mal carácter que pudieran llegar a desgastar la imagen del cargo, que se sitúa como hemos podido ver, por encima de todo tiempo, lugar o persona que lo ocupe.

4.     A cada persona un oficio. El problema de las acumulaciones
Una de las constantes en España históricamente aceptada ha sido el dilema de la ostentación de varios cargos en una misma persona. Estamos acostumbrados a observar políticos que acumulan en su misma persona varios cargos orgánicos en un partido y civiles en la administración. Por eso ya desde la edad que nos ocupa podemos observar que es una preocupación de la época el crear una serie de principios y cargos que son incompatibles con el desempeño de otras funciones públicas. Pues ha quedado claro a lo largo de todo este estudio que el verdadero fin de los cargos públicos es el servicio pleno al interés general, cosa difícil de llevar a cabo si un mismo individuo ha de gestionar muchos asuntos, los cuales los gobernará en menoscabo de otros asuntos de menor importancia, pero no por ello menos necesarios.
Los autores de la época ya acusaban a sus monarcas de no tener presente las cualidades de un solo individuo a la hora de repartir honores y cargos de dignidad, es decir si partimos de la base de que el ser humano es un ser finito y tan solo puede hacer aquello a lo que le alcanza su potestad como individuo y su capacidad de obrar, no es posible llevar a cabo la función de varios hombres en una sola persona. Cosa que los Reyes parecían obviar ya que eran herederos de la tradición noble anterior a ésta época en la que el señor feudal repartía los cargos por honor y no por funcionalidad.
 Aunque a nuestro parecer contemporáneo nos pueda parecer una locura, en la época de los Austrias era muy frecuente que el Rey otorgara la dignidad de que una misma persona pudiera ser asesor, juez y abogado en una misma causa en litigio, produciéndose como es lógico una suerte de incoherencia y por consiguiente injusticia en la acción a tratar. Por eso en ésta época comienzan a publicarse manuales de incompatibilidades en el manejo y adscripción a ciertas funciones, pero hecha la Ley hecha la trampa, los jueces podían ocupar ésta función y enviar a sus aprendices a defender a clientes suyos por otro lado, siendo a la vez una injusticia y una falta de respeto a los mandatos de una persona un cargo. Claro que en ésta época y en palabras de Avilés: “mandar a otro no es hacer por uno mismo”. Cosa que se puso de manifiesto en los tribunales de justicia de manera muy extensa.
Por último señalar a éste respecto que los autores de la época señalan la diferencia entre el juez ordinario y el que dicta la sentencia, ya que mientras el que dicta sentencia no puede defender la causa más allá de lo que él mismo ha decretado, es decir, no puede dictar una sentencia y acto seguido alegar en contra de ésta como abogado, tampoco se considerará digno que un abogado defensor de una causa pase a juzgarla. Aunque parece ser que en la práctica éstas irregularidades podían ser comunes.

C) El “principio de legalidad” en la promoción de los oficiales y ministros
1.     Apreciación de la idoneidad y rigorismo doctrinal
Todos los autores de la época están de acuerdo en que la función del príncipe ha de ser la de seleccionar las personas más idóneas para ocupar los cargos públicos de manera que gestionen la cosa del común con la mayor capacidad de buen gobierno posible. De ahí que la preocupación de los ilustrados del momento sea aconsejar a su monarca sobre las actitudes, cualidades y capacidades que ha de tener una persona para uno u otro cargo. Dirá J. Vela: “es tan importante la bondad de los ministros para que el príncipe acierte en sus resoluciones que en su selección consiste la mayor felicidad de su reino; porque de ellos pende la columna de su imperio; en ellos se afirma el peso de su Corona, y descansa el cuidado de sus dilatadas provincias”. Como podemos observar éstos burócratas son los que van a dar al Rey la capacidad de ser un buen o mal gobernante, dentro de esa acción en la que uno es nombrado por el monarca y éste ha de responder de la virtud del mismo.
Los autores crean una serie de principios y ordenaciones para que el monarca pueda con la mayor facilidad posible obtener una visión de los candidatos a oficiales que nombrar. Aunque la gran preocupación de los letrados es que en última instancia es solo el rey el que puede decidir quién es el idóneo para ocupar un cargo y hasta que momento hacerlo. Es decir, es el monarca el que une o separa a una persona a un cargo, creándoles a los autores políticos de la época un verdadero quebramiento de cabeza para aconsejar al rey cual es la mejor decisión para cada momento y asesorarle sobre la idoneidad o no de ciertas personas para ocupar cargos públicos.
Por ejemplo, uno de los temas más complicados de tratar en la época fue la idoneidad o no de los eclesiásticos para ocupar cargos públicos. Ya que surgían una serie de motivos que llevaban a tener grandes inconvenientes con el cargo de éstos y el cargo público. En primer lugar no respondían ante la justicia ordinaria y esto los dejaba exentos de responsabilidad civil por los actos que pudieran cometer de manera ilícita, ellos solo podían responder ante tribunal eclesiástico. Otro de los problemas era su condición ministerial religiosa que les hacía dudar a la hora de aplicar ciertos preceptos necesarios para la política real o la forma de pensar que en muchos casos no coincidía con la realidad de la sociedad en ese momento. Aunque cabe señalar que a éste respecto no se pusieron de acuerdo los autores d la época ya que mientras unos abogaban por apartar a los religiosos de los órganos de gobiernos, otros creían en la importancia de éstos para administrar la república con moralidad y sentido de justicia. De este modo podremos observar opiniones dispares como la de Mastrillo y Mendo que dirán: “No es propio lugar de las Mitras la Corte ni los palacios”. Mientras que otro autor, Fernández de Navarrete, aconsejará: “cuán importante cosa es que en todos los consejos y en los demás ministerios que no tienen incompatibilidad con el sacerdocio haya algunos consejeros y ministros eclesiásticos”.
Por último señalar que los autores parecen converger todos en la necesidad de la especialización del burócrata en el gobierno de la cosa pública y de la gestión por parte del monarca de los elegidos para ocupar los cargos de manera que se produzcan ascensos en cargos de responsabilidad de manera gradual, exista un principio d jerarquía y un respeto a los escalafones de poder. Pero en definitiva lo que más importa a éste respecto es la idoneidad del que ocupa cargo público y que se respete el principio de “cada persona un oficio”, tratado con anterioridad.

2.     La aplicación del principio de “a los oficios personas” como exigencia inexcusable. Advertencias al príncipe y reconocimiento de una responsabilidad moral y jurídica.
Los autores sienten que en la teoría todo está muy bonito y parece que es posible crear un gobierno idílico en el que no existan los fallos ni las faltas de los oficiales a sus responsabilidades de gobierno, pero la realidad es otra bien distinta. Los príncipes se equivocan al elegir a los cargos públicos y aun cuando han acertado en los candidatos, éstos como humanos que son pueden errar en sus decisiones o acciones, dejando el arte de elegir bien como una especie de suerte en las que no siempre sale tan bien como se esperaba.
Por eso parece que la solución más eficaz para intentar aminorar el daño que causa una mala elección, sería crear un sistema de méritos y capacidades (actuales oposiciones) en las que el Monarca se sirva para conocer sólo a aquellas personas que destacando en sus habilidades se eleven a su nivel y después poder valorar de entre los candidatos, los más idóneos según sus aptitudes y formas de actuar. De ésta forma no se evitaría al 100 por 100 el problema, pero sí se reducirían las posibilidades de fracaso por parte del equipo de oficiales, jueces y magistrados.
De igual modo, el monarca tendrá que lidiar con tres tipos de hombres que optarían a ocupar los cargos públicos, según la escala realizada por Alamos de Barrientos que los denomina así: “tres suertes de hombres hay para las dignidades: capaces que no las quieren, codiciosos pero incapaces, y dignos y que con buena ocasión las aceptarían; la primera especie es la mejor, la segunda abominable, la tercera buena y moderada y de prudentes cortesanos”.
En definitiva lo que los autores intentan realizar es un estudio pormenorizado del perfecto representante público que reuniría las virtudes clásicas de un buen gobernante, y digno de ostentar las cualidades del monarca al que representa en su acción de gobernar. Pues una cosa queda clara, que de la buena o mala decisión de proclamar o destituir cargos públicos es la imagen del Rey y su reino el que entra en juego, pudiendo valorarse la acción de un reinado por la acción de sus cargos públicos.
Y después de todo lo explicado y de la riqueza escrita de los autores políticos del momento, toda la sed por conocer y saber quiénes pueden ser dignos de los cargos públicos y cuál es la mejor manera de denominarlos, se podría decir que en definitiva lo único que se intenta buscar en un candidato para administrar el poder no es más que “conocimiento del oficio”, sin el cual por muchas capacidades y habilidades con que cuente, jamás podrá ejercerlas con buenos resultados para el bien común.

3.     La corrupción como sistema: de un teórico ordo officiorum a un efectivo ordo dignitatum
En toda la discusión sobre la idoneidad o no del candidato a oficial, se ha de ser cauto, pues como ya se ha indicado, al final por muchos consejos sabios que puedan dar los teóricos, es el monarca el único con capacidad de nombrar a sus dignatarios y esto no hace más que emplazar a que pueda darse a error o a mala elección de los idóneos. Pues no siempre el Rey podrá elegir al mejor para el puesto, sino que tendrá que tener en cuenta otras opciones o posibilidades, nada que ver con las habilidades propias dl individuo. En palabras de Furio Ceriol: “es regla muy cierta que los cargos se dan por una de tres maneras, conviene a saber, o por merecimiento, o por favor o por poder”. Siempre que se realice por la primera de ella se podrán seguir y escuchar los consejos de los estadistas del momento, pero cuando las causas son las dos siguientes nos encontramos con que también es función del Rey pagar favores y mantener a los que le otorgan sus poder en lugares preeminentes que les evite enfados o malestares.
Pero las causas que se esgrimen en la enorme presión en la que se ve el monarca sometido a la hora de designar cargos públicos le impulsa a tener que entregar estos puestos a familiares y nobles iletrados en las materias para poder mantener la paz, encaminar sus negocios o incluso mantener su poder al frente del Estado. Según Bobadilla tres son las acciones que pueden declinar una mala decisión a la hora de nombrar un oficial: “Ruegos de príncipes, cartas mal ganadas dando y prometiendo e intercesiones de mujeres, importunando los privados por sus intereses”.
Al final se conseguirá crear, por medio de favores y ruegos a los monarcas, una casta de funcionarios que de manera hereditaria irán entregando sus puestos a sus sucesores sin que puedan mediar otra serie de méritos o capacidades. Los chantajes y la corrupción comenzarán a ponerse de manifiesto de tal manera que los burócratas llegarán a ser un grupo cerrado en el que las familias predominarían en el mismo y todas estarían de algún modo emparentadas entre sí, teniendo el poder de controlar la administración. Se crearía un ordo officiorum endogámico y cerrado que daría paso a una especie de ordo dignitatum, en el que en lugar de heredar títulos nobiliarios, como anteriormente, se heredarían puestos de responsabilidad pública o cargos de oficiales, magistrados o jueces.
Esto va a corromper el sistema, hasta el punto de que se encontrarán a familias enteras enfrentándose por los puestos a ocupar y las venganzas que se crearían al ascender miembros de unas u otras. Deseándose la muerte y la intriga para desplazar a unos u otros dentro de la propia corte. En el fundo se convertirá el sistema en una manera de ascender políticamente, lucrándose y beneficiándose del cargo para hacer negocios privados, enriqueciéndose a costa de lo que debería de ser un acto de mero altruismo por el bien común. Siendo el monarca la víctima mayor que deberá favorecer y promover a estas personas para poder mantener su situación de Rey.

4.     La doctrina propone al monarca medidas preventivas que garanticen la “legalidad”
Como ya se ha observado, la preocupación de los estadistas y letrados del momento es hacer ver al monarca de qué manera se puede elegir de manera justa a los candidatos a ocupar los cargos de responsabilidad. Para ello se les propone realizar tres fases en el proceso de selección del candidato: una primera secreta, antes de desvelar los nombres de los posibles candidatos; una segunda fase en abierto, por la presentación de credenciales y capacidades; y una tercera de entrevista presencial en la que el monarca conozca de cerca la idoneidad para el puesto del candidato a seleccionar.
Pero una vez más este modelo propuesto para una mayor fiabilidad al monarca entronca con un doble error que no se puede a priori subsanar, pues nace de la mentira y la estafa. Por un lado se falseaba el contenido de la información que se le remitía al Rey para la selección de candidatos y por otro lado los Austrias dudaron de crear una base de datos secreta con la que poder cotejar informaciones a través de espías sobre los posibles candidatos. Dejando el proceso de selección en una pantomima que no daba fiabilidad en la elección de idoneidad de los candidatos a ocupar los puestos.
Al final la clave de éste proceso radicaba en la selección de la información secreta que era la que menos podía contaminarse de la acción de los candidatos por falsearla. Pero entre que los reyes no la tomaban como válida y que el escepticismo era generalizado en un proceso que parecía no ofrecer garantías a los posibles candidatos. Pues se optó por la información pública en la que cualquier ciudadano pudiera poner de relieve su opinión e información sobre la persona y valorarse según la idoneidad de todos los candidatos de manera pública, y no secreta.
Al final todo se supone que va encaminado a la creación de un sistema de capacidades y carrera burocrática en la que el candidato de manera pública es seleccionado a ocupar un cargo público para satisfacer las necesidades del bien común, siendo elegido por el monarca con el visto bueno del pueblo que puede alegar aquellas funciones o capacidades que vea en el sujeto en cuestión. Lo que se buscaba era darle participación a la ciudadanía en los asuntos públicos, aunque fuera por medio de la opinión sobre sus gobernantes.

5.     La buena selección se entiende hecha respecto del técnico en cada ministerio, no del simplemente apto o del docto en diversas materias.
La selección del más apto para ocupar un puesto no pasa por el que más títulos tiene o el que más docto es en la materia a la que se ha de enfrentar, sino que será el que mejores habilidades y conocimientos sepa desempeñar en el ejercicio de sus funciones como cargo público. De esta manera se nos mostrará que un sujeto con menos preparación que otro puede ser más apto para un puesto que el letrado porque su capacidad y habilidad así lo capacita.
De igual manera hay que saber en cada momento concreto que ministro nos conviene para poner al frente de una administración, pues puede que nos convenga una persona para una situación de la política pero no para otra. Hay ocasiones en las que un ministro cauto puede ser menos eficaz que un ministro sin escrúpulos, todo dependerá de la situación a gobernar y de las capacidades que se nos vayan apareciendo.
La especialización de una materia para un cargo pasará a ser sinónimo de experiencia pues un buen ministro será el que se mantenga mucho tiempo en la burocracia y conozca como esta funciona, pudiendo articularla de manera más eficaz que un aprendiz. La experiencia hará al ministro diligente y capaz de gobernar con eficacia pues ya se habrá enfrentado a la misma situación con anterioridad al asunto a tratar.
Otra opción que se barajaba para evitar los cargos entregados por corrupción es el de la elección por sorteo, que no se consideraba muy capacitadora de los individuos porque no tenía en cuenta precisamente la experiencia que anteriormente se citaba. De ésta manera resume la cuestión Saavedra: “es menester elegir sujeto a propósito, de quien ha de pender el gobierno y la salud pública; no conviene someterlos a la incertidumbre de la suerte, sino que pase por el examen de la elección, porque la suerte no pondera las cualidades, los méritos y la fama”.

a)   Atribución de cargas y evaluación de capacidades: el cargo ha de acomodarse al mérito
Tras la selección secreta de los candidatos se pasa a lo que se ha conocido como el análisis de las capacidades de los aspirantes. Tema delicado pues es bastante subjetivo un análisis de capacidad de sujetos que pudieran optar con entrar a formar parte de un cargo público, pues lo que para unos consejeros puede ser la idoneidad para otros no, e incluso la subjetividad pasa al mismo Rey como designador último del candidato.
Aquí la duda surge cuando dos o más sujetos concurren con igualdad o afinidad de capacidades y se ha de seleccionar a uno de ellos para el cargo, pues la apreciación es tan sutil que puede inducir a errores. N este caso parece que los autores han solucionado el dilema dándole prioridad al que tenga títulos nobiliarios o el favor del Rey, pues consideran que los grandes pueden ser más rectos en igualdad de condiciones que los pequeños.
Así mismo los autores invitan a sus monarcas a que en caso de duda entre dos candidatos de iguales capacidades opten siempre por elegir el de más alta cuna, pues lo consideran más necesario debido a su situación de poder y nobleza para los designios del reino que una persona con menos linaje. Al final se busca un buen gobernante, pero entre dos buenos, mejor que sea bueno y noble, porque además de un correcto uso de funciones dará al Estado la estabilidad de un apellido y una condición de protección extra por poseer un título noble.
b)  Un problema de justicia distributiva: ¿La elección del digno excluye la del más digno?
Parece ser que si a la hora de elegir el candidato más digno para ocupar el puesto no se diera esta situación, se estaría atentando contra la justicia distributiva. Aunque algunos autores (Bobadilla) esgrimen que no por tres motivos:
·        En primer lugar porque para la justicia distributiva es necesario que se dispongan de bienes propios y los bienes de un cargo público son propiedad de los comunes, es decir de la república y de nadie en particular
·        En segundo lugar porque en base a lo anterior el Rey puede otorgarlos a quien buenamente le plazca.
·        En tercer lugar porque el puesto está creado no como honor al más digno para ocuparlo, sino como servicio a la república y como tal, es un servidor de lo público el que lo llegara a ocupar.
Otros autores (Arias Navarro, Nieremberg o de Fuertes Biota) consideran que es un grave error nombrar de la manera que sea servidor público a los dignos y despreciar a los más dignos, pues son éstos los que mayores capacidades y habilidades tienen, además de corresponderles por más gracia.
La elección pública es una solución que se otorga pero de dudosa eficacia, pues aunque se realizara un juramento sobre que el que se va a elegir va a ser el más válido a éste respecto por parte del pueblo, la realidad va a demostrar la falta de criterio de todos y al final puede que un indigno llegue al poder, no sabiendo gobernar y otorgando una clase de malas gestiones que encaminen al malestar de la propia ciudadanía. Sin contar con las consecuencias para los otros candidatos que caen en la vergüenza y el desprecio de los ciudadanos.

6.     Consideración final.
Nos encontramos en definitiva  con un problema de doble vertiente analizado a lo largo de estas páginas, pues por un lado se ha observado la autoridad y poder del monarca y por otro la correcta distribución de los cargos y funciones de los cargos públicos. Resultante de esta dicotomía nos encontraremos con los que opinan que la función del rey es absoluta y él delega en sus ministros, lo cual nos muestra por lo tanto que los funcionarios y cargos públicos responden ante el rey y son destinatarios del poder transferido de éste, en caso de faltar al rey incurrirían en un delito moral por no responder a las expectativas de su mandatario; sin embargo los que opinan que el poder es de la república y que el Rey es el que debe designar los cargos como administrador de ese poder, si el cargo público no cumpliera con su labor estaría ante un delito grave contra el pueblo y por tanto contra la misma república.
En definitiva nos dirá Bobadilla que “eligiendo de esta manera [el previsor] cumple con cinco cosas: la primera con su obligación y reputación…la segunda, con el que elige…la tercera con la ciudad donde le envía…la cuarta…con la dignidad del oficio… y finalmente cumplirá con todos los hombres virtuosos, sabios y beneméritos…”



D) Título y recepción. El Derecho al oficio.
A continuación se tratará sobre la repartición de los títulos y los documentos que capacitan a la actividad de oficial, así como las consecuencias de su revocación por parte del príncipe. Como afecta por lo tanto la consecución de éstos documentos al derecho que se tiene de ejercer los oficios.

1.     Tria Requiruntur
Para que un título tenga validez es necesario que vaya por escrito en un documento que contenga el lugar, la fecha de expedición y la firma del que nombra, así como un sello que autentifique su validez. Esto es muy importante ya que de ésta forma demostrará que realmente se encuentra en posesión de dicho título y de igual forma podrá ir hacia los demás ciudadanos y acreditar su condición frente a ellos, de manera que demuestre su autoridad.
Tan solo serán obedecido los oficiales que se presenten ante los concejos de las ciudades con estas cartas, no es necesario que estén todos los miembros del concejo, pero la presentación es obligatoria. De igual modo que ante pérdida del mismo, podrá ejercer sus funciones previa presentación de testigos.
Surge el problema de que ocurre si se ha expedido el documento con defecto o se hace un reconocimiento erróneo al candidato y se le otorga el documento teniendo una incapacidad. Parece ser que esto que se ha dicho era muy común, por la literatura política de la época. Aquí surgen dos momentos:
·        Si no ha llegado a tomar posesión, se deberá esperar a demostrar los hechos antes de que lo haga, y mientras tanto deberá ser observado los hechos que se le imputan.
·        Si ya ha tomado posesión del cargo no podrá bajo ningún motivo ser removido del cargo, a no ser que se demostrare la incapacidad o la falta en el nombramiento, en este caso sería removido del mismo
Una vez que se ha hecho efectivo el nombramiento, el candidato prestará juramento y tomará posesión del cargo asignado. Esto es muy característico puesto que se presentará en el lugar dónde ocupe el cargo y realizará la muestra de su autoridad con un juramento frente a los administrados que tenga bajo su cargo, es a partir de ese momento en el que comienza a ejercer las funciones que le son conferidas por la carta de nombramiento y que lo capacitan como cargo público.

2.     El status de oficial. La concurrencia de intereses públicos y privados como condicionantes de la estabilidad de los cargos. Ius in re y nudum exercitium
A partir de que se han cumplido todas las formalidades, y el sujeto comienza a ejercer sus funciones, se debe de tener en cuenta otra premisa fundamental, y es hasta dónde llega su poder. Es decir, el alcance que tiene el mandato del monarca sobre el cargo público. Hay que intentar saber sus funciones claras y el alcance jurídico del mandato real.
En un primer momento se apuntaría que el cargo público puede ejercer su oficio con total libertad siempre que las decisiones que tome estén justificadas, es por ello, que si el Rey le pidiera explicaciones éste pudiera darlas y justificar así su parecer y su actuar. Ahí es dónde se encuentra el límite y alcance al poder de los cargos públicos.
El problema en este sentido se encuentra con los que tienen el cargo perpetuo, es decir de por vida, que pueden ser también removidos del cargo porque:
·        Este tipo de oficios no está sometido a la ley
·        Porque así suele usarse
·        Porque cualquier cargo puede retirarse según la arbitrariedad real.
Al final el alcance será el de la lógica y justificación en sus decisiones y deberán estar fundamentadas para que el monarca vea justicia en su actuar, de igual modo que en el ejercicio de sus funciones será el que decida el Rey, teniendo en cuenta que hasta los oficios perpetuos pueden ser revocados si el monarca así lo decidiera.

E)  Algunos aspectos de la elección de oficios en la esfera municipal
1.     Centralización política y libertades ciudadanas
Durante la baja edad media el feudalismo se rompe y comienza a producirse un proceso de centralización política, mediante el cual todos los poderes que antes estaban disgregados en feudos pasan a ser administrativamente dependientes del monarca. Esto hará que todas las ciudades y cargos públicos sean removidos y tengan que venir aprobados por la casa Real. En este período renacentista se produce todo el proceso y pocas son las ciudades que continúan manteniendo un papel autárquico en el gobierno de las mismas.
Los reyes tienen que luchar a través de sus representantes para que se les consiga otorgar a los municipios la capacidad de entrar a formar parte en el poder del Rey. Ya que vivían con consentimientos unilaterales independientes de cualquier superior y con capacidades únicas en el nombramiento y designación de sus gobernantes. Pasan por lo tanto de ser independientes a englobarse dentro de la autoridad real, bajo el prisma del monarca que las gobernaría.

2.     Sobre los electores y el principio democrático
Existían en la ciudad una manera de designar a los representantes que debían ser sancionados por el Rey. Éstos se elegían desde los propios ciudadanos de las ciudades y se caracterizaban por una elección indirecta, pues los ciudadanos votaban a sus representantes (decuriones) y éstos elegían en el consejo al que sería su regidor. Tal y como actualmente se realizan las elecciones locales. Y al igual que hoy en día los ciudadanos deben elegir y acatar lo que la mayoría de los vecinos decide, teniendo que concienciarse la población de que en el caso de las votación y por principio democrático el voto de la mayoría elegirá y la minoría deberá acatar lo que han querido los demás. Esto tiene que ponerse en relieve a todos los niveles, pues no sólo los consejos municipales sufrían esta suerte de elección, sino que el consejo real también tenía sistema democrático de votación en sus decisiones dentro de los distintos ministros.

3.     Sobre los elegidos y su falta de idoneidad
Poco o nada se ha de añadir a los elegidos para cargos públicos dentro de las ciudades, ya que las mismas causas que se esgrimían para los cargos públicos en general se han de aplicar a los funcionarios de las ciudades. Aunque aquí se añade la particularidad de que en la mayoría de los casos son los consejos municipales los que pueden inhabilitar para el cargo a los candidatos, así como se excluyen de inicio los judíos y conversos, los neófitos y marranos y los heréticos y sus descendientes, marcando así una especie de “pureza de sangre” para los que ocupen los cargos públicos. La falta de idoneidad en este sentido marca la elección de los candidatos y obliga a ser muy estricto con los nombramientos que se realizaren en los consejos municipales.

4.     Sobre el procedimiento.
El procedimiento que se ha de seguir en el nombramiento de los cargos públicos en las ciudades es muy numeroso, ya que cada ciudad tenía su forma de hacerlo y al unificarse bajo la corono, comienzan a unirse los criterios con sus especialidades según el lugar, aunque sí se ha de decir que la mayoría de los nombramientos se realiza con un llamamiento a la población a través de las campanas o de las trompetas, pero que acto seguido, y una vez se hace pública lectura del documento, éste se sitúa en el tablón de anuncios del municipio para que pueda ser consultado en cualquier momento.
Una vez se han llamado los electores. Éstos se reunirán en un local público donde se derivarán las decisiones y se discutirá las decisiones a adoptar. Para que la votación sea válida los electores darán juramento público de que sus decisiones serán las acertadas y de que se va a proceder a la elección del candidato más idóneo.
Llegado el momento de votar, existen varios modos de hacerlo, a saber:
-          Por inspiración del Espíritu Santo: si deciden libremente y sin guardar ningún orden
-          Por cuasi inspiración: cuando súbitamente se eligen sin que haya intervalos
-          Por escrutinio: cuando los presentes eligen cada uno a tres personas y gana el que más votos tenga al final de la votación
-          Por compromiso: cuando el corregidor elige una serie de personas y se realiza por el voto compromisario de los presentes.
La elección ha de ser libre sin que existan presiones ni sobornos, para que se elija al más idóneo sin que medien causas de corrupción de la decisión que se traspase al futuro cargo público que se ha de elegir. Por último cabe señalar que esto es lo que ocurre en las ciudades que mantienen autonomía por carta del Rey, las que aún no lo han obtenido tienen que pasar a ser ratificados por el señor feudal que les corresponda según la jurisdicción en la que habiten.

F)   Vecindad y naturaleza. La pertenencia del ministro a la comunidad “nacional”
1.     “Desarraigo” como norma
El ministro en tanto que sujeto que va a decidir sobre los designios de la población de un Estado ha de ser siempre una persona unida y vinculada a la comunidad, para que sus decisiones sean acordes al lugar que le toca regir. De éste modo nos encontramos con que el oficial ha de ser vecino de las ciudades dónde desarrolla su actividad, a no ser que éstas autoricen lo contrario y en cuanto a la naturaleza del mismo se dará la circunstancia que origine el nombramiento de la persona de ésta manera nos encontraremos con:
-          Es incuestionable que el ministro ha de pertenecer a la comunidad nacional que representa.
-          Cuando el Rey mande a un representante suyo a las ciudades no deberá ser vecino de la misma para evitar tratos de favor y malentendidos con el poder real.
-          En cambio los oficios de las ciudades sí son los que deben ser empeñados por los vecinos de la misma, ya que son los que mejor la conocen y pueden actuar con sensatez.
Pero lo que sí que es fundamental a tener en cuenta sea cual sea el nivel administrativo al que nos refiramos es que el ministro u oficial del Reino debe estar unido por su naturaleza generalmente a la comunidad nacional, es decir, debe ser súbdito del reino y depender de él.

2.     Naturaleza y extranjería
Pero nos asalta a respecto de que sólo los pertenecientes en la comunidad nacional han de ocupar los cargos públicos, por lo tanto que ocurriría por ejemplo con los cargos de representantes del Rey en los virreinatos. En este sentido se discutirá sobre la naturaleza de los extranjeros que ocupen éstos cargos, y como cualquiera de los problemas que han ido asaltándonos en este estudio, siempre queda a la arbitrariedad del monarca el elegir a extranjeros o no para la gobernación de los virreinatos. En este caso se estudia l virreinato de Aragón que si puede ser extranjero ya que es el Rey el que lo elige.

Surgen dos opiniones al respecto los que defienden la opinión del Rey para tener la libertad de elegir a extranjeros para los virreinatos, son los que normalmente tienen mayor elección en el designio de los gobiernos de los virreinatos. Pero existen a su vez una serie de autores que opinan en el derecho de la naturaleza por el que se ha de elegir de acuerdo a los miembros de la comunidad nacional y no se quiere buscar al representante fuera de los fueros de ésta misma comunidad.